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LA TRAGEDIA DE CROMAÑON: “No vi un comando de la situación, no había una persona que hiciera orden en el lugar”

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¿Por qué no fue vallada la zona en forma inmediata? ¿Por qué nadie pudo impedir que los jóvenes que salieron con vida de República Cromañón volvieran a entrar a ese infierno para rescatar a sus seres queridos? ¿Había suficiente oxígeno para reanimar a los asfixiados? ¿Los bomberos tenían máscaras antigás? ¿Las ambulancias tuvieron vías libres de circulación? Después de la tragedia en el recital de Callejeros, nadie respondió estos interrogantes. En el gobierno porteño están conformes con el operativo de rescate y asistencia que el SAME y Defensa Civil implementaron la noche del 30 de diciembre. «Hubo más del doble de víctimas que en la AMIA y nos organizamos en una hora y media, mientras que en aquella oportunidad llevó mucho más tiempo», evaluó ante Página/12 una alta fuente de Defensa Civil de la ciudad. En cambio, el médico Ariel Bentacur, un uruguayo especializado en emergencias que trabaja en Israel, aseguró a este diario que en un caso como el de Once el caos posterior al inicio del siniestro no debería superar los quince minutos. Según este experto, eso se logra cuando hay un comando claro de la situación.
Nació en Montevideo en 1956, pero desde hace varios años trabaja en el Centro Médico Tel Hashomer de la ciudad de Ramat Gan, donde entrena equipos para emergencias. Bentacur vio por televisión las imágenes de la asistencia a las víctimas del incendio en el Once. «Vimos la evacuación y el intento de reanimar a las personas y observamos que no había equipos de oxígeno suficientes, aunque es sólo la impresión de lo que fue televisado», dijo en diálogo con Página/12 desde Israel. «Faltaban ambulancias y equipos médicos, sí vimos gente que no eran médicos tratando de dar aire y masaje para resucitar a heridos», agregó. Pero según este especialista, faltaba algo esencial. «No vi un comando de la situación, no había una persona que hiciera orden en el lugar», precisó.
En el operativo desplegado para asistir a los seguidores de Callejeros, se habría puesto en práctica un plan de emergencia que fue diseñado a partir de la experiencia obtenida con la atentado contra la AMIA, ocurrido hace diez años y medio. Un funcionario de alta jerarquía en Defensa Civil aseguró a este diario que ese plan tuvo una cabeza ejecutora que llegó al lugar pocos minutos después de que empezara el fuego. La fuente explicó que ante una emergencia de este tipo primero actúan los bomberos, luego el SAME y en tercer lugar Defensa Civil. «Tardamos una hora y media en neutralizar la zona, y con mucha más gente en el local y más heridos actuamos mucho más rápido para evacuar todo que en la AMIA», insistió. El funcionario, que pidió no ser identificado, negó que hubiera faltado oxígeno y describió que los médicos trabajaron con un aparato manual de «ventilación forzada» que quizá no se vio por televisión. Esas imágenes también mostraron algunos bomberos que trabajaron sin máscaras antigases. La fuente admitió que, ante la magnitud del hecho, quizás hayan faltado algunas.
Bentacur señaló que «todos los bomberos deben tener máscaras porque además del monóxido de carbono, el plástico y la pintura cuando se queman también liberan cianuro». Por otra parte, agregó que no vio paramédicos, que tienen un entrenamiento avanzado en el campo prehospitalario, pero no puede afirmar si los bomberos argentinos tienen esa preparación o no.
El médico uruguayo explicó que en casos como éste hay tres etapas. «La primera es de caos total; nadie tiene una respuesta; hay un montón de afectados y desorden. Pero a los quince minutos ya tiene que haber un comando en la zona que empieza a clasificar a los afectados en ligeros, moderados y graves, así se pueden administrar los recursos limitados de un hospital en forma correcta para salvar a la gente salvable», describió. «La primera persona en llegar a la escena no se pone a tratar a los heridos, a pesar de que su instinto primario es hacerlo, sino que debe comenzar a hacer orden», completó. Tras la fase dos de clasificación, comienza la tercera etapa que consiste en la «evacuación ordenada y en la resucitación primaria en el lugar del acontecimiento». Según Bentacur, suele ocurrir que «la gente más histérica ocupa las ambulancias, pero si hay orden eso no pasa».
Durante la segunda etapa, cuando el comando empieza a funcionar, «hay que preocuparse de la seguridad del personal médico y pacientes, por lo cual es fundamental que los agentes de tránsito bloqueen las calles y los heridos sean puestos en las veredas». El redactor de este diario que llegó aquella madrugada a República Cromañón presenció la hora y media de caos que menciona Bentacur y que admite Defensa Civil, aunque según la fuente «de afuera se ven las cosas caóticas cuando en realidad hay un orden». Para el periodista, la forma en que habían sido cortadas las calles produjo un embudo que dificultaba la tarea de las ambulancias. Sin embargo, los funcionarios de Defensa Civil afirman que «no hubo ambulancia que no pudiera ingresar al sitio, porque se les indicaba previamente por radio cómo llegar mejor y por dónde salir más rápido».
En un país como Israel, donde la emergencia es cotidiana, los expertos como Bentacur enseñan que «si la evacuación es improvisada hay más víctimas adicionales». Aquella madrugada en Once, los pibes que habían logrado zafar de la trampa de humo tóxico volvían a entrar al boliche, con el torso desnudo, para tratar de encontrar y salvar a sus amigos, novios o hijos. Los funcionarios de la ciudad que estuvieron en el lugar afirmaron que fue imposible detenerlos. «Hay públicos más difíciles que otros para evacuar», explicaron.
Incluso hubo personas ajenas al recital que acudieron a ayudar. «La curiosidad es humana; el problema es el desorden, por ejemplo, si no hay un vallado. La gente tiene que tener la impresión de que hay un orden, si los chiquilines ven un comandante en jefe, sea médico, bombero o lo que fuera, se dan cuenta de que no hay que tomar iniciativa. Pero si ven caos sienten la responsabilidad muy humana de ayudar», explicó Bentacur.
La existencia de un «comando central» también se relaciona con la coordinación de las diferentes fuerzas. «Las instituciones no están acostumbradas a trabajar juntas, la policía, los bomberos. Pero en un atentado deben hacerlo, y como no tienen un mismo lenguaje debería haber ejercicios conjuntos previos de entrenamiento. Claro que nosotros, los latinoamericanos, no nos destacamos mucho en cuanto a la cooperación en este sentido», puntualizó el especialista, con un lejano acento rioplatense.
Pag12.-A. Meyer

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