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Rafecas. Un puente para la grieta; por Jorge Knoblovits*

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 Itongadol.- La solicitada de ciudadanos pidiendo la destitución del Juez Rafecas, y las voces que se alzaron en contra de su destitución mediática, nos comprometen a comenzar a escribir otra historia en nuestra República y en nuestra Comunidad.

Sabemos que los cientos que firman en contra de Rafecas no son solo esos cientos, sino que son muchos más los que creen que Rafecas no debería ejercer la judicatura, como así también son muchos más que los integrantes de Carta Abierta, sectores de las Madres y referentes del espacio de Derechos Humanos los que sostienen al Juez Rafecas. Pero, en el estado actual de la Argentina, podemos afirmar que más que estos dos grupos juntos, somos más los que estamos ajenos a la grieta, y, en consecuencia, se nos impone sostener la coherencia y a no utilizar nuestros principios como dogmas de sectores sino como principios militantes de la cordura y la mesura.

La comunidad judía argentina, el Pueblo del Libro, se enorgullece de su pertenencia y participación plena en todos los sectores de la vida republicana. Como individuos tenemos el derecho y muchas veces el deber de hacerlo. Pero, como integrantes de este colectivo diverso, no podemos permitir que la participación política tenga como causa fuente ser judío y violar principios éticos fundantes del pueblo. No está bien utilizar la cuestión judía como elemento de descargo, tal como lo hace Rafecas en su presentación por ante el Consejo de la Magistratura, ni está bien destituir a Rafecas invocando posiciones políticas partidarias para hacer campaña de sectores. El poder debe ser construcción plena, sin ser disruptivo del otro, ese otro que deberá construir su poder de la misma manera.

¿Qué nos pasó desde el atentado a la AMIA-DAIA para llegar a este escenario, que, como mascaron de proa, solo le sirve a pocas personas y no a toda la comunidad judía argentina?

La cuestión terrorista se ha vuelto central en el mundo y la REPUBLICA ARGENTINA ha sido tierra yerma de justicia, de punición a los asesinos responsables de un acto criminal. Ese acto criminal ha puesto en evidencia la cuestión argentina, esa cuestión de complicidades entre el poder político, el jurídico y los intereses de sectores que vacían de contenido a la democracia, la transparencia y, en definitiva, la confianza ante la cosa pública. Ante este escenario nuestra comunidad no ha tenido en algunas cuestiones, la prudencia, la valentía y el equilibrio en el que deberíamos apoyarnos para resguardar nuestra transparencia y nuestra conducta política como uno de los pilares fundantes de la Republica.

Estamos obligados, moralmente, a recalcular nuestra política y a construir los puentes necesarios, con organizaciones integradas por nuevos referentes, nuevas políticas y mejores intereses colectivos para poder desmoronar los intereses individuales. Es el desafío camino al TRICENTENARIO.

*Jorge Knoblovits, ex secretario general de la DAIA.

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