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Judíos: desairó Chávez a Cristina

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La senadora Cristina de Kirchner concretó el sábado por la noche su misión autoimpuesta: hacerse ver por la comunidad judía venezolana como un puente entre ellos y el gobierno de Hugo Chávez, a quienes hoy separa un abismo abierto por la amistad de los bolivarianos y el régimen de Irán. Algunas horas antes la esposadel primer mandatario argentino se había encontrado con el presidente venezolano en el Palacio Miraflores; allí Chávez dijo que «puede llegar a ser la próxima presidenta de la Argentina»; agregó que tiene « inteligencia, carisma y mucho coraje»; sin embargo, tanto amor no alcanzó para que el gobierno la acompañara –aunque más no fuera con una delegaciónde segunda línea-al acto de sus conciudadanos judíos. Está claro entonces, al menos en lo inmediato, que si intentó acercar las partes de este enfrentamiento a todas luces desigual, no lo logró. El mensaje también fue claropara los dirigentes judíos argentinos que estuvieron en el acto, Luis Grynwald (AMIA) y Angel Schindel (vice de la DAIA), con quienes la senadora mantuvo una reunión privada minutos antes del inicio. Allí hablaron de la causa AMIA, de los pedidos de extradición de los ex funcionarios iraníes, del cambiante humor de la comunidad judía argentina respecto del gobierno. «Nosotros hacemos más que ningún gobierno antes para el esclarecimiento de los atentados, pero ni así tenemos asegurado el apoyo de la comunidad», les dijo la senadora, y prometió avanzar en ese sentido. Esa reunión marcaría el final de una ríspida etapa que se había iniciado en Nueva York, cuando los más altos dirigentes del Congreso Judío Mundial le habían «sugerido» hablar de los temas locales con la dirigencia local, o sea AMIA y DAIA. La esposa del Presidente habría entendido el mensaje. Asistentes Al acto concurrieron cerca de mil dirigentes llegados de todo el mundo; allí la senadora bonaerense dijo que «no permitiremos ningún atisbo de antisemitismo en el continente». El escenario elegido para el acto no podía haber sido más significativo: la sede de la Hebraica caraqueña, club que el año pasado fuera allanado por las fuerzas armadas locales con propósitos nunca aclarados por el gobierno. En todo caso, se sabe que si buscaban algo, no fue eso lo que encontraron. A Cristina la acompañaron al acto -se rememoraban los 40 años de la CAIV, el equivalente venezolano de la DAIA-el canciller Jorge Taiana y la embajadora argentina en Caracas, Alicia Castro. También estuvo buena parte del cuerpo diplomático y dirigentes de la oposición. El régimen chavista eligió no enviar a ningún representante al acto, algo que puede leerse como un desaire hacia una respetable entidad formada por ciudadanos venezolanos que cumplía años, y también a la esposa del presidente de un país aliado y amigo. En las cercanías de Chávez no cayó bien el hecho de que la senadora se haya mostrado tan cercana y solidaria con un grupo con el que el gobierno no oculta sus desavenencias y hasta desagrado. En diálogo con este diario, Freddy Pressner, presidente de la CAIV, dijo que «nos sorprendió y nos agradó muchísimo el discurso de la senadora, que recogió lo que habíamos dicho varios de los oradores, lo resumió y lo refrendó». Se refería, obviamente, a sus expresiones de solidaridad y a su promesa de que «no sólo rechazamos el antisemitismo, sino que además elevaremos nuestra voz para combatirlo toda vez que sea necesario». Y si bien todos los oradores (la senadora incluida) eludieron cuidadosamente toda alusión a Chávez y a Irán, todos coincidieron también en elípticos ataques a quienes niegan el Holocausto y se pronuncian por la aniquilación de Israel.
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