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Abú Mazen es un traidor y un colaboracionista de Israel y EEUU

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(EFE).- Votar en las elecciones de mañana significa para muchos palestinos ceder a la ocupación y a los intereses de Israel y de Estados Unidos y para otros tantos, la esperanza de que se abra una era de paz de la mano del «amigo de Arafat».
«Yo votaré mañana a Abú Mazen porque él ha dicho que seguirá el camino de Arafat», dice Sari al Abed, de 71 años, sentado con un grupo de amigos en la cafetería Daruish, en el centro de Ramala.
Al Abed considera que Abú Mazen es «el amigo» y, por tanto, sucesor natural del histórico líder palestino Yaser Arafat, muerto el año pasado; y ello a pesar de los sonados enfrentamientos entre ambos registrados estos últimos años.
Se trata del principal mensaje de la campaña de Abú Mazen, cuyas pancartas electorales cubren las calles de Ramala.
«Por tu camino… lograremos el sueño palestino», reza el más ubicuo de los carteles y en el que aparece el rostro de Arafat junto al de Abú Mazen, máximo favorito en las elecciones mañana.
Y el hecho es que Abú Mazen, de 69 años, es el candidato de Al Fatah, el principal movimiento palestino que dirigía Arafat hasta su muerte, el 11 de noviembre del año pasado.
En la cafetería, sentado ante Al Abed, que trabajó como comerciante durante trece años en Nicaragua y Panamá y habla un español muy correcto, se encuentra Mustafa Hamadán, de 57 años.
Por el contrario Hamdán, que lleva en el paro «desde que llegó Arafat y su pandilla» a los territorios palestinos a mediados de la década de 1990, no tiene la menor intención de votar.
«Abú Mazen es un traidor y un colaboracionista de Israel y EEUU y son ellos a quienes va a vender nuestra tierra», dice sin titubear.
«No voy a votar porque ninguno de los candidatos me convence y si lo hiciera no me quedaría con la conciencia tranquila», añade.
Hoy, un día antes de las elecciones presidenciales palestinas, se respira en Ramala un ambiente más relajado de lo normal, incluso festivo, alumbrado por un sol resplandeciente que no despeja el frío reinante.
Los funcionarios no trabajan por ser «jornada de reflexión» y en las calles con las tiendas y cafeterías con las puertas abiertas de par en par, hay mucha actividad.
Por su parte, el propietario de la cafetería, Shaban Abú Sharif, de 49 años, se acerca con su enorme bigote a la mesa de Al Abed y Hamdán con ganas de sumarse a la tertulia matutina.
«La elecciones celebradas bajo ocupación militar no tienen valor porque no hay libertad y nos han sido impuestas», sostiene.
Este último es un argumento que niega tajantemente Rauf Maliki, arquitecto palestino de 47 años, que ha pasado también buena parte del día con sus amigos, todos ellos profesionales, en una cafetería.
«La mayoría de los palestinos piensan que es importante participar en las elecciones para ejercer nuestro derecho democrático del que hemos sido privados durante décadas por la ocupación israelí», dice Maliki, también con muy buen dominio del español, tras siete años en Colombia.
«La celebración de elecciones es algo que exigimos desde hace años», apostilla.
Maliki tiene previsto votar en blanco, porque quiere ejercer su derecho a votar, pero no quiere que Abú Mazen obtenga una mayoría absoluta como la que se registra en los comicios en los demás países árabes.
Sentado a su derecha, Jalid Hurani, pintor de 39 años, tiene previsto votar a Abú Mazen y no al candidato de su partido, Basam Salhi, que representa el Partido del Pueblo, el antiguo Partido Comunista palestino.
«Abú Mazen es el representante del principal movimiento político palestino Al Fatah, y si somos sinceros, él es el único que puede introducir reformas en las instituciones palestinas», señala.
Hurani valora también que Abú Mazen sea presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que aglutina a las principales facciones palestinas dentro y fuera de los territorios, lo que -en su opinión- compensa el hecho de que sólo participen en las elecciones mañana palestinos de Cisjordania y Gaza.
Además, Hurani apoya, como el candidato de Al Fatah, el fin del uso de armas de fuego en la «Intifada».
Tanto para Hurani como para Maliki las elecciones, se vote a quien se vote, son un paso para acabar con la ocupación israelí

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