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Abraham Kaul el líder más destacado del año 5764.

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La exposición mediática que ha tenido el Licenciado Abraham Kaul le ha permitido lograr lo que buscaba: que el tema del atentado a la AMIA esté en la agenda de la sociedad argentina para que nadie pueda hacer el distraído. Pero lo que no es muy conocido dentro y fuera de la comunidad judía es cómo ha sido su gestión al frente de la AMIA, en lo que se refiere a los asuntos a los que se dedica esta institución central de la comunidad argentina desde hace 110 años: asistencia social, cultura, integración, discapacidad y educación judía.
Kaul pertenece a una generación de judíos argentinos que tiene una ventaja sobre la actual y él lo explica: «Nosotros nacimos en un hogar judío y no necesitábamos ir a una institución judía para recibir judaísmo. El judaísmo lo teníamos en casa escuchando a nuestros padres hablar el idish». Su historia lo marcó y le sirvió para enfrentar el enorme desafío de dirigir la AMIA en uno de sus momentos más difíciles.
Lo primero que Kaul propuso apenas asumió la nueva Comisión Directiva fue una especie de «contrato moral» entre los integrantes. Creía que era necesario dejar en claro que ningún dirigente podía mantener relaciones comerciales con la institución, tener puestos políticos a nivel nacional o municipal, trabajos rentados en la institución y haber tenido en su vida personal quiebras o convocatorias. De esa manera se buscó darle la máxima transparencia a la gestión.
Cuando asumió, Kaul encontró a la AMIA con una difícil situación patrimonial, con una deuda que se venía arrastrando hace varios años cercana a los 23 millones de dólares. Sin embargo, la institución nunca había dejado de cumplir la mayor parte de sus funciones, dentro de las limitaciones que traía aparejado tener que pagar todos los meses altos intereses. Recuerda muy bien esos momentos porque decidió jugarse por entero para resolver esta situación. «Era una sangría enorme para la institución pagar grandes simas por mes de intereses que debían ser volcados a la acción social, a la educación, a la cultura, al trabajo y a la discapacidad».
Se mantuvieron conversaciones con el Banco Central y se llegó a un acuerdo sobre el monto a pagar y se diseñó una ingeniería económica que dio brillantes resultados: el 50 por ciento de la deuda fue saldada. Cuando recuerda esos momentos Kaul reconoce y agradece el apoyo de varias instituciones que le dieron una mano a la AMIA. Entre otras la Agencia Judía, el Joint y el Congreso Judío Mundial.
A fin de 2002 la AMIA ya no le debía más plata a los bancos y esto le permitió proyectar el futuro de otra manera a tal punto que Kaul recuerda el 2003 como un año «óptimo» porque se pudo volcar el dinero para mejorar los servicios sociales.
En el área de educación, Kaul subraya el acuerdo con la Agencia Judía que les permitió crea la nueva Central de Educación Judía en donde el Joint participa en la logística. También destaca el aumento de alrededor del 5 por ciento en la cantidad de alumnos en las escuelas de la red escolar judía durante dos años consecutivos. Algo que ni el más optimista de los judíos hubiera imaginado tan solo tres años atrás. «Es un hecho inédito que en plena crisis se aumente la cantidad de chicos en la red escolar judía», dice Kaul y explica el porqué: «La misión de la AMIA es dar ayuda social pero siempre preservando la vida y la ética judía».
Entre muchas cosas por las que Kaul está orgulloso del trabajo realizado por la AMIA en los últimos dos años, resalta la creación del departamento más grande de la Argentina de búsqueda laboral con sedes en el Gran Buenos Aires y en el interior del país, el departamento de Discapacidad y el de Cultura, con actividades totalmente gratuitas.
Pero más allá de la mejora en algunos indicadores sociales, Kaul tiene en claro que el desafío que hay por delante todavía es muy complicado y advierte que la AMIA sigue manteniendo 30 mil judíos a lo largo y ancho del papis a los que les da algún tipo de ayuda.
Cuando empieza a hablar de las cuestiones políticas por las que está atravesando, Kaul no pierde el entusiasmo. Sabe que es un tema que atraviesa la vida judía en la Argentina. «La AMIA realizó un cambio desde que asumimos. Encaramos una participación más activa y una presencia permanente en los medios de comunicación porque para nosotros la causa AMIA tiene que estar permanentemente en los medios». Kaul es de la idea de que lo que no aparece en los Medios, no existe. Por eso él cree que no podía dejar que la causa AMIA se muriera.
Kaul solo tiene palabras de agradecimiento para el equipo que lo acompaña en su trabajo por el apoyo que le brindaron en los momentos más tensos y la solidaridad que existe dentro de la Comisión Directiva.
También reconoce el trabajo de las gestiones anteriores de la AMIA que debieron lidiar con situaciones de extrema gravedad como el atentado y la feroz crisis económica que azotó al país. Kaul cree que nadie estaba preparado para soportar semejante presión.
En una época en donde la dirigencia es depositaria de las frustraciones de la sociedad y donde varios líderes defraudan las expectativas de la gente, Abraham Kaul pudo manejar una institución con mucha habilidad y eficiencia. Esto le permitió obtener el respeto de mucha gente y de transformarse en el líder más destacado del 5764.
Fte Anuario Shalomonline

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