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Opinión | Una nueva política palestina también podría cambiar a Israel

Por M S
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Itongadol/Agencia AJN.- (Gershon Baskin – The Times of Israel) ¿Por qué yo, un israelí, escribo sobre los partidos políticos palestinos? Porque me importa el pueblo palestino y la creación de un Estado palestino independiente, y porque existe una única solución a este conflicto que puede garantizar libertad y dignidad para los palestinos, al tiempo que preserva a Israel como el Estado-nación democrático del pueblo judío, con plena igualdad para todos sus ciudadanos: dos Estados, Israel y Palestina, viviendo uno junto al otro en paz y seguridad.

También escribo porque israelíes y palestinos no viven en universos políticos separados. La política de ambas sociedades está profundamente entrelazada. Lo que hace y dice una de las partes —y aquello que no hace o se niega a hacer— afecta directamente a la política de la otra.

Cuando los israelíes eligen líderes que niegan la existencia del pueblo palestino, apoyan la anexión y hablan de expulsar a los palestinos de sus tierras, fortalecen a aquellos palestinos que sostienen que Israel solo entiende la fuerza. Cuando los palestinos glorifican la lucha armada, celebran ataques contra civiles o continúan hablando de eliminar a Israel, fortalecen a aquellos israelíes que insisten en que no existe un socio palestino para la paz.

Los extremistas de ambos lados se alimentan mutuamente. Cada parte señala a la otra como prueba de que el compromiso es imposible. Romper este ciclo destructivo requiere valentía política, pero también genera una oportunidad: un cambio positivo de un lado puede fortalecer a las fuerzas de cambio del otro.

Israel celebrará elecciones antes que los palestinos. Los israelíes votarán el 27 de octubre, mientras que las elecciones legislativas palestinas están previstas para el 28 de noviembre. Pero los palestinos pueden influir desde ahora en el clima en el que los israelíes acudirán a las urnas, a través de los partidos que formen, los líderes que eleven y los compromisos políticos que asuman.

Los líderes israelíes no demostraron que Israel esté dispuesto a ser un verdadero socio para la paz. El gobierno de Netanyahu ofreció a los palestinos ocupación, asentamientos, desplazamiento y conflicto permanente, en lugar de una perspectiva política creíble.

Pero ese fracaso otorga a los palestinos la oportunidad de demostrar algo diferente: que, pese a los horrores en la Franja de Gaza, la violencia y el despojo en Cisjordania y décadas de decepciones, existe un sector palestino dispuesto a abrir el camino hacia la paz.

Esto no se trata de eximir a Israel de su responsabilidad de poner fin a la ocupación y reconocer el derecho del pueblo palestino a la independencia. Se trata de que los palestinos ejerzan su propia capacidad de acción política y se nieguen a permitir que los sectores israelíes contrarios a la paz determinen su futuro.

La política palestina necesita urgentemente una renovación. Fatah, Hamas, el Frente Popular para la Liberación de Palestina y la mayoría de las facciones existentes son movimientos políticos del pasado. Pertenecen a otra era política y continúan hablando con el lenguaje, los símbolos y los lemas de luchas que fracasaron.

La lucha armada no liberó a Palestina. Provocó un sufrimiento, una muerte y una destrucción enormes para el pueblo palestino. El 7 de octubre y todo lo que ocurrió después deberían dejar claro que creer que la violencia contra los israelíes acercará la libertad palestina tiene consecuencias catastróficas. El resultado fue el contrario: Gaza devastada, la derecha israelí fortalecida y la creación de un Estado palestino cada vez más lejana.

Hamas no tiene un programa político creíble para la liberación, la reconstrucción o un gobierno democrático. Ningún partido que busque la desaparición de Israel, justifique ataques contra civiles o insista en mantener una fuerza armada independiente puede ser un socio legítimo para construir un Estado palestino democrático. Debe existir un solo gobierno elegido, una sola ley y una única autoridad armada legítima: el Estado.

Fatah también necesita un cambio fundamental. Merece reconocimiento por haber adoptado la diplomacia y aceptado el marco de dos Estados, pero se asoció con un liderazgo envejecido, corrupción, parálisis política y ausencia de rendición de cuentas democrática. Si Fatah quiere volver a ganarse el derecho a liderar al pueblo palestino, debe reformarse, renovar su liderazgo y romper inequívocamente con la simbología y el lenguaje de la lucha armada.

