Inicio CONFLICTO PALESTINO Activista por la paz de Gaza fue secuestrado y torturado por Hamás por hablar con israelíes

Activista por la paz de Gaza fue secuestrado y torturado por Hamás por hablar con israelíes

Por Martin Klajnberg
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Itongadol/Agencia AJN.- Tras meses de torturas e interrogatorios en una prisión de Hamás, el activista palestino Rami Aman afirma que le ofrecieron una propuesta poco convencional: que se divorcie de su mujer a cambio de su libertad.

Aman había firmado recientemente un contrato de matrimonio con la hija de un funcionario de Hamás y, al parecer, el grupo terrorista islámico gobernante quería disipar cualquier insinuación de que apoyaba el acercamiento de Aman a los activistas israelíes por la paz. Dice que finalmente cedió a la presión. Ahora dice que el amor de su vida ha sido sacado de Gaza en contra de su voluntad, y puede que no vuelva a verla.

“Me di cuenta de que me enviaron allí para cumplir una condena hasta que rompiera mi relación”, dijo Aman en una entrevista en el tejado de su casa de la ciudad de Gaza.

Fue la última humillación de una saga que comenzó con lo que él creía que era un inocente encuentro en línea con activistas israelíes por la paz. En lugar de ello, el episodio lo llevó a una celda conocida como “el autobús” y acabó destruyendo su matrimonio. Su experiencia muestra las duras restricciones a la libertad de expresión en el territorio gobernado por Hamás, y la hostilidad del grupo terrorista a cualquier conversación sobre la coexistencia con Israel.

“El deplorable trato dado a Rami Aman por las autoridades de Hamás refleja su práctica sistemática de castigar a aquellos cuya expresión amenaza su ortodoxia”, dijo Omar Shakir, director de Israel-Palestina en Human Rights Watch.

Aman no creía estar haciendo nada subversivo cuando se unió a esa fatídica llamada de Zoom en abril del año pasado. En medio de los cierres generalizados al comienzo de la pandemia de coronavirus, Aman quería hablar del “doble cierre” en Gaza, que ha soportado 14 años de un férreo bloqueo israelí-egipcio contra el contrabando de armas de Hamás en el enclave.

“Quería que la gente supiera mejor cómo es vivir bajo la ocupación y el asedio israelíes, privado de los derechos de los que goza el resto del mundo”, dijo Aman, un escritor independiente de 39 años.

Durante más de dos horas, Aman y su grupo de activistas por la paz, el Comité Juvenil de Gaza, hablaron sobre la convivencia con decenas de israelíes.

Cuando se filtró la noticia de la reunión, las redes sociales se llenaron de comentarios que lo tachaban de traidor. Algunos instaron a Hamás, que gobierna Gaza desde 2007, a actuar.

Aman declaró que el 9 de abril, él y siete miembros de su grupo fueron convocados a la Seguridad Interna, la agencia que se ocupa de los disidentes y de las personas acusadas de espiar para Israel.

Dijo que le vendaron los ojos y le enviaron rápidamente al “autobús”, una sala en la que, según él, se obliga a los detenidos a sentarse en diminutas sillas de jardín de infancia durante días o semanas, con pocos descansos.

“No presentaron ninguna prueba contra mí”, dijo Aman. Relató que se sentaba en la silla desde las 6 de la mañana hasta la 1 de la madrugada, excepto cuando se lo llevaban para interrogarlo o para rezar. Sólo se le permitía quitarse la venda cuando iba al baño. Sus captores le llamaban por su número de prisión, 6299.

Las preguntas se centraron en la reunión de Zoom y en quién podría haber estado detrás de ella. Aman fue acusado de colaborar con Israel, un delito castigado con la muerte.

Dijo que a la 1 de la madrugada se permitía a los “pasajeros del autobús” dormir con los ojos vendados junto a las sillas. Se acurrucaban con sus chaquetas en el frío suelo antes de ser despertados unas horas más tarde para la oración musulmana del amanecer.

En un informe de 2018, Human Rights Watch documentó relatos similares.

Aman dijo que pasó 18 agonizantes días en el autobús antes de ser trasladado a una diminuta celda.

Entonces el interrogatorio tomó un nuevo y extraño giro.

Apenas dos meses antes, Aman había firmado un contrato de matrimonio con la hija de un funcionario exiliado de Hamás con sede en Egipto. La pareja no tuvo tiempo de celebrar su boda con una ceremonia formal debido al cierre por coronavirus, pero se consideraron casados según la ley islámica.

Aman dijo que la conoció en 2018 después de que se separara de su primer marido. Dijo que ella creía en el mensaje de paz y se unió a su equipo en varias discusiones con israelíes. Pidió que no se publicara su nombre, por temor a que pudiera perjudicarla.

Aman dijo que su nueva esposa fue detenida con él, pero que se separaron rápidamente. “Ella no te quiere”, le dijo un oficial. “Es mejor que se divorcien”, oyó decir al guardia que lo interrogaba.

Durante dos meses, Aman resistió la presión para separarse. El 28 de junio, ella finalmente lo visitó, diciéndole que había sido liberada bajo fianza.

“Esta no era la mujer que yo conocía”, dijo. “Estaba claro que estaba bajo mucha presión”, expresó Aman, quien se negó a concederle el divorcio.

En julio, Aman fue trasladado a la prisión central de Hamás. No hubo más interrogatorios ni torturas.

A mediados de agosto, dijo que finalmente firmó los papeles del divorcio después de que le prometieran que sería liberado al día siguiente. Sin embargo, permaneció cautivo durante dos meses más.

El 25 de octubre, Egipto abrió su frontera con Gaza para permitir que una delegación de Hamás viajara a El Cairo. Al día siguiente, un tribunal de Hamás condenó a Aman por el vago cargo de “debilitar el espíritu revolucionario”. Fue puesto en libertad con una sentencia suspendida.

Sólo entonces se enteró Aman de que su esposa había sido llevada con la delegación de Hamás a Egipto y entregada a su familia.

The Associated Press se puso en contacto con la mujer, que confirmó que la habían obligado a divorciarse y que quería recuperar a su marido.

Aman se pasa el día hablando con su abogado, con grupos de derechos humanos y enviando mensajes a funcionarios de Hamás. También se ha enterado de que tiene prohibido salir de Gaza.

Eyad Bozum, portavoz del Ministerio del Interior, dijo que el asunto está “en vías de resolverse”, sin dar más detalles.

Por ahora, Aman ha dejado de lado su activismo político. “Ahora tengo mi batalla personal: volver con mi mujer”, sostuvo.

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