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Della Pergola: “La Diáspora tiene una prioridad muy baja en la preocupación del gobierno israelí”

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Itongadol.- El israelí Sergio Della Pergola (foto), profesor emérito del Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Universidad Hebrea de Jerusalem y uno de los más relevantes expertos en demografía judía de la historia, dialogó en exclusiva con la Agencia Judía de Noticias (AJN) sobre diversos temas de actualidad vinculados a su especialidad.

Nacido en Trieste, Italia, donde se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad de Pavia, es autor de numerosos libros y artículos sobre su especialidad, dictó conferencias en más de 60 universidades de todo el mundo y visitó la Argentina hace algunos años.

P- ¿Cómo observa al mundo judío demográficamente hablando?

SDP- La demografía judía está fuertemente involucrada en el tema de la identidad. No es simplemente una cuestión de cantidad, sino también de contenidos y calidad. Pero en una síntesis muy simple, hay principalmente dos tendencias muy diferentes. Una es la israelí, en un contexto de mayoría judía: aproximadamente 6,1 millones en una población total de 8 millones, excluyendo a 350 mil personas que son miembros de familias judías, pero ellos mismos no lo son, sino hijos o nietos de casamientos mixtos que en el marco de la Ley del Retorno. La población judía ampliada llega a cerca de 6,5 millones. Es un conjunto que continúa creciendo gracias a una composición de estructura etaria bastante joven, por lo cual no hay importantes tasas de mortalidad y sí una fuerte tasa de natalidad, con un promedio de más de tres hijos por mujer. En otras palabras, hay un crecimiento vegetativo mayor al de otros países occidentales: llega a casi 100 mil personas por año sin contra la inmigración, que también es mucha.

P- En el caso de la cantidad de hijos influye la ortodoxia…

SDP- No solo tiene que ver con la ortodoxia. Hay un fenómeno muy interesante: una natalidad bastante alta en círculos de clases medias o medias altas, con un fuerte nivel de instrucción. Mujeres que trabajan y profesionales que tienen tres, cuatro o hasta cinco hijos. Esto ocurre en los últimos 10 años; es un fenómeno bastante nuevo, que asegura la continuidad demográfica de Israel. Años atrás, el perfil socioeconómico estaba relacionado con la reducción de la natalidad. Hoy se dice que pasa el fenómeno contrario porque hay una permanente motivación a tener familias bastante amplias, y en la medida que tienen capacidad económica, lo hacen.

P- ¿Dónde se toman las decisiones en Israel con respecto a la aliá y a los planes para que viajen jóvenes y de esa manera acercarlos al Estado judío?

SDP- Creo que eso existe parcialmente. Hay una política declarada muy favorable a incrementar la inmigración y priorizar el papel de Israel como centro del mundo judío desde un punto de vista cultural y, por cierto, demográfico. Pero en realidad hay muchas contradicciones, y ocurrieron muchas cosas importantes sin, después, antes o contrarias a ella. Por ejemplo, la gran inmigración de fines de la década de 1940 y principios de la del ’50: en esos momentos había problemas (con los judíos) en África del Norte debido a la independencia de países como Túnez, Marruecos y Argelia y el gobierno de Israel no podía hacer otra cosa que subsidiarla. Por otro lado, cuando hay una política de incentivar la inmigración y ésta no llega porque la gente no está muy interesada o no puede hacerlo. Un caso clásico es lo que pasó en 2002, cuando por el fracaso de la economía argentina llegaron a Israel unos 6.000 judíos, que fue el máximo histórico, reflejo de una situación externa no planificada. Entonces hay que ver los hechos externos como un factor muy dominante. Por ejemplo, el cambio total de la política emigratoria después del fin de la Unión Soviética a partir de la caída del Muro de Berlín, hacia fines de 1989, fue producto de una historia política que nada tiene que ver con el gobierno de Israel. Pero la consecuencia de (la llegada de) más de 1,5 millones de inmigrantes soviéticos fue enorme para la sociedad: fue un cambio de calidad espectacular.

P- ¿Cómo está observando el antisemitismo en Europa y Latinoamérica después del conflicto con la Franja de Gaza?

