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AMIA/Irán. Un acuerdo sin sentido

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 Por Jaime Durán Barba*.- Una reflexión en torno a la ideología que se desprende de la interpretación del islam que hace el régimen iraní y que explica, a juicio del autor, por qué nunca tuvo sentido imaginar la posibilidad de un acuerdo con Irán en torno al atentado contra la AMIA. Un atentado que para la Justicia argentina fue obra de funcionarios iraníes y de un militante de Hezbollah, la milicia libanesa aliada de Teherán. Y algunas preguntas inquietantes en torno a esta cuestión.

La Justicia Argentina cree que los sospechosos del atentado de 1994 en contra de la AMIA son un militante de Hezbollah y algunos funcionarios iraníes. El 27 de enero de 2013, el gobierno firmó un convenio que pretendía interrogarlos, y que nos motiva para reflexionar sobre la teocracia iraní, sus creencias y la biografía de los requeridos.

La política de Irán está subordinada a su interpretación del islam, su Constitución dice que “está gobernado por Dios” y es el único Estado islámico manejado por el clero. Todo el poder está en manos del ayatolá Alí Jamenei, quien comanda las Fuerzas Armadas, maneja la Justicia y controla el Consejo de Guardianes de la Revolución. Su fe dice que Muhammad Ibn al-Hasan Ibn Alí es un descendiente de Mahoma, nacido en Samara en 868, a quien Alá ordenó esconderse hasta el fin del mundo. Son islámicos duodecimanos, porque creen que este duodécimo imán sigue vivo, se comunica con los creyentes, es el Mahdi Oculto que llegará a exterminar a los infieles. El imán Jamenei, que tiene el privilegio de comunicarse con él, dijo el 12 de julio de 2012: “Puedo asegurarles con total convicción que la llegada del Mahdi Oculto es inminente… el deber de todos los iraníes es prepararse para su llegada, para la guerra y el fin del mundo. El falso régimen sionista desaparecerá, la luz de esperanza brillará en Palestina y esta tierra islámica regresará a su pueblo… guiados por Alá, y con su apoyo invisible los musulmanes conseguirán que la civilización islámica venza en el mundo, tal es nuestro destino”. En sus discursos, el imán ha insistido en la inminencia del fin del mundo, en la necesidad de destruir Israel y en la negación de la Shoá. La Guardia de la Revolución Islámica depende directamente del imán, es un ejército religioso con más poder de fuego que las Fuerzas Armadas. Su comando Al Quds (Jerusalén en árabe) está encargado de las operaciones militares fuera del país y mantiene estrechas relaciones con Hezbollah.

Desde hace siete años, la Guardia difunde el folleto “Los últimos seis meses”, basado en las enseñanzas de Al-Shaykh Al-Mufid, el más importante escatólogo chiita, contenidas en su libro Al-Amali, The Dictations of Shaykh al-Mufid (https://www.amazon.com/Al-Amali-Sheikh-Al-Mofid-ebook/dp/B00GOL3U6U), en las del ayatolá Ibrahim Amini, actual miembro de la Asamblea de Expertos y autor de Al-Imm Al-Mahd: the Just Leader of Humanity (https://www.ibrahimamini.ir/en/node/1290) y en decenas de textos de expertos (así llaman a sus teólogos) que coinciden en sus interpretaciones de los hadit (textos del Profeta), que anuncian que el Mahdi Oculto volverá en un tiempo en el que los líderes de los cristianos serán la gente más despreciable, el adulterio se generalizará, los hombres se vestirán como mujeres y buscarán a otros hombres, las mujeres buscarán a otras mujeres, los pervertidos provocarán rebeliones en el norte de Africa, convivirán dos papas católicos, lo cristianos invadirán Irak y Afganistán, atacarán a Siria y Yemen. Creen que todo eso ocurre en estos días y que el ayatolá Jamenei es Seyed Khorasani, el último líder chiita que, según las profecías, debía nacer en Khorasan para iniciar la guerra y entregar la bandera al Mahdi. El imán Jamenei nació en esa provincia persa en 1939, tiene 75 años y debe terminar su tarea en vida. El Mahdi Oculto, cuando vuelva, matará a todos los judíos, Jesucristo descenderá en una mezquita de Damasco, conminará a los cristianos a convertirse al islam duodecimano y ordenará que quienes no le obedezcan sean ejecutados. Para conocer una síntesis de estas ideas, se puede ver el video “The coming is pon us” (https://www.youtube.com/watch?v=WwiadYT-N9k) . Puede verse también nuestro libro Sexo, mujer, internet y política, en el que tratamos el tema del islam y el poder (https://books.google.com.mx/books/about/Mujer_Sexualidad_Internet_y_Pol%C3%ADtica.html?hl=es&id=Vcn9jbl9hm0C).
Todo lo dicho no sería más preocupante que el Apocalipsis cristiano si no fuera porque Irán tiene uno de los ejércitos más poderosos del mundo, está en un lugar estratégico, sus líderes están entregados a esta guerra y los atentados de Buenos Aires pueden entenderse en ese contexto. Tratemos de entender su lógica. Los iraníes son persas chiitas; los palestinos, árabes sunnitas. No tienen una identidad cultural ni religiosa. De hecho, en la guerra de Siria las milicias sunnitas se enfrentan con el gobierno alauita de Assad, a quien apoyan Irán y Hezbollah. Los alauitas no son chiitas pero sí duodecimanos, creen que el Mahdi Oculto está vivo. Irán no tiene fronteras con Israel ni demanda nada político o territorial. Por eso, su posición es innegociable. La destrucción de Israel es un deber religioso y una necesidad profética, anterior incluso a la existencia de ese Estado, un paso hacia el exterminio de los infieles que tendrá lugar en los próximos meses.

