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Israel: Periodista de origen etíope lanza libro sobre la discriminación y el racismo que sufre su comunidad

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Itongadol.- Tsega Melaku (foto) fue la primera mujer y el único etíope en dirigir un canal general de la Autoridad de Radiodifusión de Israel -Réshet Alef, el canal 1 de Kol Israel- y previamente estuvo a cargo del Canal en Lengua Etíope, pero estas señales de integración y reconocimiento personal y a su comunidad no deben llevar a engaño: “Soy periodista hace 26 años, pero nunca me invitaron a hablar sobre temas generales en radio y televisión, solo asuntos relacionados con los etíopes”, contó a la Agencia Judía de Noticias (AJN) en una entrevista exclusiva.

“Tengo un título de grado, un posgrado y estoy haciendo un doctorado; muchos periodistas no tienen mi nivel, pero ellos sí hablan sobre temas generales”, agregó con lógica indignación.

Su vivencia es solo un ejemplo de la discriminación y el racismo que padecen sus compatriotas a diario en el Estado judío, cuya mera identidad no es reconocida como tal por sus pares, o cuanto menos se ve menospreciada.

Para denunciar esta situación, que Melaku atribuye a la ignorancia, contar la historia de su gente y aportar soluciones, la periodista acaba de publicar el libro Lo bebeit sifreinu (No en nuestras escuelas), ya que aspira a que el mismo se utilice para enseñar acerca de su comunidad, de modo que “en unos años” ya no sean “‘los negros de África’, sino judíos de otro color, así como los hay en India, China y Japón”.

“Hay muchísimos problemas en la absorción de los judíos de Etiopía, y la mayoría de ellos se debe a que la sociedad no conoce nuestra historia: que conservamos el judaísmo durante miles de años a pesar de todos los inconvenientes y el antisemitismo; piensan que llegamos a Israel porque ahí teníamos qué comer”, explicó.

“Después de treinta años todavía vemos que no aceptan a nuestros niños en las escuelas, o no quieren vecinos etíopes en su edificio o lugar de trabajo, o no los dejan entrar a discotecas, y hay que terminar en el Estado sionista y el país de los judíos” porque “la discriminación contra nosotros no es un problema de nuestra comunidad, sino de todo el pueblo judío”, enfatizó Melaku.

“Somos débiles económica y educativamente, pero somos 136.000 olim de Etiopía, de los cuales 50.000 nacieron aquí, así que nuestra comunidad es muy joven y hay que vincularse con los chicos, mandarlos a una buena escuela, ayudarlos y apoyarlos en diversas formas porque tienen un gran potencial y deberían ser como cualquier otro israelí”, reclamó.

“El Estado de Israel también es nuestro y volvimos al lugar por el cual rezamos durante miles de años; ninguna otra comunidad llegó a Ierushalaim con tantos muertos en el camino, ya sea en Sudán o en otro país”, reivindicó la periodista de origen etíope.

“Los primeros y los que más se opusieron a nosotros fueron los rabinos, que dijeron que no éramos judíos porque habíamos estado desconectados (de nuestras raíces) durante miles de años”, señaló.

“No existe una política gubernamental o una legislación racistas, e incluso está prohibido que las haya, pero no es así sobre el terreno: hicieron una encuesta para saber cuántos aceptarían que sus hijos se casaran con etíopes y el 75 por ciento dijo que no lo haría, y una investigación reveló que los académicos etíopes ganan mucho menos que el resto de los israelíes pese a que todos estudiaron en los mismos lugares”, puntualizó Melaku.

“Doy otro ejemplo: somos el 1.8 por ciento de la población, pero en el correccional juvenil Ofek son el 30 por ciento, y ello no es por racismo, sino por abandono; por no haber invertido en su educación cuando eran niños, hoy el Estado destina mucho dinero a la cárcel”, se quejó.

“Por otra parte, hay gente que ayudó y ayuda a la comunidad; no son muchos y algunos incluso ya lo hacían en Etiopía, por eso les dediqué un capítulo, que se llama ‘Buenas personas’”, reconoció la periodista.

Para Melaku la principal solución tiene que ver con “invertir en la educación de los niños para evitarles la cárcel; no sienten pertenencia, sino racismo y discriminación, y así nunca serán buenos ciudadanos porque no se sienten queridos”.

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