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Siria e Irán celebran el fin de la guerra como un fracaso de EE UU en Oriente Próximo

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Asad en un claro reto a Washington afirmó que la resistencia chií ha convertido en «ilusión» su plan para Oriente Próximo y advirtió a Israel de que o busca la paz mediante negociaciones o sufrirá las consecuencias. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, se unió al reto de Asad y además pidió excluir a EE UU y Reino Unido del Consejo de Seguridad.

«Cada guerra crea una oportunidad para un nuevo proceso político y estoy seguro de que nuestros enemigos comprenden hoy que no nos pueden derrotar por la fuerza», dijo el ministro de Defensa israelí, que asistía a una ceremonia judía para huérfanos de militares. Sus palabras desataron una auténtica tormenta política, cuando apenas los 30.000 soldados que han combatido en Líbano comienzan a volver a Israel.

[Shimon Peres, viceprimer ministro israelí, aseguró ayer en Estados Unidos que Israel ha logrado sus objetivos, al reducir a la mitad el arsenal de Hezbolá y conseguir un mandato más vigoroso para las fuerzas de interposición de la ONU, informa Reuters. Además, el Ejército israelí anunció ayer que mató, justo antes del alto el fuego, a Sajed Dawayer, jefe de las fuerzas especiales de la milicia chií].

Desde que comenzó la tregua se han producido pequeños choques armados. Israel asegura que ha dado muerte a cinco militantes de Hezbolá y ha dejado sin respuesta un ataque con cohetes.Hoy está previsto que cedan a los cascos azules de la FINUL algunas de las posiciones territoriales tomadas a la guerrilla.

El primer discurso pronunciado por Asad tras la guerra, aunque dejó la puerta abierta a la negociación, tuvo partes durísimas: «Nosotros os decimos [israelíes] que después de haber probado la humillación en la última contienda, vuestras armas no van a protegeros, ni los misiles, ni incluso las bombas nucleares… Las futuras generaciones del mundo árabe encontrarán un camino para derrotar a Israel». Asad sostuvo que con Washington no es posible hablar de paz e insistió: «Los líderes israelíes necesitan liberarse de su propia estupidez y decidir desde el rincón en que se encuentran si van hacia la paz y la devolución de los derechos [los Altos del Golán] o hacia la inestabilidad».

El ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, que tenía previsto viajar a Damasco desde Jordania, canceló en protesta por las palabras de Asad su visita, que tenía como objetivo impulsar el diálogo en la conflictiva región. El Departamento de Estado de EE UU calificó el discurso del presidente sirio de «fanfarronada», e indicó que el régimen de Damasco estaba cada vez «más solo».

Sin criticar directamente el discurso, la ministra de Exteriores israelí, Tzipi Livni, retó a Asad a emprender las reformas democráticas que necesita Siria y a dejar de intervenir en Líbano. «Siria tiene que decidir dónde está. Líbano está en vías de tomar sin ellos [los sirios] una dirección diferente», subrayó Livni, que anoche viajó a Nueva York para organizar con Naciones Unidas la ampliación de la FINUL, que impedirá que el sur del Líbano sea un feudo de Hezbolá.

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, también celebró lo que consideró una «victoria» de Hezbolá y pidió la expulsión de EE UU y de Reino Unido del Consejo de Seguridad de la ONU, informa Efe. «Los pueblos también quieren un nuevo Oriente Próximo, pero sin la autoridad de Reino Unido y EE UU», dijo Ahmadineyad.

La guerra ha supuesto un duro golpe para los israelíes. Miles de habitantes del norte del país, que han sufrido la amenaza de los katiusha de Hezbolá están recibiendo apoyo psicológico. Pero detrás del trauma de estos días se esconde el terror a que los palestinos puedan hacerse con ese tipo de misiles.

«Estoy confundido. Toda mi vida he votado a la derecha y en las últimas elecciones me incliné por la izquierda, porque Ehud Olmert nos prometió unas fronteras seguras a cambio de dar a los palestinos territorios. Eso hicimos en Líbano y mira cómo nos pagan, tirándonos cohetes. Nunca más vamos a dar nada a todos esos terroristas que nos quieren echar al mar», señala este comerciante de origen judío-iraní, llegado a Israel tras la caída del sha, en 1979.

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