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Labaké dice que lo de la AMIA fue obra de Israel

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Por R.Kollmann.-PAg12.-
La causa AMIA sigue deparando sorpresas. El ex abogado de Isabel Martínez de Perón y dirigente minoritario del justicialismo, Juan Gabriel Labaké, informó esta semana que se ha convertido en abogado defensor de la familia Kanoore Edul, cuyo integrante Albertito Kanoore Edul estuvo –y está– sospechado de tener relación con el ataque contra la AMIA (ver aparte). Que Labaké sea designado defensor de los Edul no tiene sorpresas, pero sí la hipótesis que lanzó a través de un correo electrónico: que el atentado contra la AMIA fue obra de israelíes. El punto de partida es que la Trafic no existió, el explosivo estuvo –según Labaké– adentro de la sede de la AMIA y supuestamente existió una connivencia de la SIDE, la CIA y el Mossad para tapar la responsabilidad israelí, aunque el letrado no arriesga ninguna teoría por la cual Israel o ciudadanos israelíes podrían estar interesados en atentar contra la sede central de los judíos argentinos. Eso sí, ya hace un tiempo el propio Labaké deslizó que el ataque a las Torres Gemelas era «un atentado o un autoatentado».
A Albertito se lo llama así para diferenciarlo de su padre, Alberto, un amigo de Carlos Menem y anteriormente de Juan Domingo Perón, durante cuyo gobierno integró la misión a Libia que en su momento encabezó José López Rega. Alberto padre fue líder del Centro Jabrudense, inmigrantes de Jabrud, Siria, como por ejemplo la familia Yoma o los Al Kassar. Según lo que dicen varios allegados, Kanoore Edul se distanció de Menem a principios de los ’90, aunque no está claro por qué.
Con todos los ingredientes de sospecha señalados por la pesquisa, cuando se hablaba de Kanoore Edul se refería a la «pista siria» y el juez Juan José Galeano admitió que cuando detuvo a Albertito recibió una llamada de Munir Menem, hermano del ex presidente, interesándose por la situación del hijo del amigo del riojano. Albertito quedó en libertad, aunque después pasó un período tras las rejas por delitos más comunes, relacionados con cheques sin fondos y maniobras económicas.
En un correo electrónico difundido esta semana, el abogado Labaké tituló su enfoque de manera clara: «AMIA y embajada, la pista israelí». El letrado informa que ha sido designado defensor de Alberto padre, de Albertito y de sus hermanas, Alicia y Mabel, quienes han sufrido –según señala Labaké– enormes daños por ser descendientes de árabes sirios y de religión musulmana.
«Hoy se ha desatado una nueva y virulenta campaña para hacer creer que existe la pista siria y, por eso, el principal agente de la SIDE, Jaime Stiusso, señaló a Siria y a Kanoore Edul como sospechosos –sostiene Labaké–. Los hechos concretos obligan objetivamente a dirigir la investigación hacia una posible pista israelí.»
Labaké enumera como argumentos que ya en el caso del atentado contra la embajada de Israel hubo una pericia que señalaba que la explosión fue dentro del edificio de la embajada y no con un coche-bomba. De allí colige que aquel fue un atentado que los israelíes cometieron en su contra.
Respecto de la AMIA, Labaké sostiene que tres especialistas de la Universidad de Tucumán, los mismos que se pronunciaron en el caso de la embajada, nuevamente dijeron que la explosión se produjo dentro de la AMIA y no mediante un coche-bomba. En realidad, ocurrió justo lo contrario. Los especialistas tucumanos reprodujeron en forma virtual, por computadora, la explosión de la AMIA señalando que fue con un coche-bomba, que se incrustó a 45 grados contra el edificio, que provocó la caída de las columnas de adelante de la mutual judía, que también se derrumbó la losa y que ello provocó que el edificio se viniera abajo hacia adelante. Además, otras ocho pericias llegaron a la misma conclusión y el Tribunal Oral también adelantó que el coche-bomba existió. Los otros elementos en que se basa Labaké es que las pistas falsas fueron supuestamente sembradas por los rescatistas israelíes que vinieron a ayudar después del atentado y entre esas pistas falsas estuvo el motor de la Trafic, hallado entre los escombros de la AMIA, «principal prueba de la pista Siria-Edul», según la versión del letrado. A partir de allí, Labaké asegura que se complotaron la CIA, el Mossad, la SIDE, la AMIA y la DAIA para ocultar la pista israelí. «Por todo lo dicho –concluye Labaké–, es indispensable la investigación de la pista israelí en ambos atentados. Está en juego la justicia hacia mujeres y hombres inocentes y la seguridad de la Argentina, que es de todos.»
El abogado no explica por qué los israelíes pondrían una bomba en su propia embajada y tampoco por qué atacarían a la AMIA. En la embajada hubo grupos nacionalistas que sostuvieron que estallaron armas depositadas en un sótano, aunque en verdad las armas no estallan. Tampoco pudieron explicar para qué una embajada iba a acumular explosivos, que no sirven como elemento de defensa. En todo caso, la hipótesis de esos grupos nacionalistas era la de un accidente, más allá de que la Gendarmería y varios otros peritajes afirmaron que se usó una camioneta Ford F-100, patente B-1.275.871, comprada en la avenida Juan B. Justo como cochebomba. En el caso AMIA ya no habría siquiera espacio para una teoría del accidente: la hipótesis es que israelíes pusieron la bomba, no se sabe con qué objetivo. Hasta ahora, sólo dos grupos neonazis habían planteado esa visión de los hechos, señalando que los judíos se querían ubicar como víctimas de atentados. Se trató de algo irrisorio, teniendo en cuenta que se producen centenares de atentados contra Israel y los ciudadanos israelíes y no hacía falta inventar ninguno. Es más, fuera de los neonazis, ni en Medio Oriente las organizaciones fundamentalistas más antiisraelíes sugirieron semejante hipótesis para lo ocurrido en Buenos Aires.

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