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Opinión | El nuevo peligro grave para los judíos de Israel: otros judíos

Por M S
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Cuando los extremistas atacan a los judíos en cualquier parte del mundo, exigimos arrestos y protección gubernamental. Lo mismo debemos hacer en Israel.

Itongadol/Agencia AJN.- La sensación de angustia está creciendo entre muchos judíos de todas las corrientes políticas, una sensación de que el mundo se está volviendo más hostil hacia nosotros. Sabemos que no es infundada: los ataques contra judíos en todo el mundo aumentaron en los últimos años, especialmente desde los atentados del 7 de octubre y la posterior ofensiva de Israel en la Franja de Gaza. En mayo, dos jóvenes diplomáticos fueron asesinados en Washington D.C. En junio, un cóctel molotov hirió a doce personas durante una carrera semanal en Boulder organizada en apoyo a los rehenes israelíes. En Yom Kippur, un terrorista embistió con su auto una sinagoga en Mánchester, y dos personas murieron por disparos de la policía.

Cuando los judíos son atacados, arrestados o golpeados en cualquier parte, nos movilizamos para apoyarlos. No preguntamos por quién votan o cómo rezan. Nuestras organizaciones más influyentes inmediatamente publican comunicados, posteos en Instagram y videos en redes sociales, proclamando con firmeza: “el nunca más es ahora”.

Pero mientras seguimos de cerca las amenazas provenientes de supremacistas blancos en la derecha y de activistas pro palestinos extremos en la izquierda, estamos pasando por alto un nuevo riesgo para los judíos. Tras dos años de guerra que dejaron miles de muertos, ahora estamos presenciando un incremento de la violencia extremista perpetrada por judíos y dirigida contra víctimas judías.

Tomemos esta lista parcial solo de las últimas semanas:

-Yuval Ben Ari, un reservista israelí que protegía a cosechadores palestinos de aceitunas, fue golpeado con garrotes y piedras por colonos israelíes.

-Oded Yedaya, director de la escuela de arte Minshar, fue hospitalizado tras ser atacado por colonos israelíes mientras filmaba sus amenazas.

-La rabina Dana Sharon resultó herida por un dron operado por colonos israelíes vestidos con uniformes del ejército, que luego dispararon munición real.

-Alec Yefremov fue arrestado, esposado y desnudado tras increpar al ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir.

-Guy Peleg, periodista del Canal 12 de Israel, fue bloqueado y agredido por activistas de derecha después de dar una charla en Tel Aviv.

-Haviva Ner David y el rabino Ian Chesir-Teran fueron detenidos simplemente por sentarse en silencio frente a la casa del ministro Amichai Chikli con un cartel.

Las motivaciones eran distintas, pero todos los ataques fueron cometidos por personas que creen en la supremacía judía y desprecian el estado de derecho, los derechos humanos, la libertad de expresión, el derecho a la protesta no violenta y el valor de la democracia.

En Cisjordania, la Hill Top Youth, un grupo informal de colonos extremistas y supremacistas, lleva años perpetrando pogromos contra comunidades beduinas y palestinas locales. Su fanatismo golpea a cualquiera que se interponga en su camino hacia una redención mesiánica, incluso cuando esos obstáculos son otros judíos que acuden a proteger a palestinos.

Acoso normalizado

Sin embargo, el hostigamiento no se limita a Cisjordania. Haviva Ner David, Guy Peleg y un profesor de la Universidad Ben-Gurión fueron atacados por protestar, informar con honestidad o hablar libremente. Es decir, fueron atacados por atreverse a oponerse a las acciones del gobierno israelí. Estas agresiones aterradoras se están volviendo rutinarias, incluso normalizadas, infiltrándose en los cimientos mismos del Estado de Israel.

El problema no es solo la violencia en sí, sino la respuesta oficial —o su ausencia—. Consideremos dos incidentes similares: en Londres, activistas pro palestinos irrumpieron en el aula de un profesor israelí en el City College, exigiendo que fuese despedido y acusándolo de responsabilidad por la masacre de Sabra y Chatila porque había servido en las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés) en esa época.

En la Universidad Ben-Gurión de Beersheba, el diputado Almog Cohen encabezó un grupo que entró por la fuerza en la clase del profesor Sebastian Ben-Daniel, pidiendo su despido por publicaciones en redes sociales contra la guerra en Gaza.

Las respuestas no pudieron ser más diferentes: en Londres, la policía del campus expulsó inmediatamente a los intrusos, cientos de académicos firmaron una carta de apoyo y el Parlamento debatió el incidente. En Israel, un miembro de la Knesset (Parlamento) lideró el ataque él mismo, con una pistola visible en el cinturón. La seguridad del campus evacuó al profesor, no al agresor, y la Knesset no emitió ninguna condena.

Si judíos fueran atacados de esta manera en París, Londres, Nueva York o cualquier otro lugar fuera de Israel y Cisjordania, las organizaciones judías principales expresarían apoyo, exigirían arrestos inmediatos, pedirían mayor protección policial e insistirían en la responsabilidad del gobierno. Si judíos fueran agredidos por expresar sus opiniones en redes sociales, protestar pacíficamente o realizar periodismo de investigación, el clamor público sería ensordecedor.

Pero cuando judíos atacan a otros judíos en Israel —con impunidad y en ocasiones bajo la mirada de la policía y las IDF— miramos para otro lado. O restamos importancia al asunto, atribuyéndolo a unas pocas “manzanas podridas”. Como muchos sentimos una profunda conexión con el pueblo de Israel, resulta doloroso y difícil reconocer la normalización de la supremacía judía y la creciente aceptación de la violencia contra quienes piensan distinto.

Bajo la vigilancia del actual gobierno israelí, de extrema derecha, y bajo fuerzas de seguridad que ignoran o incluso apoyan a estos alborotadores y vigilantes judíos, tanto judíos como palestinos están en riesgo.

¿Qué provocó este aumento de la violencia de judíos contra judíos? Probablemente hay muchos factores. La explicación más indulgente lo atribuye al trauma del 7 de octubre y al estrés de dos años de guerra. Pero también se puede recordar a Yeshayahu Leibowitz, quien advirtió que la ocupación militar y la deshumanización de los palestinos corromperían el alma del público israelí. Leibowitz predijo que las prácticas que se normalizan en Cisjordania y Gaza terminarían aplicándose a ciudadanos israelíes dentro de Israel.

La violencia de judíos contra judíos todavía no alcanzó los niveles de violencia contra árabes israelíes (como las agresiones a conductores de colectivos en Jerusalem), ni contra palestinos en Cisjordania y Gaza. Pero está creciendo y es alarmante.

Si las comunidades y organizaciones judías están comprometidas con la protección de los judíos, estamos fallando en esa misión cuando se trata de la violencia extremista de judíos en Israel y Cisjordania.

El judaísmo global alza la voz cuando los judíos son atacados en cualquier parte del mundo, y debe exigir al Estado de Israel lo mismo que exigiría a cualquier otro país democrático: que proteja a todos sus ciudadanos, garantice la libertad de expresión y protesta, y procese a quienes cometen violencia política.

Si nos importa la seguridad judía, no podemos guardar silencio ante la violencia judía.

Fuente: The Times of Israel

Autora: Esther Sperber. Nacida y criada en Israel, vive en Nueva York desde hace 25 años. Es una de las líderes del Foro de Familias de Rehenes en Nueva York y de las protestas pro democracia.

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