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Seminario Rabínico Latinoamericano. Parashá de la semana

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 Itongadol.- Parashat Trumá da inicio a una serie de cuatro parshiot dedicadas a la construcción del Mishkán, el santuario en el desierto.

Antes de comenzar con los extensos y detallados pormenores del proyecto, con la lista de materiales, sus medidas exactas, su disposición en el conjunto y los diseños de cada ítem, D´s da dos indicaciones básicas. La primera, quiénes deberán poner manos a la obra: “Todo aquel a quien motive su corazón”. La segunda, la razón de toda la empresa: “Harán ellos, en Mi Nombre, un santuario y Yo residiré entre ellos”. (Shemot 25:8)

Las instrucciones comienzan por lo esencial: el Arca de la Alianza, que habría de contener las Tablas de la Ley. Siguen los muebles necesarios para el culto, como la mesa, las cucharas, jarras y tazones, luego el candelabro y finalmente el tabernáculo, la carpa que contendría todo aquello.

Más adelante, (Shemot 36:8) cuando leamos los detalles del proceso de construcción, veremos que el pueblo comenzará con el tabernáculo y sólo después se nos relatará la confección del Arca y el candelabro.

Un proyecto de santidad debe tener un orden. Aún lo más sublime de la vida necesita de estrategias, categorías, planes de acción. Y acá se nos presentan dos alternativas: comenzar por lo general o por lo particular. La parashá parece indicar que al momento de pensar un proyecto, debemos empezar por lo esencial. Qué es lo que queremos, para qué deseamos emprender nuestros planes. El para qué debe ser el motor de todo nuestro quehacer. Debemos esclarecer los objetivos antes de cualquier otra consideración acerca de la factibilidad o los caminos a seguir. Una vez que tenemos claro el para qué, podemos comenzar a evaluar el cómo.

Llega ahora el momento de pensar tácticas y estrategias, presupuestos y viabilidad. Y por supuesto, después viene el esfuerzo, la disciplina, el método, la perseverancia. Al poner manos a la obra, el orden ya es un asunto técnico. Las exigencias propias de cada proyecto establecerán la secuencia de la construcción.

Hay una sola condición para que la empresa llegue a buenos resultados: que lo que hagamos, lo hagamos con la motivación de nuestro corazón. Si es el corazón lo que nos mueve, si estamos dispuestos a entregar nuestro corazón, lo que es una idea podrá convertirse en realidad. Y cuando esto sucede, el siguiente pedido de D´s será también posible: “Harán ellos, en Mi Nombre, un santuario y Yo residiré entre ellos”.

La santidad, la sensación de que D´s es parte de nuestra obra y habita en ella, viene como consecuencia de saber para qué lo hacemos, de tener claros los objetivos, las metas que nos mueven, y por sobre todo, de haber puesto lo mejor de nuestro corazón.

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