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AMIA: EL VEREDICTO: UNA CAUSA CON PRONOSTICO DE IMPUNIDAD

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Pasaron 342 audiencias, 1.284 testigos y casi tres años. Finalmente hoy se sabrá si son culpables o inocentes los únicos cinco detenidos por el atentado terrorista que hace diez años mató a 85 personas en la AMIA. Los pronósticos ya no son secreto: casi con seguridad, todos serán absueltos.

El veredicto será leído a las cinco o a más tardar a las seis de la tarde. El encargado será el presidente del tribunal del juicio, Miguel Pons. Así dará por terminadas las audiencias del debate oral más largo de la historia jurídica argentina, que desde que empezó, el 24 de setiembre de 2001, se desarrolló en una sala de máxima seguridad en los Tribunales federales de Comodoro Py 2002, zona de Retiro.

A esa misma sala irán hoy familiares y víctimas del atentado; fiscales, abogados querellantes y defensores; familiares de los acusados y, claro, también los acusados. A la espera de un anuncio que los empuje a la calle estarán el reducidor de autos Carlos Telleldín y los ex policías Juan José Ribelli, Raúl Ibarra, Anastasio Leal y Mario Bareiro. Para ellos cinco, la Fiscalía y parte de las querellas pidieron una condena a reclusión perpetua como partícipes necesarios del atentado. Es decir, los acusaron de haber tenido una participación vital e imprescindible en la voladura.

La investigación original del atentado estuvo a cargo del cuestionado juez federal Juan José Galeano, apartado del caso el año pasado. Según él, Telleldín y los cuatro policías colaboraron con los terroristas aportando una camioneta que, dijo, se usó luego como coche bomba para volar el edificio de Pasteur 633. Allí funcionaban la mutual de la comunidad judía argentina (la AMIA) y la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA).

Pero todo indica que los policías y el reducidor de autos serán absueltos. ¿Por qué? Por falta o inexistencia de pruebas.

La principal prueba del caso AMIA era la declaración que hizo Telleldín en 1996, cuando dijo que les había entregado a los policías la camioneta cuyos restos aparecieron entre los escombros de la AMIA. Ese testimonio era la pieza que, en teoría, comprobaba la relación de los acusados con el atentado: si Telleldín les había dado la camioneta a los policías, se decía que los policías, a su vez, debían haberles dado la camioneta a los terroristas.

Pero esa prueba, quedó demostrado en el juicio, fue totalmente nula. A Telleldín le pagaron 400 mil dólares para que dijera eso. Fueron fondos reservados de la SIDE pedidos por el juez Galeano y autorizados por el entonces jefe de Inteligencia, Hugo Anzorreguy. Eran tiempos de menemismo y la investigación del atentado casi no tenía controles.

Ese pago, una sospecha que salió a la luz en 1997 (un video que mostraba a Galeano y Telleldín negociando esa declaración), fue confirmado en amplitud por los agentes y ex agentes de la SIDE a los que el presidente Néstor Kirchner autorizó a declarar en el juicio oral. Y todo empezó a derrumbarse. El resto de los indicios que desplegó la Fiscalía tampoco parecieron alcanzar para confirmar sus sospechas.

El tribunal, integrado por Pons, Gerardo Larrambebere y Guillermo Gordo, dio bastantes señales sobre qué idea tienen de la investigación original del atentado. La más fuerte fue el 13 de abril pasado, cuando decidieron apartar del juicio a los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, quienes habían trabajado en el caso desde el primer día. La Fiscalía quedó a cargo de José Romero y Alberto Nisman, quienes habían sido asignados especialmente para el juicio.

Algunas querellas, en particular la de la DAIA, a cargo de la abogada Marta Nercellas, acusaron a los jueces de acabar «investigando la investigación» en vez de a los acusados. Los defensores, en cambio, respiraron tranquilos al ver el modo en que el tribunal puso en duda hasta las pericias que parecían más absolutas. Uno de los representantes de los familiares de las víctimas, Pablo Jacoby, de parte de Memoria Activa, no sólo aceptó con agrado el transcurso de las audiencias: terminó sin acusar a los policías, a los que consideró víctimas de una maniobra política para sentarlos entre los acusados. Sólo pidió reclusión perpetua para Telleldín.

El veredicto de hoy incluirá, además de las muy probables absoluciones, unos cien pedidos de investigación y denuncias con cretas por las irregularidades detectadas durante la investigación. Recién dos meses después se conocerán los fundamentos de este final de juicio que, con culpables o inocentes, hará historia.
Fte CLarin

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