Inicio Opinión A 1.000 días del 7 de octubre: ¿cómo se escucharán las voces de aquella jornada?

A 1.000 días del 7 de octubre: ¿cómo se escucharán las voces de aquella jornada?

Por M S
0 Comentarios

En una era de desinformación, negacionismo y sobrecarga informativa, preservar los testimonios de los sobrevivientes ya no es suficiente: necesitamos un archivo vivo del presente.

Itongadol/Agencia AJN.- (Por Renana Keydar* – The Times of Israel) Mil días después de la masacre del 7 de octubre de 2023, entramos en una nueva etapa en nuestra relación con los acontecimientos de aquel día.

La urgencia de recopilar testimonios sigue siendo la misma. Pero surgió otro desafío: garantizar que esas voces sigan siendo escuchadas, estudiadas, enseñadas y comprendidas mucho después de que haya pasado el momento del testimonio.

Durante generaciones, quienes trabajaban con testimonios de sobrevivientes entendían que su misión era preservar. Registrar el testimonio. Protegerlo. Archivarlo. Asegurarse de que no se perdiera.

Ese trabajo sigue siendo indispensable. Pero en una era de desinformación, negacionismo y sobrecarga informativa, la preservación por sí sola ya no basta.

La memoria histórica no queda asegurada simplemente porque se hayan recopilado miles de testimonios. Perdura porque las personas pueden seguir interactuando con ellos: docentes que preparan clases, investigadores que formulan nuevas preguntas, curadores de museos que organizan exposiciones, artistas que buscan interpretar experiencias vividas y futuras generaciones que intentan comprender acontecimientos que no presenciaron.

Eso es lo que entiendo por un archivo vivo del presente.

Un archivo vivo del presente no es simplemente un repositorio donde se almacenan testimonios. Es un archivo creado mientras la historia aún se está desarrollando, en estrecha proximidad con los hechos que documenta y en medio de condiciones de incertidumbre, trauma y emergencia. Al mismo tiempo, está diseñado para mantenerse activo: permite que voces auténticas sigan hablando a través del tiempo, conecta historias individuales con una comprensión histórica más amplia y garantiza que los testimonios continúen siendo accesibles y significativos a medida que surgen nuevas preguntas.

Desde el 9 de octubre de 2023, apenas dos días después de los ataques, la iniciativa ciudadana Edut 710 registró cerca de 2.000 testimonios de sobrevivientes, equipos de primera respuesta, familiares de víctimas, rehenes liberados y testigos de los ataques del 7 de octubre. Impulsada por la urgencia del momento, la recopilación (edut significa «testimonio» en hebreo) comenzó inmediatamente después de la violencia. El archivo nació mientras los ataques y sus consecuencias aún se desarrollaban, preservando experiencias muy próximas a los hechos. En conjunto, estos testimonios constituyen la mayor y una de las más importantes colecciones de relatos en primera persona reunidas en un período tan breve.

Cada testimonio es una historia individual. Cada uno conserva una experiencia humana única que no puede reducirse a estadísticas, resúmenes o conclusiones históricas. Pero, en conjunto, estas voces conforman un cuerpo de conocimiento que nos permite comprender las múltiples dimensiones del 7 de octubre a través de quienes lo vivieron.

El desafío consiste en preservar tanto la historia personal como la visión de conjunto.

Un archivo nunca debe convertir las voces individuales en simples datos. Pero, al mismo tiempo, debe permitir recorrer miles de testimonios de una manera que revele conexiones, temas, lugares y experiencias que ningún relato individual puede abarcar por sí solo.

Aquí es donde las universidades tienen una responsabilidad única.

Las universidades nunca se limitaron a almacenar conocimiento. Su función es preservarlo, organizarlo, interpretarlo y hacerlo accesible para la sociedad. Las bibliotecas y los archivos siempre evolucionaron junto con nuevas formas de investigación. Hoy, cuando los testimonios se generan en una escala sin precedentes, las universidades también deben desarrollar los marcos éticos y los métodos tecnológicos que permitan que estas colecciones sigan siendo relevantes para las generaciones futuras.

Cumplir con esa responsabilidad exigirá nuevas formas de colaboración entre universidades, archivistas y quienes documentan la historia en tiempo real.

La inteligencia artificial (IA) hace posible este objetivo de maneras que eran inimaginables hace apenas unos años. Pero la tecnología no es la historia.

Con frecuencia se habla de la IA como una fuerza que nos aleja de la experiencia humana. Utilizada de manera responsable, puede hacer exactamente lo contrario: ayudarnos a recorrer grandes colecciones de testimonios sin reducirlas a abstracciones; conectar relatos a través de idiomas, lugares y experiencias, conduciéndonos siempre de regreso a las palabras de quienes los vivieron; y fortalecer la comprensión histórica sin reemplazar la interpretación histórica.

En ese sentido, la IA se convierte en un puente hacia los testimonios.

Cuando la exrehén Ilana Gritzewsky se dirigió la semana pasada al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, recordó al mundo: «Estoy hoy aquí, no como un informe, no como una estadística. Soy una prueba viviente».

Sus palabras reflejan el poder perdurable del testimonio. En última instancia, la historia se comprende a través de las personas, no de los números; de las voces, no de los resúmenes.

Con el paso del tiempo, los sobrevivientes envejecen. La atención pública cambia de foco. Surgen nuevas crisis. Sin embargo, la responsabilidad de preservar estas voces no disminuye, crece.

Y este desafío no es exclusivo del 7 de octubre. En todo el mundo, las sociedades están documentando guerras, genocidios, terrorismo, desplazamientos forzados y violencia política en una escala sin precedentes. Recoger testimonios sigue siendo un acto moral esencial. Pero garantizar que esos testimonios continúen siendo accesibles, significativos y preservados de manera ética puede convertirse en uno de los grandes desafíos archivísticos del siglo XXI.

Dirigir un proyecto en la Universidad Hebrea de Jerusalem que aplica IA al archivo de testimonios de Edut 710 me convenció de que las universidades están especialmente preparadas para combinar investigación académica, ética y custodia a largo plazo con el fin de liderar ese esfuerzo.

Un archivo vivo del presente es, en última instancia, un acto de fe en el futuro. Refleja la convicción de que estas voces seguirán siendo importantes, no solo para quienes vivieron el 7 de octubre, sino también para quienes intentarán comprenderlo dentro de varias décadas.

Nuestra responsabilidad no es únicamente preservar los testimonios, es garantizar que cada uno de ellos siga siendo, al mismo tiempo, una historia individual y parte de la memoria histórica compartida de la que las generaciones futuras continuarán aprendiendo.

*: Renana Keydar es profesora de Derecho y Humanidades Digitales, titular de la Cátedra Gluskin-Granovsky de Humanidades Digitales y directora académica de su Centro de Humanidades Digitales en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Es investigadora especializada en testimonios y una de las fundadoras de la iniciativa Edut 710. Como una de las principales integrantes del proyecto, dirige el desarrollo del archivo vivo del presente impulsado por IA.

También te puede interesar

Este sitio utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario. Aceptar Ver más