Inicio AVANCES Para importante científico israelí, “la inmunoterapia podría curar el cáncer”

Para importante científico israelí, “la inmunoterapia podría curar el cáncer”

Por Iton Gadol
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Marcelo Erlich, vicedecano e investigar de la Universidad de Tel Aviv, recibió a la Agencia AJN para dialogar sobre los últimos avances en la lucha contra el cáncer. “Antes se hablaba en general de administrar la enfermedad. Ahora se enseñó al propio cuerpo cómo combatir el cáncer, a tal punto de liberarlo del tumor”, destacó. También aportó su mirada sobre la política y la educación en Israel.

Agencia AJN.- Marcelo Erlich nació en Brasil pero en 1983, cuando tenía 18 años, comenzó una nueva vida en Israel. Allí se formó y actualmente es docente, investigador y vicedecano de la Universidad de Tel Aviv. En esa casa de altos estudios fue donde recibió a la Agencia AJN para dar a conocer todos los detalles de los avances científicos que están revolucionando la lucha contra el cáncer y que dan una esperanza a la humanidad para realmente encontrar la cura a esa enfermedad.

-¿Cuál es su rol en la universidad?
-En primer lugar, como todos mis colegas, soy investigador y gran parte de mi vida la dedico a mi propia investigación. Aparte de eso somos profesores, porque la universidad tiene esa posición muy interesante que es tener una academia de estudio y un instituto de investigación, y uno con el otro están muy involucrados entre sí. Es una mezcla que para mí es muy interesante, ya que siempre me gustó mucho tener contacto con los alumnos. En los últimos años estoy también involucrado en el aspecto administrativo, siendo una especie de vicedecano de investigación de la facultad.

-¿En qué consiste su trabajo como vicedecano?
-Somos facilitadores. Mi trabajo es buscar o ejecutar distintos aspectos y maneras para facilitar. Puede ser contacto con donantes, estar involucrado en el sistema por el que la gente recibe becas, premios. Estar involucrado en los grandes proyectos o reformas que estamos haciendo en la facultad. Por ejemplo hay un centro grande y lindo, en el que vamos a integrar todos los aspectos tecnológicos que hay en investigación de la facultad, ya que la mitad del primer piso será dedicada a eso. Estamos construyendo los microscopios y todos los aparatos más tecnológicos. Es una visión linda donde vamos a poder integrar las distintas tecnologías. También intento promover de todas las maneras posibles la investigación en nuestra facultad. A todo eso es lo que me dedico como vicedecano.

-¿Cuál es su propio proyecto de investigación?
-Yo estudio un tema llamado comunicación celular. En biología se puede tener una definición general de lo que se estudia, pero siempre tiene que estudiar cosas con sistemas modelo. Los sistemas que yo estudio son de células cancerígenas y el tema general de biología celular. También estudio la interacción entre virus y células. Hace algunos años que junté los dos temas y estamos estudiando algo que se llama los virus oncolíticos, que son los virus que se planifican para matar células cancerígenas y estimular la inmunidad contra el cáncer. Es decir que pasé de la inmunoterapia del cáncer con un enfoque especial en el tema de los virus oncolíticos.

-¿Cómo estamos con ese tema? ¿Ya hubo divulgación en el mundo científico?
-Estamos en un momento muy especial, con el desarrollo de la inmunoterapia por primera vez se está hablando más frecuente de curar. Antes se hablaba en general de administrar la enfermedad y tener entre 5 y 10 años más, que tiene un valor impresionante. Ahora, con el desarrollo de la inmunoterapia quizás tener la visión de realmente personas que estén liberadas del cáncer. Se enseñó al propio cuerpo cómo combatir el cáncer. Es como tener el mantenimiento de la terapia a cada momento, a tal punto que uno se libera del tumor. Eso es una revolución y a esa revolución viene un pensamiento que tiene un aspecto cíclico. Muchas veces se pensó algo en los años ’70, luego en los ’90, y ahora se piensa de nuevo. Pero lo que pasó es que con el desarrollo tecnológico, de pronto hoy se pueden hacer muchas cosas que antes se soñaban. Hay una revolución tecnológica de la biología que permite hoy hacer manipulaciones que tienen su valor de terapia que son una maravilla. Creo que se empiezan a ver los frutos de lo que va a ser la terapia personalizada, que es algo impresionante. Antes se desarrollaba un tipo de terapia para una enfermedad, después para algún sub-tipo de enfermedad y ahora se está hablando de desarrollar el uno a uno. Y eso es en base a poder identificar los aspectos que definen a un enfermo y el desarrollo tecnológico permitió ese diagnóstico a nivel molecular, más exacto, y cómo cambian las células del aparato inmune. Es jugar a ser Dios en arreglar la biología de esa manera.