SDP- Estos fenómenos son muy preocupantes. Hay que hacer una distinción entre Venezuela y Francia, pero en la población judía de nueve países de Europa se ve muy claramente la percepción de un crecimiento progresivo y muy fuerte del antisemitismo, el racismo, la xenofobia y otros fenómenos negativos, en base a un importante proyecto de investigación financiado por la Unión Europea en el cual participé. Todo esto acompañado por una situación económica que no es muy buena en varios países. El producto de estas cosas es un fuerte crecimiento de la emigración a Israel; primariamente desde Francia, pero también, con números menores, desde Italia, Bélgica, Hungría y otros países más pequeños. En 2014 vamos a llegar al máximo histórico de inmigrantes de Francia: estamos hablando de 6 mil personas. Es una progresión que puede ser que continúe el año próximo porque las condiciones no están solucionadas: hay problemas de nacionalismo y xenofobia. En Venezuela ocurrió una muy clara reacción del público judío frente a los cambios políticos. Entre otros, la comunidad, que conozco bastante bien, estaba muy bien organizada y segura de sí misma, con buenas relaciones con el sistema político venezolano antes de los cambios políticos de los últimos años, y hoy creo que está reducida a menos de la mitad de lo que era al comienzo de la década del 2000, cuando hicimos un estudio. Muchos de los que salieron prefirieron los Estados Unidos y otros países de América del Norte como destino y no Israel, aunque en éste debe haber habido un crecimiento de sus inmigrantes.

P- ¿Cuál es su preocupación demográfica en el mundo judío?

SDP- El problema mundial es que, frente al crecimiento israelí, hay una fuerte disminución y un gran envejecimiento de las comunidades judías de varios países. Hay, por supuesto, diferencias entre unos y otros; por ejemplo, la de México no es una comunidad enorme, pero sí muy bien organizada y con poca asimilación, pero hay otras que están asimiladas, con pocas estructuras y escasa educación judía. De todas maneras, los problemas son menores frente a la situación en los Estados Unidos, que es dominante como número, fuerza e influencia. Las investigaciones recientes, una de 2013, nos dan resultados contradictorios y muy violentos: por un lado hay bastante estabilidad y los números son importantes, pero por otro hay una baja en varios indicadores de identificación judía. No estoy hablando de la religión, sino -más importante a mi manera de ver- de la falta de participación en la vida comunitaria y una fuerte distancia entre los judíos norteamericanos e israelíes. Israel como símbolo -no estamos hablando de un target (objetivo) para una fuerte emigración, sino de un centro de referencia- está hoy bastante más lejos que antes. Las iniciativas de organizar grupos de jóvenes que visiten Israel y tomen en cuenta su realidad son muy importantes porque pueden crear una continuidad al crear una fuerte actividad en el marco de la comunidad americana y una reflexión más profunda de la significación de Israel en el marco más general de su identidad judía. Pero creo que la tendencia es bastante problemática. Hay colegas que piensan que hay un gran éxito, un gran desarrollo; yo veo que hay un núcleo muy fuerte de judíos americanos muy motivados, cultivados y activos, pero una enorme periferia, en gran expansión, de personas que tienen algo de origen judío, pero mucho presente porque la tendencia es sentirse más parte de la sociedad general, y la judía es una opción bastante marginal. Hay dos maneras de leer el mapa de los judíos americanos, y creo que hay un problema de erosión, sobre todo entre los más jóvenes.

P- Cuando habla de la delicada cuestión de la gente que se asimila, ¿qué opinión tiene respecto de las conversiones?

SDP- Creo -y también lo escribí- que hay un problema en el Estado de Israel porque el Rabinato no tiene una profunda conciencia de la tendencia sociológica. Decide siguiendo una opinión histórica, basada en la lectura de las fuentes judías, pero también es necesario ver qué pasa en la calle, qué quiere la gente. Hay un fenómeno muy interesante: muchísimas personas de origen judío, que -por ejemplo- tienen un papá o un abuelo judíos, quieren sinceramente pertenecer a una comunidad y estarían dispuestos a convertirse, pero las dificultades son muy fuertes. No hay una actitud de recibir a estas personas, que están en fuerte crecimiento, sino una actitud muy rígida, y es un gran error. Una buena parte de las 350.000 personas que llegaron a Israel se siente judía, pero está excluida por las definiciones existentes. Soy de la idea de que es necesario hacer un ritual de pasaje, y no simplemente decir “no son judíos”. Mi opinión es que es necesario un pedido de admisión y también requisitos que deben ser posibles. A veces, la impresión es que hay varios rabinos que hacen todo para crear dificultades. Eso no ayuda a la cohesión interna social del Estado de Israel y creo que tampoco al pueblo judío. El Rabinato israelí tiene una muy fuerte influencia sobre el Rabinato ortodoxo de los otros países. No quiero pronunciarme sobre América Latina, pero las comunidades en Europa están siguiendo las directivas y tesitura del Rabinato israelí. La teoría es la siguiente: los judíos del mundo son una minoría que se asimila a la mayoría de la sociedad, pero el hecho nuevo es que en Israel la mayoría es judía y lo que ocurre es que el no judío a veces quiere asimilarse a la mayoría… Es un mecanismo muy diferente, que necesita entender bien la psicología de esta cultura y también crear una actitud de permitir integrarse a quienes lo quieren verdaderamente.