Un paso simple pero poderoso sería eliminar las armas de la bandera y los símbolos de Fatah. Un movimiento político que busca el reconocimiento internacional de un Estado palestino debería presentarse como un movimiento de democracia, construcción institucional y liberación pacífica, no como una organización armada de la década de 1960.

Los palestinos necesitan nuevas voces, nuevas visiones y nuevos líderes, incluidos muchos más jóvenes y mujeres. Necesitan partidos comprometidos con la democracia, un gobierno transparente, la rendición de cuentas, la no violencia y la independencia palestina. Necesitan líderes que digan la verdad a su pueblo: Israel no va a desaparecer, y la libertad palestina no se alcanzará negando el vínculo del pueblo judío con esta tierra ni su derecho a la autodeterminación nacional.

El proceso de paz también debe cambiar. No se debería pedir a los palestinos que acepten otro proceso provisional al estilo de Oslo: otra serie de etapas, comités y negociaciones indefinidas que no conducen a ninguna parte. El destino debe acordarse desde el principio: un Estado palestino independiente, soberano y viable junto a Israel.

Un proceso de este tipo necesitaría un fuerte respaldo internacional y regional, con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, potencialmente desempeñando papeles de liderazgo. La creación del Estado palestino debería integrarse en un marco regional más amplio que incluya la paz entre israelíes y palestinos, la normalización entre Israel y Arabia Saudita, garantías de seguridad regional y grandes inversiones económicas en Palestina, Israel y Medio Oriente.

El proceso debe tener un calendario definido, obligaciones claras y consecuencias ante posibles incumplimientos. Debería combinar la reforma política e institucional palestina con un camino irreversible hacia la creación de un Estado. La seguridad no puede postergarse hasta después de la paz, y la libertad palestina no puede quedar aplazada hasta una fecha indefinida. Ambas deben avanzar de manera simultánea.

Nuevos movimientos palestinos como New Path, liderado por Samer Sinijlawi, ofrecen esperanza porque intentan utilizar un lenguaje político diferente: democracia en lugar de autoritarismo, rendición de cuentas en lugar de corrupción, realismo en lugar de consignas y no violencia en lugar de una lucha armada interminable.

Si New Path u otros movimientos nuevos finalmente tienen éxito deberá decidirlo el electorado palestino. Pero su aparición es importante porque los palestinos necesitan una verdadera alternativa a Fatah, Hamas y las facciones del pasado.

Un Fatah reformado también podría formar parte de esta renovación, pero la reforma debe ser real. Cambiar a algunos candidatos mientras se mantiene la misma cultura de liderazgo, los mismos símbolos y los mismos métodos no será suficiente.

Si una nueva fuerza política palestina obtiene un apoyo significativo sobre la base de un programa de dos Estados, no violencia, democracia y reconocimiento mutuo, esto tendría repercusión dentro de Israel. Cuestionaría la principal afirmación de la derecha israelí de que Israel no tiene un socio. Y obligaría a los líderes de la oposición israelí a responder una pregunta directa: si los palestinos demuestran que están realmente preparados para la paz, ¿están ustedes preparados para ser también un verdadero socio?

Gadi Eisenkot y otros líderes israelíes que buscan reemplazar a Netanyahu deberían poder afirmar claramente que, si los palestinos eligen líderes comprometidos con la paz, el reconocimiento y la seguridad, Israel trabajará con ellos para poner fin al conflicto y establecer un Estado palestino junto a Israel.

Esa declaración no debería depender por completo del comportamiento palestino. Los líderes israelíes deben tener el coraje de defender la paz porque es necesaria para el propio futuro de Israel. Pero un cambio genuino en la política palestina haría mucho más difícil que pudieran eludir esa cuestión.

Los palestinos tienen todas las razones para sentirse traicionados, enojados y abandonados. Sin embargo, también poseen el poder de cambiar la ecuación política. Pueden rechazar las facciones, las estrategias y el lenguaje fracasados del pasado. Pueden elegir un liderazgo que presente al mundo —y a los votantes israelíes— una visión creíble de una libertad palestina alcanzada mediante la democracia, la diplomacia y la paz.

Los israelíes deben cambiar su política. Los palestinos deben cambiar la suya. Si ambos pueblos comprenden que sus futuros están conectados, las próximas elecciones podrían convertirse en algo más que otra disputa por el poder. Podrían marcar el comienzo de una nueva era política y el inicio del fin de este conflicto.

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