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Universidad de Tel Aviv. El hombre enfermo del Nilo: la \»Segunda Revolución\» de Egipto

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 Itongadol.- El Prof. Uzi Rabi, Director del Centro Moshe Dayan de Estudios del Medio Oriente y África de la Universidad de Tel Aviv ha enviado un análisis exclusivo de los eventos regionales y perspectivas tras el golpe de estado ocurrido en Egipto el 3 de julio pasado.

El Centro Moshé Dayan de la Universidad de Tel Aviv es la institución más antigua de su clase en Israel. Ha desempeñado un papel relevante en el análisis de la situación en el Medio Oriente a través de la investigación, publicaciones de libros y artículos, conferencias, colecciones documentales y acciones de servicio público. Su objetivo es informar a la comunidad académica, a gobernantes, periodistas, y al público en general sobre las complejidades de las relaciones políticas y diplomáticas en el Oriente Medio y apoyar de este modo el avance de los acuerdos de paz y el entendimiento entre los pueblos.
El hombre enfermo del Nilo: la "Segunda Revolución" de Egipto
El día 3 de julio por la noche, las fuerzas armadas egipcias, representadas por el Ministro de Defensa General ‘Abd al-Fattah al-Sisi, derrocaron al presidente democráticamente electo de Egipto Mohamed Morsi. Al-Sisi anunció la suspensión de la constitución y presentó una hoja de ruta hacia la asunción de un nuevo gobierno en Egipto, una vez superada la fase de transición. La semana anterior a ese momento, millones de egipcios habían salido a las calles para manifestarse contra Morsi y la Hermandad Musulmana (al-Ikhwan al-Muslimin), una protesta masiva que se dio en llamar “la segunda revolución” en Egipto, posterior a la que depuso a Husni Mubarak en 2011.  
Después de 85 años de existencia y oposición a los regímenes gobernantes de Egipto, la Hermandad Musulmana finalmente llegó al poder, donde probó su ineptitud o desinterés para responder a los actuales desafíos que enfrenta la población egipcia. En el curso del último año, el gobierno de la Hermandad impulsó una serie de nominaciones políticas controvertidas, una constitución que se burla de las autoridades judiciales y de los precedentes, y como broche de oro, una economía desbaratada, exacerbada por creciente inestabilidad e inseguridad. El hecho de hacer caso omiso de estos problemas tuvo consecuencias: diferentes grupos opositores se unieron y exigieron la exclusión del poder de Morsi, y de la Hermandad Musulmana.
La caída de la Hermandad Musulmana asestó un fuerte golpe al Islam político, como resultado del cual la ecuación política de Egipto dio un giro. Actualmente podemos hablar de aproximadamente tres bloques principales en Egipto: el militar, el pro-Morsi, que consiste en la Hermandad Musulmana, el partido Salafist al-Watan, el partido El Centro al-Wasat y el grupo Islamista al-Gamaa al-Islamiyya; y el bloque secular o liberal, que incluye el Frente de Salvación Nacional de Al-Baradei y el movimiento popular Tamarrud (“Rebelde”) que incitó a la gente a salir a las calles. El bloque secular-liberal protesta contra la supuesta agenda de la Hermandad Musulmana para islamizar a Egipto, y lo que considera el incumplimiento por parte de Morsi de las promesas hechas al pueblo egipcio, como crear puestos de trabajo, aumentar el bienestar social, reducir la corrupción y gobernar con transparencia. Por el contrario, Morsi se ocupó de consolidar el control de las instituciones gubernamentales en manos de la Hermandad Musulmana, nombrar a sus colegas islamistas para cargos de alto perfil, y no responder a las demandas populares.
Sin duda, el denominado bloque liberal-secular no es ni “liberal” ni “secular” según los parámetros occidentales. Egipto constituye una sociedad heterogénea y los miembros de la oposición tienen diversos reclamos políticos y económicos. La unidad que se constituyó para derrocar a otro presidente impopular no se debe tomar como signo de unidad de la voluntad política popular en el largo plazo. Dicho de otro modo, es difícil predecir con precisión qué quiere la gente después de Morsi. Dicho esto, la incertidumbre sobre el futuro de Egipto sólo aumenta la importancia de los sucesos en curso y sus implicancias para la región. Más específicamente, el ascenso de la Hermandad Musulmana al poder puso a prueba la popularidad y el pragmatismo del islamismo político y por ende será muy interesante ver de qué manera afectarán los eventos actuales  de Egipto a Hamas y la Hermandad Musulmana en Siria. Más aún, qué significa la caída del poder de la Hermandad Musulmana en Egipto para la gente de Jordania, Turquía y otros estados que enfrentan la posición popular al régimen gobernante. Esto aún queda por ver.