-¿El mérito de la universidad de Tel Aviv en dónde está?
-Yo creo que la universidad de Tel Aviv hay que ponerla en el contexto del aniversario del Estado de Israel. Yo veo la historia de la academia en Israel y de la universidad de Tel Aviv y está realmente en vías paralelas con el Estado israelí. Casi todo de lo que uno ve en Israel y le hace sentir orgullo de ser partícipe de algo que es muy dinámico, energético, casi bordando la histeria (risas), uno lo ve también en la universidad. Es un microcosmos. Algo muy lindo es la integración de la universidad y esa mezcla de enseñar e investigar es única. Nosotros aprovechamos lo que se investigó hasta ahora y al mismo tiempo estamos preparando a los investigadores de mañana.

-¿Y cuál es el granito de arena de la universidad en estas investigaciones sobre el cáncer?
-La universidad está muy bien posicionada, Pero lo importante es que la actividad científica es un esfuerzo global. Creo que el mundo pudo compartir la pandemia porque es algo que está totalmente globalizado, para el bien y para el mal. Nosotros tenemos colaboraciones internacionales. Yo juzgo artículos de gente que está en otros países, mando mis artículos, nos presentamos en congresos internacionales. Israel está muy bien posicionado y la universidad también.

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Daniel Berliner, director de la Agencia AJN, junto a Marcelo Erlich en la Universidad de Tel Aviv

-Antes del 70 aniversario de Israel, parecía que la mirada del mundo estaba puesta solo en el conflicto palestino. De pronto, hay un click y el avance científico suplanta de golpe el otro tema en los diarios. ¿Coincide con esto?
-Según mi posición política, parte de lo que pasa es que hay un deseo mundial, y en Israel se ve de una manera muy fuerte, de saltear pasos de un mundo que tiene un posicionamiento ideológico frente a lo que es la economía y frente al conflicto israelí-árabe hacia un mundo post-ideológico. Lo que pasó en la izquierda israelí es que ya no quiere identificarse como gente de izquierda, sino como gente globalizada. Interesa la crisis climática, los problemas globales, y ya no vemos el problema que tenemos con el vecino de al lado. Eso crea un vacío ideológico que está siendo ocupado acá por el movimiento populista. Eso se refleja en la capacidad de Israel de innovar. Israel de manera insistente no quiere demarcar sus fronteras. Nosotros somos de los pocos países que no solo la comunidad internacional no reconoce fronteras específicas, sino que Israel no reconoce sus propias fronteras. Yo creo que eso es una mentalidad. El no tener fronteras se refleja también en cómo hacemos la ciencia, la tecnología. Es algo involucrado en la cultura de Israel. Cuando se habla de Startup Nation nos olvidamos del milagro tecnológico que fue la llegada de los inmigrantes rusos. Israel, en un par de años, recibió una cantidad extraordinaria de ingenieros, matemáticos, físicos. Eso es algo que influyó mucho.

-¿Lo que ocurre entonces es que el conflicto palestino no está en el foco porque el mundo entero mira para otro lado y se centraliza en otros problemas?
-Es eso. Pero por otro lado, mis hijas ya están en edad de estar involucradas activas políticamente. Y no lo están. La visión de pertenecer a una corriente política es algo que no llega a las nuevas generaciones urbanas en Israel. Sí caracteriza a la gente que vive en Cisjordania y a parte de los religiosos, pero la población que anteriormente era de izquierda, ahora son casi apolíticos.

-Pero más allá de la situación de la izquierda, yo creo que al israelí en general no le gusta tener a 100 kilómetros, a veces 50, gente hambreada, en el caso del pueblo palestino. Esa miraba era de la izquierda, pero nadie está cómodo con eso…
-Absolutamente de acuerdo. Pero incluso en la derecha, gente que imaginaba una solución, hoy en día la ganas de revolver ese tema se diluyeron. Hoy en día se habla más de administrar el conflicto.

