Inicio Opinión Opinión | El consentimiento reticente de Netanyahu al plan de Trump para terminar la guerra en Gaza abre el camino a elecciones al inicio de 2026

Opinión | El consentimiento reticente de Netanyahu al plan de Trump para terminar la guerra en Gaza abre el camino a elecciones al inicio de 2026

Por M S
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Itongadol.- (Yossi Verter*) Los israelíes sensatos y humanos, que anhelan el regreso de los 48 rehenes retenidos por Hamas en la Franja de Gaza y el fin de la interminable guerra política impuesta por el primer ministro Benjamín Netanyahu, escucharon el lunes cómo el presidente estadounidense Donald Trump expresaba con grandes palabras y superlativos resonantes todo aquello con lo que apenas se habían atrevido a soñar.

La declaración más conmovedora fue la que se refirió a la liberación de todos los rehenes, vivos y muertos, dentro de las 72 horas posteriores a que se alcanzara un acuerdo sobre el marco del presidente. Según él, Netanyahu estuvo de acuerdo, también todos los Estados árabes y musulmanes, Europa igualmente, y ahora solo queda Hamas.

Todo un “solo”. Sin pretender entrar en el alma de Netanyahu, está claro que espera que Hamas diga “no”, lo que le permitiría continuar la horrenda guerra del engaño en Gaza que provocará la muerte de los rehenes.

En el tejido que el presidente estadounidense urdió, con ayuda de sus confidentes Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes tienen intereses económicos y empresariales en Medio Oriente, hay un hueco que solo Hamas puede llenar. Es probable que su respuesta sea “sí, pero”, y entonces habrá que ver cuál será la reacción estadounidense y árabe.

Cada cláusula del documento es un drama mayúsculo —regional, de seguridad y político—. Está absolutamente claro que Netanyahu se vio obligado a aceptar cosas que apenas una semana antes había presentado como “solo por encima de mi cadáver”.
Por ejemplo, crear una “ruta” hacia un Estado palestino, la retirada completa de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) de todos los territorios que ocupó, excepto un estrecho perímetro esencial para la seguridad de las comunidades fronterizas con Gaza, y la permanencia de militantes de Hamas que firmarían un “compromiso de paz” en la Franja sin que se les cause daño alguno.

Además, se contempla la posibilidad de ampliar los Acuerdos de Abraham, que Trump ve con razón como su proyecto personal. En los más de tres años que le restan en la Casa Blanca, no cabe duda de que se implicará personalmente. Si Netanyahu intenta engañar, evadir o mentir, se encontrará con un presidente irritable que aspira a un Premio Nobel de la Paz. Si no es este año, será el próximo.

En su largo discurso inicial, Trump parecía agotado y cansado, como si hubiera tragado dos Vicodin (un calmante muy fuerte para el dolor) con un vaso de whisky. Pero el que realmente estaba extenuado era el primer ministro israelí. “Netanyahu fue muy claro sobre su oposición a un Estado palestino”, dijo el presidente, y agregó: “pero entiende que llegó la hora”, en lo que solo puede describirse como una observación indulgente que dejó claro que Trump simplemente se había cansado de las interminables excusas de su amigo israelí.

Netanyahu ni siquiera se molestó en mostrarse entusiasmado y positivo como su homólogo estadounidense. Su cara estaba cenicienta, se lo veía agotado y preocupado. Hace una década, cuando no era lo que es hoy —un acusado en un proceso penal, un dictador en ciernes, rodeado de partidos fascistas y racistas—, habría aprovechado esta oportunidad con ambas manos, quizás incluso habría bailado un baile de victoria. Lo que ocurrió el lunes por la noche fue que Estados Unidos salvó a Israel de sí mismo y de Netanyahu.
Pero no lo salvó de los crecientes problemas dentro de su coalición. Sin anexión en Cisjordania, sin “fomento de la emigración” sino más bien lo contrario, sin establecimiento de asentamientos en Gaza y, en cambio, con una retirada casi total de la Franja junto con una ruta hacia un Estado palestino, la disolución de la coalición se convierte en una opción realista.

Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, los dos ángeles del sabotaje, no podrán justificar su permanencia en el gobierno. Unas elecciones a principios de 2026 son un escenario razonable.

En medio de la reunión, Trump obligó a Netanyahu a disculparse ante el primer ministro de Qatar por el ataque insensato en Doha, que fue un fracaso total. La disculpa fue doble: por matar a un oficial qatarí y por la “violación de la soberanía del país”.

Una magnífica capitulación que contradice por completo el relato difundido durante todo el día por la Oficina del Primer Ministro de Israel (PMO) a periodistas leales, según el cual el ataque fallido en Doha fue un éxito y llevó a Qatar nuevamente a la mesa de negociaciones porque temía que su territorio se convirtiera en escenario de asesinatos y bombardeos israelíes contra altos dirigentes de Hamas.

Tonterías puras. El primer ministro qatarí recibió una póliza de seguro de Netanyahu, y quienes se beneficiarán de ella son los jefes de la organización terrorista. El Wall Street Journal escribió el lunes que el ataque israelí contra uno de los aliados claros y queridos de Trump fue lo que le dio el impulso significativo para avanzar rápidamente con el acuerdo que presentó.

Trump comprendió exactamente lo que la mayoría de los israelíes entendieron hace tiempo: que Netanyahu está decidido a frustrar cualquier acuerdo para liberar a los rehenes y poner fin a la guerra. Trump podría haberlo comprendido ya tras el acuerdo anterior de enero, pero le llevó tiempo. Aunque se demoró, es bueno que haya llegado.
Los elogios que Trump le dedicó a Netanyahu fueron tibios en comparación con toda la miel que vertió hace unos días sobre el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Eso también dice algo sobre el nuevo orden regional que aquí se está tejiendo bajo los auspicios del ambicioso y pretencioso presidente estadounidense.

El acuerdo que presentó Trump podría haberse tejido a principios de año, cuando Israel había alcanzado todos sus objetivos militares. Pero entonces Trump aún estaba cautivado por el oscuro encanto que ejercían sobre él Netanyahu y el ministro Ron Dermer, y Hamas también se mostraba reticente.

Los Netanyahu regresarán el martes por la tarde a Israel a una realidad problemática para ellos. La reunión de gabinete convocada para aprobar el nombramiento de David Zini como jefe del Shin Bet —un paso crítico para avanzar en la destrucción de la democracia— no será tranquila.

Durante toda su estadía en New York, lograron eludir un encuentro con las familias de los rehenes que les suplicaron verlos. Fue una muestra de desprecio, insensibilidad y maldad.

Lo vimos con nuestros propios ojos en la tumba del Rebe de Lubavitch. Sara Netanyahu fue a visitar la tumba, acompañada de su amiga millonaria y entusiasta de Chanel, Nicole Raidman. Vestida de negro, como si asistiera al funeral del rabino, posaron compungidas sobre la lápida. Familiares de rehenes, como Ilana Gritzewsky y Hagai Angrest, pidieron intercambiar unas palabras. Sara no giró la cara, no les concedió una mirada.

Para ella se convirtieron en una molestia. El ruido que hacen, las protestas frente a su casa, las entrevistas en las que expresan su confianza en Trump y no en Netanyahu. Ya terminó con ellos. Su esposo también los ignora, aparentemente por orden suya.

*Periodista del diario israelí Haaretz.

Fuente: Haaretz.

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