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Ex combatiente del Ejército de Israel: “El momento más difícil de la rehabilitación es cuando salís del hospital, tenés que ser productivo y enfrentarte a la sociedad”

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“El año 2002 fue uno de los más duros y terribles”, deslizó el ex combatiente Shani Kotev durante una entrevista con la Agencia Judía de Noticias (AJN) en su estadía por Buenos Aires y narró su penosa experiencia en la que, en su rol de paracaidista, fue gravemente herido durante un operativo para liberar a rehenes en la Iglesia de la Natividad en Belén.
El 2002 es recordado como uno de los períodos más crudos de la Segunda Intifada, que comenzó en septiembre de 2000. “Cada día había un atentado, en micros, restaurantes, en la calle, pero el más terrible fue en un hotel de Netanya, durante la noche del seder de Pesaj (pascua judía): poco antes del inicio de la cena, entró un terrorista, gritó Ala Akbar (Dios es grande) y se explotó. Murieron allí unas 20 personas y muchos resultaron seriamente heridos”, recordó Shani.
Entonces, el gobierno del ex premier Ariel Sharon “decidió que tenía que hacer algo para cambiar la situación”. El primer ministro envió al Ejército a la zona de Cisjordania y a Gaza y empezó una gran operación para encontrar a los terroristas y las armas.
Shani –junto a su unidad de paracaidistas- peleó en las ciudades de Nablus, Schjem, Ramallah, Jenin, Tulkarem, Kalkilia y finalmente en Belén.
“En Belén, la situación era aún más complicada porque allí habían rehenes y los captores disparaban desde adentro del edificio. Solicitaban dinero, entre otras cosas. Además, el Vaticano había pedido especialmente al gobierno de Israel que intentara no dañar el edificio de la Iglesia”, dijo Shani a AJN.
Como el Ejército israelí debía aguardar a que los palestinos se rindieran, la unidad de paracaidistas empezó a realizar “pequeñas misiones”: “Trepé hasta una pequeña habitación dentro de la Iglesia y mientras escalaba un terrorista se acercó a la ventana y me disparó”, sentenció el ex combatiente.
“Estábamos cara a cara. Yo usaba un chaleco antibalas -de cerámica- para que las balas no puedan penetrar, por lo que de las cinco balas que me disparó, dos fueron detenidas por el chaleco, pero las otras tres impactaron en mis brazos, dos en el derecho y una en el izquierdo. Caí dos metros y, mientras comenzaba el combate, unos compañeros me sacaron de la zona”, explicó.
Shani fue trasladado al hospital Hadassah Ein Kerem. Junto con él, llegó el terrorista que le disparó. “Aunque él no sobrevivió, es una muestra de la moralidad del ejército de Israel, cuestionada por muchos medios masivos de comunicación. Yo no se si algún otro ejército del mundo evacuaría a un enemigo para intentar salvarle la vida”, apuntó.
En el hospital permaneció inconsciente durante cinco días, hasta que despertó y le tomó otras cuarenta y ocho horas comprender qué había sucedido. “Mis dos manos estaban totalmente paralizadas –aseguró Shani-, los doctores me decían que no sabían si iba a poder recuperar la movilidad”. Durante un año dependió de terceros para comer, bañarse, o cualquier acción que quisiera emprender y pasó por muchas operaciones y tratamientos.
“Estar en el hospital es fácil, no es divertido, pero no tienes preocupaciones, sabes tus horarios”, apuntó Shani y manifestó que “el momento más difícil de la rehabilitación es cuando salís del hospital porque tenes que enfrentarte a la sociedad, tenes que ser productivo, encontrar tu propia manera de rehabilitarte”.
Fue en ese instante cuando descubrió Beit Halojem (la casa del combatiente, centros de rehabilitación, tratamiento y actividades sociales para veteranos discapacitados del Ejército de Israel). “Beit Halojem” ayuda a la gente justo en ese momento, cuando se van del hospital; ayuda a la gente a recuperar su vida, su independencia, a encontrarse a ellos mismos de vuelta luego de las heridas”, reflexionó, siempre en diálogo con esta agencia.
Shani, que participa del centro Beit Halojem en Jerusalem –la ciudad donde vive y es guía turístico- apuntó que los centros “no son sólo para los heridos, sino también para las familias”. Beit Halojem además representa a Israel en deportes –muchos de sus miembros participan en los Juegos Paraolímpicos-, en artes y cultura -con exhibiciones alrededor del mundo-.
“Nosotros (los ex combatientes) no queremos lástima, estamos muy orgullosos”, afirmó y señaló que Israel, en los últimos diez años “se convirtió en un lugar muy accesible”.
“La sociedad respeta mucho a los heridos en la guerra, pero después de un tiempo los olvida. Por eso es muy importante Beit Halojem porque si un tiene una herida severa, la va a llevar toda la vida”, expresó Shani haciendo referencia a aquellos cuyas marcas físicas no se ven “pero tienen traumas por el resto de su vida”.
BK-SJS

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