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Sobrevivientes cuentan su historia ante el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto

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Itongadol/AJN.- La Naciones Unidas estableció que el día 27 de enero de cada año sea designado como el “Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto” mediante la resolución 60/7 de su Asamblea General del año 2005, aprobada en la 42ª sesión plenaria del 1º de noviembre de dicho año.

 
La fecha elegida corresponde al día en que el Ejército Rojo ingresó al campo de exterminio de Auschwitz – Birkenau en Polonia, y liberó a los prisioneros que los nazis no habían podido trasladar a otros lugares.
 
Para el aniversario de este año, la Agencia Judía de Noticias entrevistó a tres sobrevivientes de la Shoá: Eugenia Unger, Moisés Borowicz y Eva Rosenthal, quienes, al igual que el resto de los sobrevivientes que llegaron a la Argentina, reconstruyeron sus vidas, formaron familia y activaron en la comunidad judía.
 
Moisés Borowicz
Nació en un pueblo de Polonia, Sololy, donde vivía con sus padres y dos hermanos mayores. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial tenía 12 años y se escondieron en los bosques que rodeaban al pueblo, donde junto a otros construyeron un bunker. Al finalizar la guerra quedó sólo y, como se cansó de esperar que lo incluyeran en el cupo para ingresar a los Estados Unidos, se puso en contacto con una tía que le envió los papeles para ir a Paraguay.
 
Allí ella se encontró con él y mediante un gestor consiguió que le hicieran una cédula de identidad paraguaya como nacido en el país. De este modo ingreso a la Argentina en 1947 a los 20 años, donde se caso y enviudó en dos oportunidades. Es padre de tres hijos, y en el libro “La profecía del criminal” cuenta su vida.
 
“Actualmente veo que está renaciendo el nazismo, el antisemitismo. En Europa en los países en que no había antisemitismo está apareciendo nuevamente: en Bélgica, en Holanda, en Hungría. En Francia es terrible y en Polonia no hablemos, lo hubo siempre", dijo.
 
"Cuando estábamos escondidos en el bosque habíamos  hecho un pacto que si nos venían a apresar nos íbamos a escapar para que nos mataran por la espalda. Yo un día salí del bunker y vi que de lejos llegaban un montón de nazis y campesinos, entonces fui corriendo a avisar a mi gente que nos teníamos que ir. Salimos, empezamos a correr y nos rodearon entre los nazis y los polacos. Nos pusieron en una fila y, mientras el resto buscaba a los demás que se habían escapado, el alemán que nos estaba cuidando levantó el fusil, disparó contra un árbol y cayó un pájaro. Luego le preguntó a mi madre si yo era su hijo y ella le contestó que sí, y éste le respondió que yo tenía un destino de vivir porque cuando me quiso disparar se le trabó el arma. Efectivamente parecía que era un adivino, porque sobreviví y es el motivo de que mi libro se llama ‘La profecía del criminal’", expresó.
 
"Después de 70 años yo veo que el mundo no aprendió nada, que está igual, que hay antisemitismo, que hay discriminación. Yo no sé si lo que hacemos va a dar frutos. El antisemitismo sigue y hay algo contra los judíos”, resaltó.
 
Eva Rosenthal
Nació en Budapest, Hungría, y su historia es diferente debido a la situación de los judíos en ese país, aliado de Hitler, aunque impuso la Leyes de Núremberg en 1938 y envió a los hombres judíos a campos de trabajo forzado.
 
Eva recuerda que se había impuesto el “numerus clausus”, por lo cual no pudo ingresar al Gimnacio (escuela secundaria), y que aproximadamente al mes de la llegada de los nazis, tuvieron que mudarse a casas donde en cada habitación vivía una familia y usar la estrella amarilla. Poco después las mujeres entre 18 y 40 años fueron enviadas a realizar trabajos forzados, lo que la incluyó debido a que tenía 19 años. 
 
Mientras los realizaba tuvo paratifus, una enfermedad gravemente contagiosa y el nazi que estaba al frente de su grupo de trabajo forzado, que construía grandes pozos, la envió a un hospital de Budapest donde la curaron. Ella decidió que no volvería al campo de trabajo, escapó y solicitó a una tía que se había casado con un católico papeles que demostraran que ella también lo era. Además logró que un sargento que la había conocido en el hospital y su esposa aceptara que viviera con ellos en Pest, donde no era conocida pues había nacido en Buda. Budapest es la unión de tres ciudades Buda y Obudá en la orilla oeste del río Danubio y Pest en la orilla este, que se unieron oficialmente en la década del ’70 del siglo XIX.
 
“Llegue a la Argentina en septiembre de 1949 y me case en noviembre de 1951 con Saulin Rosenthal, que no era sobreviviente. Recién en 1997, cuando él murió, supe sobre el Museo de la Shoá. En ese entonces llamé a Gilbert Lewi y le dije que quería ser voluntaria. Mi primer trabajo allí fue en el proyecto “De número a nombre”. Durante 45 años no hable de lo que había pasado, ni a mis hijos; jamás conté nada, no era tema en la época que llegamos", destacó.
 
"Comencé a dar testimonios a partir de la película que hizo Spilberg. Una amiga que sabe mi historia, me llamó y me dijo si quería grabar mi testimonio. Lo hice junto a mi hija y mis nietos; y después me dije: ‘Vale la pena seguir contando esta historia’", dijo.
 
"Es un milagro que viva, teniendo los años que tenía durante la Shoá. Siento mucha pena por todos los inocentes que se fueron, que nos diezmaron. No lo perdono nunca, ni lo que me pasó a mí ni lo que pasó, aunque tuve la suerte más grande de tenera  mis padres vivos y que gran parte de mi familia se salvara, menos algunos primos y tíos. Hoy, que tengo casi 90 años y bisnietos puedo contar todo esto", resaltó.
 
Eugenia Unger
Llegó a la Argentina a principios de los años ’50 con su primer hijo en brazos y meses después lo hicieron su esposo David – uno de los los héroes del Levantamiento de Ghetto de Varsovia – y su cuñado, también sobrevivientes de la Shoá. 
 
“Yo puedo decir que para mí es un dolor tremendo en mi alma, en mi corazón, que después de 70 años de haber vivido constantemente con amenazas, con terrorismo por todo el mundo, ver que los franceses tienen que escaparse de sus lugares, que hay antisemitismo violento en Holanda, en Bélgica y en Austria”, dijo.
 
“Lo que pasa es que el mundo es cruel. No me explico cómo, con tanto dolor y todo lo que nos costó, seis millones, y entre ellos un millón y medio de nuestros queridos niños, no nos dejan vivir hasta el día de hoy. ¿Dónde estaba el mundo cuando estuvimos en Auschwitz? No bombardearon ni una vez las vías”, destacó.
 
"Mi mensaje, después de 70 años, es que no se dejen maltratar por nadie porque cuando te dejas es un desastre. Es preferible morir que ser un esclavo. La vida nos enseñó que cuando tenés tu autoestima baja, entonces te empujan más bajo todavía. No hay que dejarse pisar por nadie, porque todos somos seres humanos, todos somos iguales, todos somos mortales y nadie se lleva nada, todo queda acá”, enfatizó.
 
Unger también ha escrito y publicado tres libros: “Holocausto, lo que el viento no borró”, “Después de Auschwitz, renacer de las cenizas” y “Eugenia Coraje”, y se encuentra elaborando el cuarto, en los que relata su vida, tanto durante la Shoá como los acontecimientos que enfrentó luego de ser liberada por los aliados en 1945.
 

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