-Estamos a pocos meses de un nuevo aniversario del Estado de Israel y creo que el mundo observa diferente al país. Ahora se esperan resultados, por ejemplo, en áreas como en la que usted trabaja. ¿Cuál cree que es el secreto de un presente tan importante como el que atraviesa Israel?
-Para mí viene de nuestra cultura. La cultura judía tiene algo que ver con eso. Uno habla del avance impresionante del Estado de Israel, pero si uno ve la situación de las comunidades judías en la diáspora también es algo impresionante. Un dato que lo refleja es el porcentaje de judíos ganadores del premio Nobel, que es mucho más alto que el promedio de los israelíes ganadores del Nobel.

-Estuve en Kiryat Mal’aji y noté un contraste fuerte con el resto de las ciudades, con una población de etíopes enorme. En el medio de la ciudad encontré un edificio enorme y hermoso del KKL, que está ahí para educar a los etíopes y transmitirle que ellos tienen que estudiar, que tienen un futuro. Ahí entendí la importancia del estudio en la sociedad israelí. Parece casi un tema mágico cómo la educación en un país se convierte en lo que es.
-Yo tengo un amigo que vive a dos minutos de Kiryat Mal’aji. Vive en un pueblo y vive perfecto. Es decir que la periferia de Israel tiene a diferencia de dos minutos a una ciudad como Kiryat Mal’aji y a otra totalmente distinta. En Israel lo que llamamos periferia son 45 minutos en colectivo. No es una periferia en sí, como podría ser en Brasil que pueden ser 10 horas.
Seguimos teniendo al ejército que cumple un rol de integración impresionante con los etíopes. Para mí la función de los etíopes es muy importante, cumplen un rol increíble, son una condensación de procesos por los que pasaron, y en ellos se ve mucho el proceso de inmigración.

-¿Cuál es la fórmula de Israel? Porque no creo que cualquier país que decida darle tanto valor a la educación obtenga los mismos resultados.
-Me parece que parte de la magia de Israel sigue siendo el apoyo y la relación que tenemos con la diáspora. Para mí eso tiene una influencia enorme en todo. En las inversiones, por ejemplo. La Universidad de Tel Aviv puede ser la que es porque tiene relación con la diáspora. Te hablo de la posibilidad de investigar, por ejemplo. Somos una universidad pública pero el apoyo del gobierno no basta. Para mí somos más una universidad no pública en términos del pueblo de Israel, sino una universidad del pueblo judío de la que todos somos parte, estoy absolutamente seguro de eso. Es algo que lo sentimos y lo vemos y podemos avanzar gracias a eso. Uno siempre habla de la integración de Israel con el mundo, pero si el Estado de Israel no estuviese integrado con las comunidades judías del mundo, no pudiésemos avanzar como avanzamos. El día que se corte esa conexión, vamos a salir perdiendo bastante.

-¿Cuándo hizo aliá (emigró)?
-En el año ‘83, cuando tenía 18 años. Hice aliá solo. Había estudiado un año en la Universidad de San Pablo y decidí venirme para acá.

-¿Cómo fue el comienzo de su vínculo con el estudio?
-Yo estudié toda mi vida. Empecé estudiando psicología, después música en la universidad. Fui músico profesional, tocaba la flauta traversa. Después de haber tocado dos años en una orquesta sinfónica, ya estando acá en Israel, porque sacando el primer año de estudio que hice en Brasil todo lo demás lo hice aquí en la Universidad de Tel Aviv, decidí volver a estudiar y en ese momento la biología me pareció lo más fascinante y empecé desde cero. Hice los tres títulos acá y después el post doctorado en Harvard, para luego volver acá y abrir mi laboratorio.

-¿Cuál es la relación entre la música y lo que hace actualmente?
-Creo que la única relación soy yo. Es algo muy personal. La sensación de concentrarse, de buscar algo de manera sistemática, que es lo que uno hace cuando está practicando, pasando mucho tiempo de manera solitaria, que es algo que sigo haciendo con la música porque me gusta mucho, sigo practicando con la flauta. Creo que las personas que estudian música de jóvenes reciben ese poder de concentración y de querer ejecutar que luego nos puede servir en muchos aspectos de la vida, incluso en el estudio de la ciencia.

-¿Sus padres o abuelos tenían alguna conexión con el arte?
-No, para nada. Una de las explicaciones que siempre hubo en mi familia es que es una historia típica de inmigrantes judíos, en la que la primera generación llega y trabaja, con algún negocio; en la segunda generación ya son académicos, pero con muchas ganas de tener éxito; y la tercera generación ya se permite ser artista.

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