La caída de Morsi también plantea preguntas respecto del futuro de las relaciones de Egipto con Israel. Por un lado, la preocupación de Egipto por la convulsión política interna podría dar por resultado una política exterior más moderada, convirtiéndose así en una amenaza menor para Israel. Por otro lado, el estallido de una guerra civil podría crear un vacío en la península de Sinaí que daría a los radicales la oportunidad de ocuparlo. La seguridad de la península es muy importante para Israel y depende inherentemente de la capacidad de los militares de mantener la seguridad y estabilidad en Egipto.
Las fuerzas armadas tienen gran influencia en los asuntos políticos y económicos de Egipto ya que dominan aproximadamente 30% de la economía interna. También están muy integradas al sistema político del país. No obstante, han dado señales de su apoyo a las demandas del pueblo egipcio. Al destituir a Morsi, los militares negaron en su declaración que se tratara de un golpe de estado, afirmando que no pretendían hacerse cargo del gobierno. Más bien, las acciones de las fuerzas armadas parecen consolidar lo que consideran su rol tradicional como “Guardián de la República”. Esta actitud quedó resaltada por el hecho que durante el anuncio, el Ministro de Defensa Al-Sisi estaba rodeado por diversos líderes políticos y religiosos, entre ellos el Papa de la Iglesia Copta al-Tawadros II, el Gran Sheik de Al-Azhar, el líder de la oposición Mohammed al-Baradei y el líder fundador del movimiento Tamarrud, Mohammed ‘Abd al-Aziz. Esta reunión de líderes, junto con la insistencia de los militares de que actúan en nombre del pueblo, son un intento por exhibir un retorno al “egipcianismo”, una construcción de identidad que incorpora a todos los fragmentos de la sociedad egipcia y los une sobre la base de la nacionalidad.
En las protestas se pudo observar el retorno al “egipcianismo,” en lugar de al islamismo. En las recientes manifestaciones se vieron muchas fotografías del ex presidente Nasser, un socialista que promovió una agenda panárabe. Los egipcios claramente ansían tener un líder fuerte capaz de revivir su orgullo egipcio, lanzar reformas económicas, exigir un rol aceptable de la religión en la sociedad, y ubicar a Egipto a la vanguardia del mundo árabe.
Las manifestaciones indican que el pueblo sigue tan decidido como en 2011, cuando se manifestaba en contra de Mubarak. La gente demostró su rechazo a tolerar lo que estaba apareciendo como otra dictadura, tanto en la teoría como en la práctica. Los manifestantes señalaron que se debía escuchar la voz del pueblo no sólo en las urnas, sino después de la asunción, y en todo momento; ya no se le permitirá a un presidente, electo o no, que se convierta en dictador.
Lo que está ocurriendo en Egipto afecta no sólo a los egipcios sino también al resto de la región. Reconfirma el poder de las masas para decir “no” a un gobernante que hace oídos sordos a sus pedidos de una vida mejor. Señala la extensión de un período impredecible para Egipto, “el hombre enfermo del Nilo.” Quienquiera que reemplace a Morsi deberá hacer frente a los mismos graves desafíos políticos y económicos. Por ahora, lo único que podemos hacer es sentarnos y observar el desarrollo de los sucesos.
Centro de Moshe Dayan para los estudios medio-orientales y del africano es un centro de investigación interdisciplinario dedicado al estudio de la historia moderna y de los asuntos contemporáneos del Medio Oriente. Es una organización basada Israel dirigida entendiendo la historia moderna y las temas de actualidad de África y Medio Oriente. El centro intenta impartir una comprensión de último y presente medio-orientales a las audiencias académicas y generales, en Israel y al exterior. El centro es parte de la escuela de la historia y de la facultad de Lester y de Sally Entin de humanidad en Universidad de Tel Aviv.
Los orígenes del centro mienten en el instituto de Reuven Shiloah, primero establecido en 1959 bajo auspicios de la sociedad de Israel Oriental. En 1965, incorporaron al instituto de Shiloah en la universidad de Tel Aviv. En 1983, la universidad estableció el centro de Moshe Dayan, que combinó las unidades del instituto y de la documentación de Shiloah que trataban de el Oriente Medio. Amigos abundantes del atrasado Moshe Dayan levantó la dotación necesaria para establecer y para sostener el centro.
El centro de Moshe Dayan es gobernado por un consejo superior israelí, de acuerdo con el dictamen de un consejo consultivo internacional. Es administrado por un director académico. El centro es financiado por la universidad, una dotación, concesiones de la investigación, y contribuciones.
El centro de Moshe Dayan es la más vieja y más grande institución de su clase en Israel. Sobre los años, ha desempeñado un papel renombrado en iluminar Medio Oriente, con la investigación, publicaciones, conferencias, colecciones documentales, y servicio público. Su misión ha sido traer objetividad de estudiante al análisis de los temas que revuelven a menudo pasiones. El centro de Moshe Dayan no toma posiciones ni recomienda políticas. Intenta informar a la comunidad académica, a regidores, a los periodistas, y al público en general sobre las complejidades de el Oriente Medio, y así que de la paz del avance con entender.
 

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