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A 16 años de la inauguración del edificio de la AMIA, Pomerantz: “La AMIA mantiene la esencia de aquellos que la fundaron en el siglo XIX”

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 Itongadol/AJN.- A 16 años de la reconstrucción del edificio de la AMIA en la calle Pasteur, el director ejecutivo de la institución y sobreviviente del atentado, Daniel Pomerantz, explicó a la Agencia Judía de Noticias (AJN) sus sensaciones sobre lo conseguido en estos años.

“La reconstrucción fue producto de una desgracia, un atentado que se llevó la vida de mucha gente. Cuando nos visitan y explicamos qué es el edificio o el monumento que está en la Plaza Seca en la entrada, volvemos a recordar y poner en palabras esta injusticia”, expresó Pomerantz.

A 16 años de su inauguración, el edificio renació de sus cenizas. Emplazado en el mismo lugar en que estalló la bomba el 18 de julio de 1994, la nueva casa de AMIA fue levantada sobre el pozo y las ruinas de la vieja construcción, que databa de 1945.

El edificio comenzó a construirse en agosto de 1995 y casi cinco años después del atentado, abrió oficialmente sus puertas a las 9.53, a la misma hora en la que explotó la bomba en Pasteur 633.

-¿Cómo fue la inauguración del edificio?
-El edificio fue inaugurado oficialmente en mayo de 1999, pero hacía un año aproximadamente, en el ’98, que ya funcionaba formalmente el edificio, incluso las reuniones de la comisión directiva se hacían en la calle Pasteur. Pero la tarea se realizaban en la sede transitoria de Ayacucho , y eso sucedió durante 5 años. Finalmente, el ‘99 se hizo la mudanza.

-¿Después del atentado, cuándo se empezó a pensar en un edificio nuevo?
-No mucho después del atentado, en el mismo segundo semestre del ‘94 se empezó a pensar en eso. Se estudiaron distintas alternativas, se pensó qué se iba a hacer con el terreno, donde quedaban restos del antiguo edificio de Pasteur. Una alternativa en aquel momento era que el terreno se consagre a la recordación permanente. No era fácil en aquel momento que la AMIA pudiera comprar algunos pisos dentro de un edificio luego del atentado.. Finalmente se tomó la decisión de construir un edificio en el mismo espacio donde estaba, y eso era un mensaje para aquellos que habían intentado destruir la comunidad. Se realizó la conformación de una comisión de la reconstrucción de Pasteur, con la asistencia de profesionales que trabajaron desinteresadamente para esto.

-Como director ejecutivo y sobreviviente del atentado, ¿qué genera ver el edificio funcionando como hoy en día?

-A tantos años forma parte de lo cotidiano, pero aquellos que conocimos y trabajamos en el viejo edificio, que trabajábamos con compañeros, algunos de los cuales murieron , tenemos una sensación que nos genera una reflexión y un pensamiento bastante ambivalente: Por un lado, desarrollar una tarea en el edificio que fue concebido para lo que se ve hoy aquí, una organización social, comunitaria, kehilatí, dedicada al bienestar para la comunidad. Y al mismo tiempo, la reconstrucción no fue como consecuencia de una circunstancia fortuita. Fue producto de una desgracia, un atentado que se llevó la vida de mucha gente. Están las dos circunstancias, y permanentemente uno los reflexiona. También cuando nos visitan y nosotros explicamos qué es el edificio o el monumento que está en la plaza seca en la entrada, volvemos a recordar y poner en palabras esta injusticia.

-Cuando la AMIA se convierte en una marca conocida en el mundo entero por el atentado, ¿por momentos deja de ser la Kehilá (comunidad)?
-La AMIA existe porque hay una comunidad judía en la Argentina. Es una organización pensada por aquellos que llegaron a fines del siglo XIX, para generar mayores situaciones de bienestar. Ese espíritu sigue vigente hasta el día de hoy. 121 años después, el espíritu es el mismo. La AMIA es una Kehilá. Que haya circunstancias dramáticas como mencionamos recién u otras que están vinculadas con el paso del tiempo, el cambio de época, momentos o circunstancias históricas y demográficas, le plantea a la Kehilá mayores desafíos. Son procesos adaptativos, pero no es diferente, la esencia sigue siendo la misma. Si hicimos bien las cosas, es porque alguno de sus fundadores en el año 1894, si pudiera trasladarse en el tiempo al 2015, no vería la misma organización, el mismo tamaño ni el mismo alcance, pero si hicimos bien las cosas, vería el mismo espíritu. Por lo que la AMIA sin dudas es la Kehilá. Tiene razón de ser porque es la comunidad judía de nuestro país y se propone realizar mayor bienestar social a sus miembros.

-¿Qué le enorgullece hoy día a día de esta AMIA?
-Estamos cumpliendo objetivos y para eso se trabaja diariamente en la AMIA, en cada una de las áreas y en cada uno de los proyectos. Pensamos sólo en darle bienestar a la comunidad y sus organizaciones. Un permanente trabajo de ideas y esfuerzos. Una cantidad de actividades que nos hace sentirnos orgullosos y seguramente otras nos obligan a una revisión. Todos los días es un desafío y es un orgullo pertenecer y formar parte de los valores que la AMIA sostiene.

-¿Cuál es el mensaje, a 16 años de la inauguración de este edificio, para la comunidad judía?
– La esencia, el valor está puesto en cada una de las personas que conforman la comunidad judía en nuestro país y es el foco de interés de la AMIA. Esto lo cuidamos y protegemos todos los días. Es el desafío de adaptarse a la realidad y dar respuestas a cada uno de sus miembros. La AMIA es una organización judía, y es parte de la sociedad civil argentina. Esta es nuestra brújula y sobre eso estamos trabajando.

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