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Amigos Argentinos de la Universidad Hebrea de Jerusalem. Prof. Yosi Goldstein: Actualidad al día

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Itongadol.- Una vez impuesto un cese de fuego dos días atrás, podemos comenzar a hacer un balance de la conflagración, denominada por Israel como "Operación Margen Protector" (Tzuk Eitán), al finalizar 28 días de combates en una guerra nada convencional y difícil de evaluar con neutralidad. A la fecha de hoy no queda claro si será posible prolongar el cese de fuego a partir del viernes 8 de agosto a las 8:00 de la mañana. Las demandas de ambas partes – Hamas exige levantar el bloqueo, reconstruir un aeropuerto internacional y un puerto en la ciudad de Gaza; Israel demanda la desmilitarización de la Franja y un control internacional de todo el territorio y vías de acceso a la misma – elevan obstáculos para el mediador egipcio. 
 
Pero sugiero no incursionar en un balance numérico del conflicto actual, es el que cunde en los medios de comunicación al ofrecer una mera comparación de la cantidad de muertos y heridos o de la cantidad de cohetes, raquetas y morteros lanzados desde Gaza a territorio israelí. El balance tampoco debería encararse desde una óptica ideológica o un enjuiciamiento moral, como es tan común escuchar y leer en estas últimas semanas. La prensa impresa argentina ha abordado el conflicto desde todas sus aristas, en gran parte orientada por las imágenes fotográficas de la destrucción y muerte de civiles en Gaza, pero también con comentarios más equilibrados como los de Marcelo Cantelmi en Clarín o Daniel Muchnik en el diario Perfil de este último fin de semana, o del periodista Pepe Eliaschev el pasado 1 de agosto quien estableció que estamos frente a una "neutralidad imposible".  Un balance general nos demostrará que los medios de comunicación, al menos en la Argentina, no fueron tan imparciales ni pro-palestinos como se suele escuchar en los medios comunitarios judíos, pero sin duda prima la imagen de una potencia militar combatiendo a una organización sin poder bélico importante y en la cual los civiles de ambas partes, en especial del lado palestino, son  las principales víctimas. En última instancia la conclusión que prima es que más de 3.200 cohetes que cayeron en territorio israelí, sin aparentes daños mayores y con 556 raquetas interceptadas por los misiles Tamir de la "Cúpula de Hierro", no pueden competir con más de 1.800 muertos del lado palestino y tantos miles de heridos. Las imágenes de civiles muertos y heridos en refugios de escuelas de las Naciones Unidas o en hospitales no pueden competir con el argumento israelí – justificado y claramente demostrado – de que desde esos sitios o en sitios lindantes se dispararon raquetas a Israel, o que Hamas utiliza civiles como escudos humanos y en forma cínica. 
 
El balance debe ser entonces geopolítico e interdisciplinario, tomando en cuenta la historia del conflicto árabe-palestino-israelí-judío, y su evolución en las últimas décadas. Pero un balance de esa naturaleza merecería un libro entero, y en estas líneas tan solo aludiré a varias conclusiones desde una mirada académica. 
 
1. Todo conflicto tiene dos partes – al menos –, una explicación que atribuye toda la culpabilidad o responsabilidad a una de las partes es simplista y prejuiciosa. Un análisis sistemático del conflicto debe tomar en cuenta factores internos en el seno del pueblo palestino – como las disputas y enfrentamientos entre Fatah que lidera la Autoridad Palestina en Ramallah y Hamas que gobierna en la Franja de Gaza, más allá del acuerdo de "unidad nacional" acordado para conformar un gobierno compartido de tecnócratas – así como factores internos de la sociedad israelí – como las tensiones en el seno del gobierno entre Netanyahu y el ala derecha del "Bait Yehudí" (liderado por Benett) o el omnipresente canciller Lieberman, líder del partido "Israel Beiteinu" (Israel nuestra casa) y quien ya declaró que se postulará como lista independiente para los próximas elecciones parlamentarias. 
 
2. Toda alusión a que Israel ha cometido actos de "genocidio", o que actuó "peor que Hitler" (ver últimas declaraciones del líder turco Recep Erdoan) constituyen una banalización del nazismo y de la Shoá y una extrapolación peligrosa sin asidero alguno en la realidad. Una seria comparación con la Shoá y el Nazismo demostrará cabalmente las abismales diferencias y acentuará que el conflicto actual en Medio Oriente no se basa en confrontaciones raciales ni en intentos sustentados en intenciones o planes genocidas, sino en un conflicto territorial, religioso y nacional. Ello no quita que haya intenciones genocidas en la carta fundacional del Hamas o que haya prejuicios racistas en algunos sectores de la sociedad israelí y en el seno de partidos políticos judíos como el Likud y "Habait HaYehudí". 
 
