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Restos de la Jerusalem del 586 a.C. pueden ser la clave para la protección de la Tierra

Por Martin Klajnberg
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Itongadol/Agencia AJN.- La religión y la ciencia convergen en un nuevo estudio de arqueomagnetismo de una gran estructura pública que fue arrasada en el año 586 antes de Cristo durante la conquista babilónica de Jerusalem. Los datos resultantes aumentan significativamente la capacidad de los geofísicos para entender el «Santo Grial» de la geología: el siempre cambiante campo magnético de la Tierra.

«El campo magnético es invisible, pero juega un papel crítico en la vida de nuestro planeta. Sin el campo geomagnético, nada en la Tierra sería como es, y tal vez la vida no habría evolucionado sin él», dijo el profesor de la Universidad Hebrea Ron Shaar, co-autor del estudio, al Times de Israel.

En el nuevo estudio publicado en la revista científica PLOS One, el autor principal y arqueólogo Yoav Vaknin recogió datos de los trozos de suelo de un gran edificio de dos pisos excavado en el aparcamiento de Givati de la Ciudad de David, en la Ciudad Vieja de Jerusalem. Los minerales incrustados en las docenas de trozos de suelo se calentaron a una temperatura superior a los 932 grados Fahrenheit (500 grados centígrados) y se magnetizaron durante la tala y quema de la antigua ciudad, y por lo tanto ofrecieron coordenadas geomagnéticas.

«No se ha encontrado ningún suelo comparable de la Edad de Hierro en Jerusalem ni en otros lugares del sur del Levante», dice el artículo de PLOS One.

Las coordenadas tomadas del suelo dan una rara «mirilla» del campo magnético de la Tierra durante Tisha B’Av 586 A.C., dijo Vaknin. «El suelo de la estructura está lleno de minerales magnetizados que absorbieron el campo [magnético] que estaba en la Tierra en ese momento. Como el campo magnético cambia todo el tiempo, estamos tratando de reconstruirlo, y con este descubrimiento tenemos una pequeña mirilla, exacta al día, del antiguo campo magnético de hace 2.600 años», explicó el experto.

Hay un consenso general entre los científicos de que el incendio provocado y la destrucción durante estas fechas, correspondientes a la recordación de Tisha B’av del calendario hebreo. «No conozco a nadie que dude de la historicidad del evento», dijo Vaknin. Sin embargo, incluso ganar «seguridad del mes, e incluso del año, es muy raro» cuando se habla de eventos que tuvieron lugar hace 2.600 años, agregó.

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Cenizas de la destrucción del Primer Templo por parte de los babilonios halladas en Ciudad de David., Jerusalem

Hallazgos arqueológicos como tiestos de cerámica, ladrillos, tejas y hornos registran esencialmente el campo magnético de la Tierra a medida que se queman, según un comunicado de prensa de la Universidad de Tel Aviv. Esto se debe a que los artefactos están construidos de minerales magnéticos – como la calcita- que son re-magnetizados en altas temperaturas a la dirección y magnitud del campo cuando se calentaron.

Según Vaknin, la importancia de su estudio va mucho más allá de la capacidad de explicar a los arqueólogos cómo utilizar otra técnica de alta tecnología que ayuda a datar el período del Primer Templo. Según explicó, las técnicas de arqueomagnetismo permiten a los científicos medir los rasgos o artefactos quemados por la intensidad y dirección magnética y comparar los resultados.

«Durante los últimos dos años, he estado tomando muestras de capas de destrucción y otros materiales quemados. Además, estamos tomando muestras de materiales de excavaciones que tuvieron lugar en el pasado», dijo.

Conocer las fechas de la destrucción babilónica permite a los arqueólogos fechar con mayor seguridad otros artefactos de la Edad de Hierro. «El método arqueomagnético tiene implicaciones para futuras investigaciones. Si mañana encontramos una capa de destrucción similar con cerámica similar en otro sitio, podremos comparar los campos magnéticos registrados en los dos sitios diferentes, permitiéndonos determinar si el otro sitio también fue destruido por los babilonios», dijo Vaknin.

Pero lo que es más importante para Vaknin es que los datos recogidos permiten a los físicos utilizar coordenadas precisas para construir modelos informáticos más completos de uno de los temas más enigmáticos de la física, el campo magnético. «La arqueología nos permite obtener con mucha precisión la fecha de un incidente. Es la arqueología la que nos da información muy precisa sobre el eje de tiempo de cuando Jerusalem fue incendiada hasta los cimientos».

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Yoav Vaknin, de la Universidad de Tel Aviv, trabajando en el lugar.

¿Qué es el campo geomagnético?

De acuerdo con Shaar de la Universidad Hebrea, un co-autor del estudio, «el campo magnético es generado por corrientes eléctricas en el núcleo de la Tierra. Nosotros los geofísicos estamos tratando de entender cómo cambia con el tiempo, porque está cambiando constantemente, y estamos tratando de entender por qué, y cuáles son los mecanismos que impulsan los cambios».

Según un sitio web de la NASA, «cada imán produce un área de influencia invisible a su alrededor. Cuando las cosas de metal u otros imanes se acercan a esta región del espacio, sienten un tirón o un empuje del imán. Los científicos llaman a estas influencias invisibles «campos».

El estudio del campo magnético tiene muchas implicancias fuera de la física pura y puede ser clave para comprender el cambio climático, ya que es el campo magnético el que funciona como escudo de la Tierra contra la radiación cósmica y las partículas cargadas del sol. También es utilizado como herramienta de navegación por el hombre, como en las brújulas.

Dado que el estudio del campo magnético es todavía una disciplina relativamente joven que comenzó con Carl Friedrich Gauss en la década de 1830, hay un bloqueo de datos desde antes de que los científicos comenzaran a trazar sus coordenadas. La capacidad de obtener coordenadas geomagnéticas de una fecha específica de hace 2.600 años es excepcionalmente rara, dijo Shaar.

La capacidad de trazar el pasado puede permitir a los científicos predecir el comportamiento futuro del campo geomagnético, lo que quizás ayude al futuro de la humanidad.

«El campo magnético de la Tierra realmente cambia su polaridad con el tiempo. Se llaman inversiones de polaridad. Ha habido alrededor de 170 de estas inversiones durante los últimos 76 millones de años según la evidencia geológica», escribe la NASA. Asimismo, según la NASA, «los geofísicos han notado que la fuerza del campo magnético de la Tierra ha estado decayendo – alrededor del 5 por ciento a nivel mundial durante el último siglo». Sin embargo, «no está cambiando de manera uniforme; crece, haciéndose más fuerte en algunos lugares y más débil en otros».

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