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KKL. Nuevos biofiltros purifican el agua de escorrentía superficial para su reutilización

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Itongadol.-Dos nuevas instalaciones de biofiltro construidas por el KKL en Ramla y Bat Yam han demostrado su eficacia durante las últimas tormentas en Israel. Las mismas han sido diseñadas para permitir el acopio del agua de escorrentía, purificada a través de métodos físicos y biológicos amigables con el medio ambiente y posteriormente canalizada a los acuíferos como agua limpia. Estos nuevos biofiltros se incorporan a otro anterior que desde hace algunos años opera con éxito en Kfar Saba.

Todos los años se desperdician en Israel doscientos millones de metros cúbicos de agua de lluvia que fluyen hacia la costa, en donde contaminan las playas, el mar y la vida marina. El novedoso proyecto del biofiltro está diseñado para permitir que el agua de lluvia sea reutilizada, a fin de evitar la contaminación e impedir que los niveles del agua subterránea sigan descendiendo.
 
La tecnología ha sido desarrollada en Australia y el KKL promueve su uso en Israel con el apoyo de los Amigos del KKL en Australia. Las nuevas instalaciones en Ramla y Bat Yam fueron creadas con ayuda de Donantes a la Alcancía Azul y miembros de Club de Oro del KKL en Australia.
 
"Cuando el agua de lluvia fluye por las calles de la ciudad recoge diversas sustancias tóxicas", explicó Haim Messing, director de la Región Central del KKL. "Esta agua se desperdicia y en realidad causa daños, porque contamina los ríos, las napas subiterráneas y el mar. Esta novedosa iniciativa nos permite transformar una molestia en un recurso valioso".
 
 
Los sistemas de monitoreo instalados en los tres biofiltros muestran que la tecnología opera extremadamente bien: el agua de escorrentía contaminada que ingresa a la instalación la abandona purificada casi al punto de ser apta para consumo. Estas aguas tratadas pueden ser inyectadas en las napas subterráneas o usadas para riego de jardines y cultivos de todo tipo.
 
Los datos señalan que el tratamiento con el biofiltro elimina el 99.99% de los contaminantes. Aun un no científico puede ver la diferencia; basta con una mirada a las jarras de agua recogida en Ramla y Bat Yam durante la tormenta de hace unos días: el agua recogida antes de su ingreso al sistema era turbia y amarillenta, mientras que el agua tratada era limpia y clara.
 
Haim Messing explicó cómo funciona esta tecnología. La instalación de biofiltro contiene varias capas de arena y vegetación. La capa superior se cubre con plantas especiales que ayudan a purificar el agua; las capas inferiores, que no están aireadas, proveen el hábitat para una colonia de bacterias que prosperan en un medio pobre en oxígeno y sienten un gran apetito por los contaminantes. Dichas bacterias alientan procesos que purifican el agua.
 
Este sistema integrado elimina eficientemente diversos contaminantes, incluidas partículas de metales pesados, sustancias orgánicas y aceites. El agua tratada es inyectada a las napas subterráneas por medio de pozos cavados en su proximidad.
 
Cada biofiltro tiene una capacidad de aproximadamente 100 metros cúbicos. Durante el último episodio de lluvias, que se prolongaron varios días, cada instalación se llenó y vació tres veces, y purificó un total de cerca de 300 metros cúbicos de agua. En el transcurso de un año se puede llegar a miles de metros cúbicos, dependiendo de la cantidad de precipitaciones.
 
¿Qué sucede en verano, cuando no llueve? En la estación seca se puede bombear agua de pozos contaminados, purificarla y, una vez limpia, devolverla al mismo pozo o verterla en la napa subterránea. Este procedimiento ha sido descrito como diálisis del acuífero.
 
El agua y las plantas en el biofiltro ayudan a reducir las temperaturas en verano, y en nuestro país caluroso y seco ésa es una gran ventaja.
 
"Además de utilizar el agua de lluvia y proteger los recursos hídricos y las playas de la contaminación, los biofiltros en Ramla y Bat Yam implican otra contribución importante", añadió Messing. "En el pasado, cuando llovía mucho podían anegarse las calles y aun las casas en algunos barrios viejos. Pero durante este último episodio de lluvia la situación mejoró mucho, porque una gran proporción del agua de escorrentía superficial fluyó a los biofiltros y de esa manera el sistema municipal de drenaje sufrió menos presión".
 
El biofiltro de Kfar Saba fue instalado en estrecha proximidad con un nuevo barrio residencial y forma parte integral del plan para esa zona. No obstante, los proyectos en Ramla y Bat Yam muestran que también los barrios más antiguos pueden beneficiarse en gran medida con esta iniciativa.
  
Los visitantes al biofiltro que esperaban encontrarse con una planta de purificación de pobre aspecto se sintieron gratamente sorprendidos, porque la instalación consiste en una planta con atractiva piscinas rodeadas por senderos peatonales y sendas para ciclistas. "Éste es un beneficio adicional del proyecto del biofiltro: genera jardines verdes y atractivos de los que pueden disfrutar los vecinos de la zona", agregó Messing.
 
Ciertamente, la visita a las instalaciones revela oasis verdes y gratos dentro de la ciudad y junto a sus calles principales. En Bat Yam se ha construido un agradable paseo a lo largo del biofiltro, que ofrece una franja de césped entre los senderos peatonales y las sendas para ciclistas.
 
El biofiltro de Ramla está situado en la entrada a la ciudad, junto a la autopista interurbana. El paseo, los asientos y el bien cuidado jardín que rodea la instalación contribuyen a embellecer el acceso a la ciudad.
 
Los nuevos biofiltros fueron construidos con la cooperación de la comunidad y han sido cálidamente recibidos por los residentes locales, que rápidamente comprobaron las numerosas ventajas que el proyecto puede ofrecer. "Ya hay gente de otros barrios que quiere que instalemos biofiltros en su vecindad", informó Messing.
 
Este novedoso experimento ha sido definido como un proyecto piloto y los investigadores continúan estudiando diversos aspectos de su funcionamiento, con el monitoreo y examen de biofiltros de diferentes tamaños, distintos tipos de vegetación y la calidad del agua después de su purificación. Este trabajo se lleva a cabo con los auspicios de un centro de investigación de ciudades sensibles al agua en Israel, creado de manera conjunta por el KKL en Israel, el KKL en Australia y cuatro instituciones académicas: el Technion en Haifa, la Universidad Hebrea de Jerusalén, la Universidad Ben Gurion en el Néguev (Beer Sheva) y la Universidad Monash de Melbourne, Australia.
 
La planificación de ciudades sensibles al agua se basa en el uso óptimo de recursos hídricos limitados en un mundo acosado por la incertidumbre a raíz del cambio climático y las necesidades cambiantes de la humanidad. Las ciudades sensibles al agua se caracterizan por el uso de soluciones sustentables, tecnologías apropiadas y actividades destinadas a incrementar la conciencia pública.
 
Se espera que la investigación actualmente en curso prosiga varios años, pero los datos iniciales recogidos en los tres biofiltros son muy alentadores. "Los primeros biofiltros muestran cómo funciona el principio, y queremos que sean mucho más que un experimento exitoso: en el futuro nos gustaría verlos convertidos en la norma en todo Israel", señaló Messing. "Muchas otras ciudades podrían beneficiarse con instalaciones similares, que ayudarían a generar un cambio significativo en la economía hídrica del país".

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