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Atentados Francia. Opinión. Estamos en una verdadera guerra, la guerra contra el terrorismo. Por Aharon Erlich

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Itongadol/AJN (Especial desde Israel) Esta realidad mundial en la que estamos inmersos y que nos rodea, no se manifiesta solamente a través del terrorismo y del antiterrorismo.

Estamos en una verdadera guerra – la guerra contra el terrorismo.
Es una guerra no declarada. Es una guerra no convencional. Pero en donde hay dos partes bien definidas.
Por un lado las democracias de occidente, la civilización moderna, el progreso.
Por el otro lado, el islamismo terrorista, el oscurantismo, la barbarie, que asesina sin distinción a hombres, mujeres, niños y ancianos.
Europa como muchas otras veces en la historia tarda en entender lo que está pasando y tarda en reaccionar. Muchas veces porque no puede, pero en la mayoría de los casos, porque no quiere.
Primero hay que dejar los miedos de lado, sin susceptibilidades, sin dar vueltas y sí, llamar a las cosas por su nombre.
El terror es el mismo ya sea que se lleve a cabo en París, en Beirut, en el Sinaí, o en la zona de Jebrón, cerca de nosotros.
Y que quede bien claro, el común denominador del terror es el islamismo extremista, fundamentalista, yihadista.
Tiene sus redes tendidas por todo el mundo y sus nombres cambian, pero el objetivo siempre es el mismo.
Llámese Daesh, o El Qaeda, o Hamas, o Boko Haram, o Jizbulla, o Jihad Islámica, o como sea, su intención es crear terror, pánico, por medio del asesinato de la mayor cantidad de víctimas, infieles como ellos los llaman, o sea todo aquel que no comulga con su sangrienta ideología.
Hoy París, ayer Madrid, o las Torres Gemelas en Nueva York, o Madrid, o Buenos Aires con los atentados en la Embajada de Israel o en la AMIA.
El terror es siempre el terror y hay que llamarlo por su nombre.
No balbucear, no tener dudas, sino señalar a los verdaderos culpables. Que no son solamente aquellos que cometen con sus propias  manos los atentados terroristas, sino también aquellos que ayudan en su planificación, en conseguir armas y explosivos y por sobre todo que colaboran en la financiación de toda esta enorme maquinaria diabólica que pretende conquistar el mundo y borrar todo vestigio de “nuestra” civilización.
Y no hay que buscar mucho.
En toda Europa y no solamente ahí, hay una red enorme de mezquitas y de organizaciones islámicas en donde se recaudan fondos para esta “Guerra de Civilizaciones”, porque no hay otra forma de llamarla. Sólo es cuestión de entrar en ellas, sin temer a las reacciones y sin preocuparse de las apariencias, ni de hacer buena letra.
Llegó la hora de la verdad y en la guerra, como en la guerra.
Hay que buscar las fuentes de los aportes monetarios y las complicadas rutas que siguen.
Buscar en las cuentas, en los bancos y en las compañías financieras que sirven como pantalla de las acciones terroristas y llevarlos a juicios, o lisa y llanamente, destruirlos a todos.
Y que no haya dudas.
Es la hora de definirse.
O se está con el terror o en su contra.
No puede haber acá neutralidad.
También los que callan o los que miran hacia otro lado, también son cómplices.
No son suficiente las declaraciones por más bélicas que las mismas resulten.
Hay que ubicar los nidos de estas víboras, atacarlos y destruirlos.
Y no alcanzan los ataques aéreos, que solo causan daños limitados.
Es necesario actuar con toda la inteligencia y con toda la fuerza.
Desgraciadamente nosotros podemos opinar, porque sufrimos y seguimos sufriendo esta calamidad en carne propia.
Pero a pesar de todo seguimos adelante.
Y esperamos que el mundo despierte y comience a actuar cuanto antes, con decisión, con coraje, sin objeciones, antes de que sea demasiado tarde…

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