3. Los actos antisemitas que pululan en todo el mundo en estos días, utilizando como excusa el conflicto entre Israel y el Hamas, demuestran que el antisemitismo no es un mero fantasma o una paranoia de muchos judíos sino una amenaza real y concreta.  No cabe duda de que Hamas y el fundamentalismo islámico en el mundo, han adoptado una plataforma antisemita, no meramente antisionista, que debe ser combatida con todos los medios legales y mediáticos posibles. El conflicto con Hamas es religioso y teológico, pero no debe ser esa dimensión la que nos oriente en forma exclusiva al analizar las proyecciones de la conflagración actual. 
 
4. Israel no podrá seguir sosteniendo una estrategia de status quo, acompañada por la continuación de la construcción y expansión de asentamientos en la Cisjordania, territorios de Judea y Samaria y Jerusalén oriental, o de acusación unilateral a los palestinos por el congelamiento de las negociaciones de paz.  Si Israel desea realmente combatir la amenaza estratégica del fundamentalismo islámico en Medio Oriente – como ser Hamas en Gaza y Cisjordania, Hezbollah en el Líbano y la nueva organización Isis (Estado Islámico de Irak y Siria) – deberá negociar con seriedad y compromiso absoluto con la Autoridad Palestina en Ramallah liderada por Mahmoud Abbas (Abu Mazen) pensando que habrá posibles elecciones a corto o mediano plazo para la conformación de un Parlamento y gobierno democrático palestino. Es probable que ello no resulte posible con la presente coalición gubernamental liderada por el premier Netanyahu pero la política israelí es dinámica y el conflicto actual probablemente lleve a una reconformación de fuerzas y alianzas, sea en el marco del actual Parlamento (Knéset) o como consecuencia de nuevas elecciones. 
5. Los palestinos deberán decidir, estratégicamente, si optan por la vía del diálogo y el reconocimiento – impulsada por Fatah y Abu Mazen oficialmente, si bien hasta ahora acompañada por dudas con respecto al reconocimiento del pueblo judío y su derecho a tener un estado propio soberano – o por la vía irrendentista y militarista del Hamas. 
 
6. En última instancia ambas partes deberían hacer concesiones dolorosas para poder avanzar en negociaciones de paz, adoptando la fórmula de dos estados para dos pueblos, fórmula aceptada oficialmente tanto por Netanyahu como por Abu Mazen, si bien interpretada en forma dispar y a veces contradictoria por cada uno de ellos. Quizás tan solo un paraguas internacional amplio y legítimo – es decir no compuesto solamente por el "Cuarteto" de Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y la ONU, sino también por la Liga Árabe con su amplia mayoría sunita que se opone al avance fundamentalista de fuerzas sunitas y chiitas que amenazan la estabilidad de los regímenes monárquicos como Arabia Saudita y Jordania, y generan guerras civiles como la que ocurrió en Egipto bajo el breve régimen de la Hermandad Musulmana, o amenazan con desmembrar a países como Irak, Siria y el Líbano – podrá garantizar un acuerdo duradero y claramente supervisado, con presencia de fuerzas internacionales al menos en Gaza y con garantías para la seguridad del Estado de Israel y para la integridad del joven estado palestino que pueda surgir de esos acuerdos. Esta visión puede aparentar ser una utopía pero es la única fórmula que ofrece una solución pacífica al conflicto entre Israel y los palestinos. 
 
7. La desconfianza mutua será un obstáculo enorme, israelíes y palestinos son cautivos de sus interpretaciones del pasado y superar miedos o paranoias no será nada fácil para todos ellos.  Para acordar una paz duradera Israel deberá renunciar al sueño bíblico de una Eretz Israel indivisa, Palestina deberá renunciar a una visión islámica y aceptar la presencia masiva de judíos en un propio estado soberano. Ambas partes, acorde a este escenario futuro, deberán aceptar a Jerusalén como capital compartida, la de Israel en la parte occidental y la de Palestina en la parte oriental, garantizando la libre circulación y evitando que muros o vallas separen entre ambas capitales.
 
Para muchos israelíes una mirada equidistante no es legítima en estos días de combate, pero como académico me parece que debemos pensar a largo plazo y elevar escenarios posibles a futuro. Sin duda, la opción de profundización del conflicto bélico, de mayor derramamiento de sangre – tal como se demostró con dos atentados asesinos en Jerusalén hace pocos días – y una mayor polarización, es posible y quizás sea la mirada más realista a corto plazo, pero toda mirada pensando en el futuro debe tomar en cuenta escenarios pacíficos y optimistas, más allá del círculo vicioso de sangre en que está sumergido el Medio Oriente en estos días. 
 
Dr. Yosi Goldstein
Universidad Hebrea de Jerusalem 

https://www.facebook.com/Comunidadjudiaenaccion

 

 

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