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El mérito de un gran dirigente

Por Iton Gadol
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Itongadol.- Este martes, en el cementerio de La Tablada, despedimos a Miguel Toimaher Z’L.

Era un hombre de modos delicados, afectuoso y respetuoso. Su humildad era un sello inconfundible de su personalidad.

Miguel supo cruzar los puentes más difíciles como presidente del Seminario Rabínico Latinoamericano, incluso sosteniendo duras discusiones con los líderes ortodoxos de la Argentina para defender a la gran población de la familia Masortí, siempre con su profundo judaísmo en una mano y su amor por Israel en la otra.

La respuesta a su inmensa labor de dirigente fue ver en su velatorio al Rabino Samuel Levin, líder del Bloque Unido Religioso (BUR), que actualmente preside la AMIA.

Todo esto teniendo en cuenta que Miguel fue miembro fundador de la lista Una AMIA, que se presenta actualmente como una importante alternativa para las próximas elecciones de la kehilá.

Ariel Stofenmacher y Alejandro Avruj tuvieron a su cargo acompañar a la familia de Toimaher en el entierro y una de las imágenes más impactantes fue ver a los alumnos de Seminario Rabínico que, con un enorme cariño y ejemplo, dejaron en claro la enorme tarea de Miguel y su gran legado.

Palabras del Rabino Alejandro Avruj:

Este mes es el del diluvio universal. La imagen de Noé, la del diluvio, es la del personaje que siente que de pronto todo el mundo alrededor cambia. Hay una tempestad que arrasa todo y que hace que nada de lo que conocía sea como era. Uno puede quedarse con la historia conocida y famosa del arco iris con los animalitos, o ver que realmente la de Noé es una de las historias más cotidianas y contemporáneas que podamos conocer, cuando una tormenta de pronto da vuelta toda la vida que uno tiene. Eso pasa con las pérdidas enormes. En los familiares, en lo personas, en el fin de semana, en el amor, en lo cotidiano de los días, en el trabajo, en un montón de cosas. Cuando digo en lo familiar, lo digo por su mujer, sus hijos, pero también desde lo familiar comunitario y de nuestro movimiento. Porque como movimientos somos una familia. Con todos nuestros logros y problemas. Peleas y triunfos. Celebramos de pronto cosas cada fin de semana, y nos angustiamos y volvemos a pelear en la semana. Miguel definitivamente tenía un lugar de privilegio en esta familia. Porque el lugar que ocupaba no solamente como presidente del Seminario, sino como líder de todo el movimiento, era indiscutible. Sabía golpear la mesa donde había que hacerlo, y sabía sonreír y sentarse para charlar y conversar. Hasta hace minutos estábamos planificando el futuro de la comunidad. En los últimos audios que intercambiamos, él solamente estaba preocupado por lo que había que hacer en la comunidad, no hablaba del médico, de si estaba internado. Y la verdad que cuando alguien parte es como lo que le pasó a Noé. De pronto hay que pensar cómo se rearma todo. También nos dice la tradición que en este mes terminó el diluvio. Bajó el agua y todo lo inspirado en aquel diluvio volvió a empezar. Entonces nos dicen los místicos que en realidad, el diluvio es lo que nosotros vimos desde nuestra pequeñez humana. Vimos lluvia. Pero en realidad, lo que D’s hizo fue agarrar al mundo para que empiece todo de vuelta. D’s nos da y D’s no nos quita. D’s nos vuelve a dar una nueva oportunidad, para repensarnos, para renovarnos y ver lo que hacemos. El enorme mensaje que nos tenemos que llevar de Miguel es la responsabilidad por seguir generando askanim de su talla. Un trabajo fenomenal. Porque es muy lindo hablar de la continuidad del pueblo judío, pero el desafío es que en homenaje y en su nombre, generemos voluntarios que pongan su corazón en pos de la continuidad.

Palabras del Rabino Ariel Stofenmacher:

Despedir a un amigo es terrible, difícil. Como hay tantas cosas para decir, voy a celebrar sus 70 años sólo con dos temas: la amistad y el liderazgo. Yo lo conocí a Miguel hace solamente 10 años en un café de Punta del Este. Ambos habíamos sido convocados para conformar el nuevo consejo directivo del Seminario. Desde entonces, se forjó en nosotros una gran amistad. Con él aprendí lo que es tener un amigo: alguien que está siempre, que comparte, que está en las buenas y en las malas. Que cuando necesitás ayuda, te la da sin que se la pidas.
Miguel fue sin dudas uno de los mayores líderes comunitarios de los últimos 100 años. Pero él no se sentía un líder comunitario, porque su liderazgo nacía de su alma judía. Él se enojaba cuando había que enojarse. Golpeaba la mesa cuando había que golpearla. Ponía plata cuando hacía falta, viajaba cuando se necesitaba y ayudaba a todo el mundo. Quizás la esencia del liderazgo del alma judía de Miguel la voy a resumir en dos cosas. Una, el día viernes, tuve el raro honor de estar con sus familiares, esperando que el alma de Miguel saliera del cuerpo. Miguel estaba… perdido quizás. Y le dijimos: “Querés decir el shemá” y respondió que sí. Y palabra por palabra lo fue repitiendo.
El segundo tema él era un constructor de puentes. Él me llevó a hablar con el presidente del Movimiento Reformista de Israel. Y él fue el que se sentó con el Rab. Levin para tratar de hacer puentes entre todos, entendiendo que somos un solo pueblo.
El Talmud dice que los Tzadikim, aun cuando mueren, están vivos. Están vivos en su familia, en sus hijos, en nosotros, en su legado, en su misión.

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