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Una multitud celebró conmovida el Jueves Santo en Jerusalén

LA BASILICA DEL SANTO SEPULCRO
Una multitud celebró conmovida el Jueves Santo en Jerusalén

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Jerusalén está a pleno. Los hoteles están colmados. Las calles testimonian la fuerte presencia de cristianos –y en menor cantidad de judíos– llegados de todo el mundo. La ciudad de las tres grandes religiones monoteístas lucía más religiosa y más plural que nunca.
Ayer, Jueves Santo y en la basílica del Santo Sepulcro, era una tarea ímproba entrar a El Cenáculo, que evoca la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, y a la iglesia de Gethsemani, que recuerda su detención. Nadie parecía darle importancia al alerta máximo bajo el que están las fueras de seguridad israelíes ante el temor de atentados.
La coincidencia este año de la Pascua judía y la Semana Santa, pero sobre todo la disminución de episodios violentos explican el fenómeno. La afluencia de peregrinos se detuvo abruptamente a partir del 28 de setiembre de 2000 cuando estallaron graves enfrentamientos entre israelíes y palestinos.
Recién el año pasado empezó a insinuarse un lento retorno a la normalidad. Llamaba la atención ayer cómo se entremezclaban los judíos ortodoxos que iban a rezar delante del Muro de los Lamentos con los cristianos de las más diversas nacionalidades.
La celebración nocturna en Gethsemani, a la misma hora en la que fue detenido Jesús, dejó a mucha gente fuera del templo. Solo quienes llegaron antes, entre ellos un grupo argentino, pudieron entrar. Los frailes franciscanos que hace siete siglos custodia los santuarios en Tierra Santa, llevaron adelante el oficio en varias lenguas. La celebración tuvo un cierre impactante: una peregrinación de antorchas subió el Monte de los Olivos hasta lo que fue la casa de Caifás, adonde fue conducido Jesús.
En la basílica del Santo Sepulcro, el arzobispo Michel Sabah, patriarca latino y máxima autoridad católica, ofició la misa que conmemora la institución de la eucaristía. Sabah, toda una figura, pidió desarrollar «una nueva visión de Tierra Santa» para renovar la fe en Dios y en los hombres, y así «superar las barreras confesionales o nacionales» y lograr una paz que por ahora parece «un proyecto imposible» .
La concentración de fieles en Jerusalén, escenario de los hechos que se evocan en la Semana Santa, hizo que se visitaran menos otros lugares santos como los ubicados en Galilea. Era característico ver a las delegaciones con sacerdotes y religiosas al frente que rezaban en todos los idiomas. Sorprendió ver a un nutrido grupo de fieles de la India con sus ropas típicas. Como en la peregrinación del Domingo de Ramos, los árabes cristianos mostraron un singular fervor.
La nota curiosa la puso un grupo de judíos ultraortodoxos que intentó ingresar al Monte del Templo, donde está la explanada de las Mezquitas, para sacrificar un cordero.
Pero la policía lo impidió. Al lado, está el Muro de los Lamentos y poco más alla la basílica del Santo Sepulcro. Los cristianos debieron asumir que durante estos días deben comer el pan ácimo, sin levadura, como exige la tradición judía durante la Pascua y que en Jerusalén los judíos hacen cumplir puntillosamente a los hoteleros.
Este Viernes Santo toda la expectativa está puesta en el Via Crucis que recorrerá las callejuelas de Jerusalén.
Se presume que, ante la gran afluencia de peregrinos, será caótico. Sin embargo, no parece que sean muchos los que piensen dejar de ser de la partida. •

Sergio Rubín.
Clarin

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