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Visita del Dr. Miguel Glatstein especialista en Toxicología Pediátrica de la Universidad de Tel Aviv. Entrevista: “Los chicos israelíes y palestinos son atendidos por igual”

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 Itongadol.- Los Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina organizaron el martes pasado una conferencia con el Dr. Miguel Glatstein, coordinador del Área de Emergencia Pediátrica y director del Servicio de Toxicología Pediátrica del Sourasky Medical Center, dependiente de la Universidad de Tel Aviv. La conferencia se realizó en el Instituto SOMA de Neurología infantil. En una entrevista con ItonGadol, Glatstein contó su experiencia sobre la atención médica en iguales condiciones que se ofrece en Israel a chicos israelíes y palestinos.

Además, recordó un caso en el que un niño de tres años que había sido mordido por una víbora en Cisjordania fue salvado en Israel.

-¿Cómo es la convivencia en los hospitales israelíes?

-Israel es parte del conflicto permanentemente. Pero la vida en Israel, especialmente en el centro de Tel Aviv, es como en cualquier parte del mundo. A la gente no le interesa si la capital es en Tel Aviv o en Jerusalem. Eso es problema de los políticos de ambos lados. En el hospital trabajamos judíos, árabes, todos juntos. Nunca hay problemas, no se habla tampoco de política. Muchos de los heridos de la guerra de Siria son atendidos en Israel. El mundo quizás no se da cuenta de que los que hacen conflicto son un porcentaje muy bajo de ambos países, que son, lamentablemente, los que más fuerza tienen. Además la prensa cuenta siempre las cosas malas y no cuenta que la mayoría de la población no quiere vivir en conflicto. No es un país donde no hay problemas, está lleno de problemas, pero se vive en paz y se vive tranquilo.

-¿Cuál sería un buen ejemplo para simbolizar cómo trabajan los médicos en Israel?

-El hospital es público y gratis. Los refugiados e inmigrantes pueden ser atendidos. El mío es un hospital pediátrico. Una noche, hace aproximadamente dos meses, me llamó el director del hospital de Nablus (Cisjordania), porque soy el toxicólogo del hospital, para informarme que a un chico lo mordió una víbora. No sabían que hacer porque no tenían el antídoto y con antibióticos no estaba mejorando, seguía con dolores y empeorando. Estaba en los territorios, relativamente cerca del hospital, pero tenía que pasar por la policía con la ambulancia. El tiempo en esos casos en muy importante, porque podía perder la vida el chico. Llamamos a toda la parte logística del hospital y se dio aviso a la policía que dejen pasar rápido a la ambulancia.

-¿Cómo llegó el chico al hospital?

-Por supuesto todos los soldados dejaron pasar a la ambulancia y llegó directamente a nuestro hospital con un deterioro general, muy grave. Estaba inconsciente y tenía muy mal todos los signos vitales. Había perdido litros de sangre y no tenía factores de coagulación. Rápidamente el chico entró a terapia intensiva. Recibió sangre y todos los factores de la coagulación. Yo estaba ahí porque había que darle el antídoto. Pero hay ocho tipos de víboras en Israel y no sabía qué víbora lo había picado. Hay una que es la más frecuente, porque se alimenta de ratas que viven en las ciudades y por eso atacan a los seres humanos. Entonces se le suministró el antídoto que era sólo para esa víbora y no servía para otras. Luego del antídoto, no mejoró. Seguía sangrando y seguían trabajando todos los médicos, tanto judíos como árabes, para salvar a este chico de tres años, que tuvo que ser entubado. Le pregunté al padre si sabía qué víbora era y finalmente el padre la había llevado al hospital en un frasco. Tuve que consultar con otros colegas para saber qué víbora era. Era una que está en el desierto, pero no suele estar en Nablus. Por eso fue un caso muy raro. En el hospital no estaba el antídoto y tuve que entrar a la fuerza a la farmacia para encontrarlo. Hasta que no le dimos el antídoto, no subía la hemoglobina. Luego del antídoto, a las dos o tres horas comenzó a mejorar continuamente. Después de 14 días, donde hubo que hacerle una cirugía, se fue a la casa con los padres a Cisjordania. Un médico de Nablus nos vino a visitar un mes después para conocernos.

-¿Y ocurren casos similares con los chicos de Gaza?

-En la parte de oncología vienen familias constantemente. Comparten las habitaciones con chicos judíos. Todo es compartido. Los pacientes con quimioterapia comparten las habitaciones y puede estar uno de Gaza al lado de uno de Tel Aviv. Con eso nunca hay problemas. Nosotros queremos que el boca en boca de estos casos ayude, quizás, a que haya menos odio entre los dos pueblos. De los gastos médicos se hace cargo el Estado de Israel y después ayuda la comunidad europea. Y los casos que llegan no son siempre de familias que tiene contactos. Muchas veces los mismos hospitales de los territorios piden el traslado. Aunque hubo un caso en el que se sabía que el chico de uno de los terroristas más importantes de Hamás estaba en nuestro hospital. Pero las familias de ellos están bien cuidadas, no sufren, el que sufre es el pueblo.

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