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\»La Justicia tiene la oportunidad de cerrar la grieta con la verdad\»

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Itongadol.- El director ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano, Claudio Epelman, manifestó su opinión en referencia al segundo aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman, que se conmemoró ayer en Plaza de Mayo. 

"Me levanté ese día por la mañana temprano y, como habitualmente hago, prendí el televisor para ver las noticias. Como a muchos, me estremeció la muerte del fiscal Alberto Nisman .

A los pocos minutos, sin salir aún de la sorpresa, me llamó mi cuñado de Paraguay para preguntarme qué había pasado. Con una ingenuidad que aún no puedo creer, le dije: "Esto es muy reciente… Tenemos que esperar un rato para saber qué pasó…".

Hoy, dos años después de este episodio, aún no sé qué contestarle sobre lo ocurrido en el departamento del fiscal Nisman la noche de su muerte.

Nombrado durante la presidencia de Néstor Kirchner, el fiscal Nisman era el responsable de llevar adelante la investigación sobre el atentado contra la sede de la AMIA, que en 1994 se cobró 85 vidas. Días antes de ser encontrado muerto, el fiscal había denunciado a la entonces presidenta y a varios de sus colaboradores. Su cuerpo apareció sin vida en el baño de su casa horas antes de tener que comparecer ante el Congreso para explicar los alcances de su denuncia.

Al tomar conocimiento de su deceso, producido por un disparo en la cabeza, surgieron dos versiones que explicarían su muerte: la primera decía que el fiscal se había suicidado, pero la segunda señalaba que había sido asesinado. La gravedad institucional que tenía esta hipótesis era tan profunda que hacía necesario esperar los resultados de los peritajes.

Si un fiscal de la República que investigaba la causa de terrorismo internacional más grande de la historia argentina y que acababa de acusar a la Presidenta fue asesinado, esto ponía a la Argentina en un oscuro lugar de la historia, donde las instituciones quedaban en una situación de tal fragilidad como pocas veces conocimos en la democracia.

Dos años después poco es lo que conocemos. Sólo sabemos que la investigación investiga a los investigadores. Difícil será borrar de nuestra memoria, llena de preguntas y sin respuestas de la Justicia, las imágenes de los peritos pisando el charco de sangre, haciendo que no sea investigable la escena del crimen.

La familia desconsolada, miles de argentinos marchando por las calles bajo la lluvia no fueron suficiente estímulo. La inacción de la Justicia hacía que cada una de las hipótesis iniciales acerca de las circunstancias de la muerte tuviera sus propios seguidores. Tan cerca de la política, la Justicia no lograba avanzar con las explicaciones, y esto dividía más la opinión de los argentinos.

Es difícil de explicar, si no desde la política, la profunda división de opiniones al respecto. Muchos son quienes hablan de las fracturas que tiene la Argentina como sociedad. Muchos buscan hacer que esta herida cicatrice, pero otros tratan de alejar más aún las posiciones.

Con el fiscal muerto la vida continúa. Aparecen problemas nuevos, la memoria social es limitada y, a veces, frágil, y nuevos escándalos tapan los anteriores.

Quienes creemos en la democracia, en las instituciones y en la Justicia no podemos ser indiferentes. No podemos dejar, como una pregunta sin respuesta en la historia de nuestro país, cuáles fueron las circunstancias de la muerte del fiscal. Como sociedad no podemos darnos ese lujo, porque sería validar que nuestro país no tiene justicia y esto hace que resolvamos los problemas con pasiones que abren heridas sociales, a veces, irreconciliables. Ojalá que este reclamo de justicia nos ayude a no perder la sensibilidad en otras causas en las que aún las investigaciones están pendientes.

Recordar para que no muera una investigación y pedir justicia es un imperativo moral. Así como ocurrió hace años en Catamarca, la movilización y la perseverancia social mantuvieron el reclamo abierto hasta que se alcanzó a los culpables del crimen de María Soledad.

Si como sociedad nos manejamos divididos pasionalmente, como hinchadas de fútbol antagónicas, degradamos las instituciones. ¡Hoy la Justicia tiene la oportunidad de juntar la grieta, con la verdad! Investigadores, fiscales y jueces son hoy quienes tienen la profunda responsabilidad de explicar cómo murió el fiscal Nisman.

Si no fuera así, ¿qué nos depara como sociedad, cuando olvidamos al investigador que aparece muerto y sin explicaciones?

Enseña la tradición judía que el mundo se sostiene sobre tres pilares: la verdad, la justicia y la paz. Los sabios explican que no es casual este orden, pues sólo podemos alcanzar la justicia transitando por la verdad, y el camino a la paz es solamente a través de la justicia.

Ojalá los argentinos podamos saber la verdad para que podamos tener justicia y, así, Alberto Nisman pueda descansar en paz. Espero que la próxima vez que llame mi cuñado pueda decirle que ya sabemos la verdad."

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