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Representatividad comunitaria: una discusión que nunca terminará

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Por Lic. Eduardo Alberto Chernizki.-  Quizás hasta el 17 de julio de 1994 existía una postura clara de quienes representaban a la comunidad judía en todo lo que tuviera que ver con el Estado Argentino, pero a partir del las 9.53 hs. del 18 de julio de ese año esa representatividad se volvió bicéfala: la bomba que destruyó el edificio de la AMIA generó en los medios, y por lo tanto en toda la sociedad argentina, una visión distinta a la que se tenía hasta ese momento, adquiriendo la máxima dirigencia de la AMIA una visualización y reconocimiento que la equiparaban a la de la DAIA.
Pero a la vez otro proceso se inició, el debatir en el afuera comunitario las diferencias existentes entre las conducciones de ambas instancias centrales de la comunidad. Situación esta que en ciertos momentos las desvalorizó entre los miembros de la propia comunidad, que comenzaron a cuestionarse si quienes decían ser sus representantes realmente los eran.
El carisma y la impronta personal de ciertos dirigentes, tanto institucionales como espirituales, han sido en más de una oportunidad – a lo largo de estos 16 años – considerados referentes de la comunidad por más que no lo fueran formalmente, llegando en ciertos casos a ser más referenciados por los medios que los propios presidentes de la AMIA y de la DAIA.
En este marco, confuso sin lugar a dudas, el participar en actos oficiales, por ejemplo acompañar en los últimos anos al Presidente de la Nación cuando pronuncia su discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas, estableció en cada una de las situaciones cierta preeminencia de unos sobre otros, que a los pocos días o semanas se volvía a modificar.
A la vez las sucesivas conducciones de la AMIA y de la DAIA planteaban la necesidad de evitar las confrontaciones mediáticas, pero la realidad en que ambas instituciones transitan su acontecer diario hacía que esos planteos no pudieran llevarse a la práctica.
A todo esto le debemos sumar que la comunidad cambió, y que esa modificación también se hace sentir en las conducciones de las instancias centrales. En la DAIA la mayoría de los miembros de su Consejo Directivo son dirigentes de instituciones sociodeportivas y religiosas liberales, mientras que en la AMIA quienes integran su Comisión Directiva todavía provienen de los factores ideológicos y la ortodoxia religiosa.
Esta diferenciación se trasunta en cada una de las decisiones que se toman y por lo tanto es comprensible que coalicionen en temas en los que ambas deben fijar una posición, como que también lo hagan los estamentos de donde surgen sus dirigentes.
En este contexto que el rabino Samuel Levin, máximo referente del Bloque Unido Religioso, considere que el presidente de la AMIA, Guillermo Borger, y el Gran Rabino Shlomó Benhamú son los representantes de la comunidad es lógico, como también que desconozca a los rabinos liberales, y mucho más si son mujeres.
Se podrá estar en desacuerdo con esa postura, pero no se puede negar que es coherente con la forma de vida judía en que se sustenta, como también lo es que la enfrenten aquellos que tienen una visión distinta del judaísmo.
El tema es como se lleva a cabo ese enfrentamiento. Una posibilidad es efectuarlo puertas adentro y otra mediaticamente. Teniendo en cuenta las declaraciones que son de dominio público, es está última la elegida, con lo cual el cuestionamiento de los miembros de la comunidad respecto a si realmente son representados quienes conducen las instancias centrales, se mantiene vigente pues es evidente que la discusión sobre la representatividad comunitaria en lugar de dilucidarse se mantiene vigente.

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