Todo esto no debe llevarnos a una histeria antiislámica. El islam es una religión tan respetable como las otras. El Corán y la Sunna son textos complejos que admiten muchas interpretaciones. Mas allá de los persas, hay chiitas y duodecimanos que no comparten la inminencia del fin del mundo. La mayoría de los islámicos son sunnitas, creen que el Mahdi del fin de los tiempos no es el duodécimo imán sino alguien que nacerá en su momento. Entre los sunnitas hay diferencias. Sólo el eurocentrismo de los Estados Unidos pudo hacer pensar que Saddam Hussein era talibán, que los iraníes iban a vitorear a los invasores, que la Primavera Arabe y la rebelión de Siria pretendían una democracia occidental, que la invasión de Irak y Afganistán tenían algún sentido. Los que dicen que los chiitas están locos por las cosas en que creen deberían recordar que otros creen que el apóstol Santiago está enterrado en Compostela y luchó en la batalla de Clavijo, y parecen ser razonables. La verdad occidental no es universal, las creencias religiosas tienen que ver con la fe y no con la razón. Los conceptos son herramientas para interpretar la realidad, pero los ignaros los usan para agredir a otros acusándolos de comunistas, nazis, ignorantes, derechistas, izquierdistas o islámicos. Incapaces de entender las ideas, las usan como piedras. Hay que superar ese primitivismo.

Revisemos la lista de sospechosos a los que la Justicia argentina quiere interrogar. Son el ex presidente de Irán Alí Rafsanjani, presidente del Consejo de Discernimiento de la Conveniencia del Estado; Moshé Rezaní, secretario del mismo Consejo, ex comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria; Moshén Alí Akbar Veleyati, canciller desde 1981 hasta 1997, actual consejero de asuntos internacionales del imán, miembro del Consejo de Discernimiento, el brigadier general Ahmad Vahidi, quien fue comandante de Al Quds en 1992 y hasta hace poco ministro de Defensa, y otros funcionarios de alto nivel. El año 2013, 686 líderes solicitaron al Consejo de Guardianes de la Revolución autorización para inscribirse como candidatos a la presidencia de la república. Solamente ocho fueron calificados por la solidez de sus convicciones y antecedentes religiosos. Dos de ellos fueron Rezaí y Veleyati. Cuando se produjeron los atentados en contra de la Embajada de Israel y la AMIA, el ayatolá Jamenei era imán y el actual presidente Rouhani, su representante en el Consejo de Seguridad Nacional. Si las pistas de la Justicia argentina fuesen, acertadas ambos habrían aprobado los operativos. Irán jamás permitirá que sean interrogados por jueces infieles personajes de esta categoría, que comandan lo que ellos creen es una guerra sagrada. El acuerdo con Argentina no podía llegar al Parlamento porque éste sólo estudia lo que disponen el Consejo de la Revolución o el Consejo del Discernimiento. La cultura persa es una de las más antiguas y sofisticadas de la humanidad. Su diplomacia representa a un régimen que niega la Shoá, y cuando escogió el Día Mundial del Holocausto para invitar a un canciller judío para la firma de un acuerdo por la AMIA, mandó un mensaje que debía ser decifrado.

Deberíamos preguntarnos algunas cosas. Quien se autoinmola, como lo hizo el terrorista que llevó los explosivos a la AMIA, no es un delincuente común, sino alguien que se sacrifica por una causa religiosa. Los funcionarios sospechados no son carteristas del Once, sino líderes religiosos y militares empeñados en una guerra milenarista de incalculables consecuencias. ¿Los gobernantes de Irán creen realmente que el Mahdi Oculto está por llegar, acompañado de Jesucristo, para desatar una guerra de exterminio? Si su primer objetivo será exterminar a los judíos, ¿qué harán en Argentina con una de las comunidades más importantes del mundo? ¿Hay organizaciones o personajes violentos vinculados a Irán que ayudaron a los terroristas en los atentados? ¿Han patrocinado acciones antisemitas en estos años? Hay que exigir que se castigue a los culpables pero también prevenir que no se produzcan nuevos atentados. Los estudiosos especializados habrán analizado materiales más interesantes y abundantes que los que mencionamos. Sería bueno que los analicen e informen a la población sobre estos temas. Así enfrentaremos mejor un problema que es de todos y evitarán que se cometan otros errores tan colosales como el acuerdo con Irán.

Nota: Mientras escribo este artículo, me informan que mi amigo Luis María Duarte fue asesinado por terroristas talibán en Kabul. Luis María fue un diplomático paraguayo de inteligencia y cultura excepcionales, agudo conocedor de la teología islámica, de la cultura drusa, farsi y pashtún, con el que conversé varias veces sobre temas de este artículo. Reitero mi pesar a su familia y a nuestro común amigo Luis Castiglione.

*Profesor de la George Washington University.

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