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AMIA concluyó una etapa y comienza otra.

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Itongadol.-En la noche del jueves 30 de mayo concluyó el proceso electoral de renovación de autoridades de la AMIA que se inició hace unos dos años y medio, cuando las listas electorales que decidieron participar en la elección del 2011 oficializaron a sus candidatos.

A diferencia de lo ocurrido desde la aprobación del Estatuto vigente, en esa oportunidad la Asamblea Electora fracasó en tres oportunidades consecutivas en cumplir con su misión: designar a los miembros de la comisión directiva, generando una situación sin precedentes en la historia de la institución, que se prolongara el mandato de quienes debían concluir su gestión a mediados del 2011 y que se produjera un nuevo llamado a elecciones para el mes de abril del 2013.

Desde mediados del siglo XX, cuando se instrumentó el sistema electoral vigente de la AMIA, muchas cosas cambiaron en la comunidad, entre ellas la preponderancia de los factores ideológicos “laicos y sionistas”, los que fueron reemplazados por otro tipo de agrupaciones, en algunos casos participantes de la vida política interna comunitaria y en otras no.

Las instituciones sociodeportivas, por ejemplo reemplazaron a las comisiones de los “shules” como un factor de poder. Las sinagogas liberales (conservadoras y reformistas) se agruparon conformando una federación, que al igual que en el resto de las comunidades de la dispersión judía participa, o intenta hacerlo, en el gobierno de las mismas.

En todo el mundo judío, y la comunidad judía de la Argentina no podía ser una excepción, las conversiones al judaísmo efectuadas por los rabinos liberales, y no aceptadas por la ortodoxia, comenzó a ser un factor de fricción que las dirigencias debían enfrentar, y que en muchos caso evitaban hacerlo.

Por su parte los sectores raigales ashkenazim y sefaradím, sean sionistas o asionistas, también tuvieron un amplio desarrollo, con un fuerte movimiento de retornantes a la observancia “ortodoxa” de las mitzvot, que los hizo unirse frente a lo que, desde su concepción, pone en peligro la continuidad judía.

Estas situaciones confluyeron hace cinco años, cuando – por primera vez en las elecciones de la AMIA- obtuvo la primera minoría una lista religiosa raigal, el BUR, – Bloque Unido Religioso, que como su nombre lo indica agrupa tanto a la Mizrahi, Agudat Israel, raigales sefaradim, etc.

En el 2008 la Asamblea Electora designó presidente de la AMIA a Guillermo Borges, del BUR, con el apoyo de Amia es de todos, una lista representante del judaísmo religioso liberal que justificó su postura afirmando que respetaba la tradición institucional de que la presidencia le correspondía a un dirigente de la primera minoría.

Pero a la vez los sectores “laicos” y “religiosos liberales” comenzaron a trabajar con la finalidad de lograr que la presidencia de la AMIA sea ocupada por un dirigente no ortodoxo, luego de las elecciones siguientes. Pese al ahínco puesto en la tarea no lo lograron ya que el BUR volvió a ser la primera minoría en las elecciones de abril del 2011 y del 2013.

La separación existente entre los “laicos” y “religiosos liberales” (Acción Plural Comunitaria y Amia es de todos) el pasado 7 de abril dividió los votos de aquellos que apoyaban su propuesta de que un dirigente con kipa no podía presidir la AMIA.

Si bien postulaban lo mismo lo hicieron con una concepción diametralmente diferente. Acción Plural Comunitaria, liderada por Luis Grynwald buscó el apoyo de los políticos comunitarios, mientras que Amia es de todos el de “intelectuales” ajenos a la interna comunitaria. Grynwald y su gente sabían que si no triunfaban el 7 de abril su alianza podría desmembrase, lo que finalmente ocurrió, y que no les quedaría otro remedio que expresar su enojo mientras que quienes fueron sus aliados pactaban con el BUR.

Por su parte Amia es de todos, o mejor dicho sus referentes históricos, fueron superados por el mensaje ético de los “intelectuales” que les brindaron su apoyo, el que no aceptaba que lo postulado “que la AMIA no debía ser presidida por un dirigente ortodoxo” se modificase pues quienes los votaron no debían ser engañados negociando con el BUR..

Los referentes del BUR, que luego del acto electoral afirmaron que primero acordarían la constitución de la Comisión Directiva con sus aliados naturales, Amia es de todos, se encontraron que estos estaban decididos a mantener a rajatabla lo que habían sostenido en la campaña electoral, y como además de observantes de la Halajá son políticos, inmediatamente buscaron establecer un acuerdo, y lo lograron, con varios de los factores ideológicos tradicionales “laicos y sionistas”: Avodá y Unidad Comunitaria (ex miembros de Avodá, Likud y Movimiento Sionista Renovador) y conformaron una Comisión Directiva que gobernará la AMIA en los próximos tres años.

Con está designación concluyó una etapa del diario acontecer de la Kehila de Buenos Aires y la historia de nuestra comunidad, a la vez que comienza una nueva, que deberán enfrentar Leonardo Jmelnitzky y el resto de los miembros de la conducción que asumirá el 17 de junio venidero.

Una etapa en la que se tiene que definir cómo será la futura estructura de la AMIA y de toda la comunidad, en la que se deberían encontrar soluciones que permitan que todos sus miembros puedan continuar presentando un frente unido ante ciertos temas, cono son – por ejemplo – el reclamo de esclarecimiento del atentado a la AMIA, la negación de la Shoá, el intento de deslegitimación del derecho a la existencia del Estado de Israel, entre otros.

También en esta etapa se tendrán que encontrar los caminos que permitan la convivencia entre “laicos”, religiosos liberales y observantes ortodoxos.

Jmelnitzky y quienes lo secundarán enfrentan este desafío, pero no sólo ellos ya que aquellos que decidieron libremente no integrar la nueva conducción de la AMIA también lo tienen, quizás en una mayor proporción pues eligieron un camino que en cierta forma los enfrenta.

Pero a la vez ambos deben reconocer que el prestigio o desprestigio de quienes tienen la responsabilidad de conducir una institución, sea central o de base, se relaciona con los que hacen en pos del bien común, en este caso el de todos los miembros de la comunidad, teniendo siempre presente que no deben profundizar las divisiones, pues en ese caso serán los responsables de la ruptura total

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