P- ¿Hay números sobre la asimilación en los últimos 20 años?

SDP- Son bastante impresionantes porque, por ejemplo, un indicador importante es el porcentaje de casamientos mixtos. Por ejemplo, en los Estados Unidos llega hoy a más del 50 por ciento de los jóvenes adultos que crean una familia. La teoría era que como existe una fuerte masa crítica, no hay que preocuparse porque ella le permite a un judío encontrar a otro aun sin ser activo, ni estar tan motivado porque hay muchos. Hoy, la demostración de esa teoría no funciona más. Una comunidad más pequeña, como la de Canadá, tiene una tasa de casamientos mixtos menor, cerca del 35 por ciento, y una mucho más chica, como la de México, tiene una tasa máxima -creo- de entre el 10 y el 15. Entonces, lo que cuenta no es tanto la cantidad de judíos, sino el tipo de estructura y actividad de cohesión que existe. Hoy, la impresión es que la mayoría de los judíos estadounidenses está tan integrada al contexto general que la relevancia de la continuidad es menor. En realidad, el problema no es el casamiento, sino la educación y la identidad de los hijos porque vemos que casi el cien por ciento de las parejas judías tienen hijos judíos y entre las de un judío y una no judía, sobre todo, pero también la de una judía y un no judío, solamente un 20 por ciento de los hijos están declarados como judíos por su papá y su mamá. No estamos hablando de una decisión rabínica, sino de la declaración de sus padres.

P- Los dirigentes judíos del mundo hablan sobre esta preocupación, ¿alguien se está ocupando de este tema en Israel?

SDP- Me parece que muy poco. Se habla de un fenómeno, pero como del tiempo: cálido, frío…

P- Pero en 50 años esto se va a sentir fuertemente…

SDP- En Israel no existe una seria actitud de planeamiento (del tema), y sobre todo, de la relación con la Diáspora. Es un problema profundo. Existe un ministro que también es el delegado para las relaciones con la Diáspora, (Naftali) Bennett, pero sobre todo se ocupa de la economía y está muy involucrado en la política: es el jefe de un partido (Habait Haiehudí). La cuestión “Diáspora” es el número 3, ó el 5, ó el 12 de su interés cotidiano. Falta una mesa redonda permanente de discusión y planeamiento de todas estas cuestiones. El hecho es que tiene una prioridad muy baja en la preocupación del gobierno israelí. No sé por qué, pero es una lástima.

P- ¿Qué tuvo que ver la Universidad Hebrea de Jerusalem en su vida?

SDP- La Universidad Hebrea de Jerusalem es mi vida. Llegué en diciembre del ’66, como candidato a empezar un curso de doctorado; entonces son casi 48 años. Después de completar mi doctorado en Judaísmo Contemporáneo y Demografía, mi primer empleo fue como asistente en el Instituto de Judaísmo Contemporáneo, en la sección de Demografía, y después, toda mi carrera fue desarrollada en ese marco: lecturer (adjunto), profesor y, finalmente, director por 7 ó más años. Espero haber dado mi pequeña contribución a nuestra institución.

P- ¿Cuál sería su mensaje para los docentes y dirigentes judíos del mundo?

SDP- Por un lado hay que ser optimistas porque la vitalidad, la validez y la fuerza de la cultura y la identidad judías contemporáneas son muy fuertes. Hay un interés increíble, que se ve en la enorme cantidad de libros de estudio, de literatura y también de carácter científico que se publica. Es un aspecto muy positivo este sensacional interés, que demuestra la validez de la posibilidad de la continuidad. Pero a mi manera de ver, hace falta coordinar los esfuerzos entre Israel y la Diáspora a través de un estudio y discusión de las preguntas fundamentales y también de una colaboración más fuerte y en varios niveles con las instituciones judías -estoy hablando de escuelas y comunidades- y también a nivel personal: educadores con educadores, profesionales con profesionales… A esta relación, me parece, se necesita fortalecerla y desarrollarla porque hay desafíos futuros ciertos; entre ellos, el islam fundamentalista del Cercano Oriente, pero también sus ramificaciones en Europa y América Latina, que lo convierten en un problema global. Entonces es necesario prepararse y tener instrumentos de pensamiento y también de acción. Por lo tanto, la relación Israel-Diáspora es muy importante y no creo que esté desarrollada. El potencial existe: fundamentalmente creo que hay personas destacadas y de muy alta calidad en todos los niveles de la ciencia, la industria, el arte y otras actividades, y hay que integrar a todos a este esfuerzo.

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