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«Paloma en la paz, halcón en la guerra»

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Esas fueron las palabras que tuvo que pronunciar Eitan Haber el 4 de noviembre de 1995, pocas horas después del atentado en la Plaza Central de Tel Aviv, frente al público que aguardaba angustiado a la entrada del hospital Ijilov.

Haber había pasado más de cuatro décadas al lado de Rabin, habiéndolo conocido cuando era un soldado en el servicio regular y Rabin era el jefe del Comando Norte del ejército. Luego, fue su portavoz y luego su jefe de despacho.

Cuando Ariel Sharon emprendió el camino hacia la retirada de la Franja de Gaza, muchos se preguntaron qué le pasó, qué proceso vivió que cambió de esa forma. En Rabin hubo cambios similares. De ser visto como «Sr. Seguridad» se convirtió en un referente del proceso de paz.

Yo creo que tanto Sharon, como otros que estuvieron antes en su lugar y cambiaron de posiciones, sintieron sobre sus hombros la responsabilidad por el destino del pueblo judío.

Y creo que media hora después de empezar a trabajar, se dijo a sí mismo: «Estamos en medio de un océano de pueblos árabes. ¿Cómo quedaremos con vida?».

Y entonces comprende la dimensión de la amenaza demográfica, ve la amenaza del poderío nuclear iraní y entiende que tiene que empezar a buscar la paz.

Pero Rabin tuvo en su momento posiciones de extrema derecha…

Rabin no tenía sueños imperialistas, pero él era quien no permitía dialogar con la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y quien lo hacía iba a prisión.

También dijo en la primera intifada que hay que «romperles los brazos y las piernas», refiriéndose a los palestinos…

De izquierda a derecha: Itzjak Rabin, Bill Clinton y Yasser Arafat
Rabin consideraba que Arafat era un símbolo del terrorismo.
Así es, porque Rabin era una paloma blanca y pura en la paz, pero un súper halcón en la guerra.

A Rabin se le conocía ante todo como «Sr. Seguridad» y recién después como «Sr. Paz».

Yo creo que la combinación más apropiada es llamarle «soldado de la paz». Era un gran militar, de los más importantes sin duda que haya tenido Israel. Pero cuando llegó a la conclusión que era imperioso hacer todo el esfuerzo necesario para lograr la paz y de que para ello habría que hacer concesiones, pues fue el que tomó la iniciativa al respecto.

Aunque no le fue fácil. Se le notaba claramente incómodo aquel 13 de septiembre de 1993, cuando al firmarse en la Casa Blanca la Declaración de Principios con la OLP, tuvo que estrecharle la mano a Yasser Arafat.

Para Rabin, Arafat era símbolo de terrorismo y asesinato. Él dijo explícitamente que «este hombre tiene mucha sangre en las manos». No le gustaba Arafat. Para nada. Lo detestaba, aunque no quiero decir que lo odiaba.

Y antes de firmar el acuerdo de Oslo, nos dijo a nosotros y creo que también dijo afuera: «Yo quisiera firmar un acuerdo de paz con el Príncipe de Mónaco y la Reina de Holanda, pero la paz se firma con los enemigos y Arafat es el principal enemigo».

Antes del asesinato, parecía que todo se veía venir. Había mucha incitación. ¿Rabin no tenía miedo?

Primer ministro israelí, Ariel Sharon.
Cientos de personas serían capaces de atacar a Sharon, dijo el ex portavoz de Rabin.
Si hay algo de lo que nos lamentamos hasta hoy todos los que trabajábamos en la oficina del Primer Ministro, es que no logramos que tomara en serio las advertencias.

Cuando se le dijo que necesitaba una guardia más estrecha y que se debe cuidar, se reía de todos.

Pero debo ser honesto: jamás pensamos que un judío haría algo así. Aprendimos de él a no dar importancia a todos los que lo criticaban. Y pagamos el precio, hasta el final.

Se publicó un sondeo del instituto «Dahaf» de opinión pública, según el cual uno de cada cinco ciudadanos israelíes, o sea el 20%, estarían dispuestos a dar amnistía al asesino, Ygal Amir. ¿Eso le sorprendió?

No me sorprendió porque en este país hay cientos de miles de personas de derecha que, no es necesariamente que quieran que se libere el asesino, pero sí que están muy enojados con el premier Sharon por la retirada de Gaza.

Y todo lo que les recuerda en algo que está contra Sharon, contra Rabin, contra la retirada, los lleva a decir cosas así.

Ygal Amir no fue un caso aislado…

No, en absoluto. Creo que hay hoy cientos de personas que serían capaces de empuñar un arma para atacar al Primer Ministro.

Hoy en día hay gente de enfoque mesiánico convencida de que esta tierra es sólo nuestra y sagrada para nosotros, que podría atacar al primer ministro como lo hicieron con Yitzhak Rabin. No tengo ninguna duda. El ambiente hoy en día en el país, prepara el terreno para otro magnicidio.

Puede pasar hoy, mañana, dentro de una hora.

¿Le recomendaría a Sharon tener cuidado?

Si yo fuera el jefe de la unidad encargada de proteger al Primer Ministro en el Servicio de Seguridad de Israel, no dormiría tranquilo ni una noche.

¿Y qué diría hoy, que el gobierno formado por quienes criticaban a Rabin, se fue de la Franja de Gaza?

A Yitzhak Rabin no se le puede devolver a la vida. Pero los primeros que tienen que venir a pedir perdón son los ministros del actual gobierno de Israel.

Que se paren en una fila larga y se disculpen, porque casi todos votaron al aprobar la retirada de Gaza, por el camino de Yitzhak.
BBC.-

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