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Nuevo estudio israelí | Comprendiendo la longevidad: los genes podrían abrir el camino hacia un envejecimiento más saludable

Por M S
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Investigaciones de científicos del Instituto Weizmann descubrieron que la genética podría explicar el 50% de la esperanza de vida humana, más del doble de las estimaciones anteriores, lo que abre la puerta a terapias que apunten al envejecimiento en sí mismo.

Itongadol/Agencia AJN.- La duración de la vida de una persona puede estar mucho más determinada por la genética de lo que se creía hasta ahora, según un nuevo estudio israelí que desafía las ideas tradicionales sobre envejecimiento y longevidad.

La investigación, liderada por el estudiante de doctorado Ben Shenhar y el profesor Uri Alon del Instituto Weizmann de Ciencia de Israel, sugiere que los factores genéticos heredados representan aproximadamente el 50% de la variación en la expectativa de vida humana, más del doble de las estimaciones anteriores.

Comprender los mecanismos genéticos detrás de la longevidad podría conducir a terapias que actúen sobre el envejecimiento en sí mismo, no solo sobre enfermedades relacionadas con la edad.

En diálogo con The Press Service of Israel, Shenhar explicó que los hallazgos representan un cambio significativo en cómo debería estudiarse la longevidad: “Nuestro avance corrigió esencialmente metodologías previas”.

“Por primera vez, neutralizamos las causas externas de muerte en las bases de datos existentes y vimos que la genética juega un papel mucho mayor de lo que se pensaba en la determinación de la longevidad de personas sanas”, agregó.

Durante años, la mayoría de los estudios estimaba que la genética explicaba solo entre un 20 y 25% de la esperanza de vida humana, y algunos análisis a gran escala situaban la cifra aún más baja. Además, se creía ampliamente que los factores ambientales, como estilo de vida, enfermedades infecciosas, accidentes y condiciones socioeconómicas, eran los determinantes principales.

Según Shenhar, estas conclusiones estaban sesgadas por una limitación clave: los modelos anteriores no distinguían suficientemente entre muertes causadas por envejecimiento biológico y muertes resultantes de factores externos. En generaciones previas, las altas tasas de mortalidad por infecciones, condiciones laborales inseguras y acceso limitado a atención médica ocultaban la contribución genética subyacente a la longevidad.

Para reevaluar la cuestión, Shenhar y sus colegas utilizaron modelos matemáticos y analizaron datos de tres grandes registros de gemelos en Suecia y Dinamarca, incluidos registros de gemelos criados por separado. Este conjunto de datos permitió a los investigadores separar los efectos genéticos de los ambientales con mayor precisión.

Cuando se tuvieron en cuenta correctamente las muertes no relacionadas con el envejecimiento, la contribución heredada a la esperanza de vida aumentó drásticamente, alcanzando aproximadamente el 50%. El resultado, detallaron los investigadores, se alinea más estrechamente con las estimaciones de heredabilidad observadas en otros rasgos humanos complejos y en modelos animales usados para estudiar el envejecimiento.

En ese sentido, Shenhar señaló que los hallazgos podrían tener importantes implicaciones para la investigación futura. Si la genética desempeña un papel tan sustancial en la longevidad, refuerza la necesidad de identificar variantes genéticas específicas asociadas con una vida más larga y un envejecimiento más saludable.

Como resultado, los investigadores ahora pueden buscar con mayor confianza variantes genéticas que influyen en la longevidad, usándolas como una ventana hacia los mecanismos biológicos del envejecimiento.

El estudio abre la puerta al desarrollo de terapias que vayan más allá del tratamiento de enfermedades individuales —como cardiopatías o cáncer— y se enfoquen en los procesos fundamentales del envejecimiento. Por ejemplo, genes que influyen en la demencia —responsable de alrededor del 70% del riesgo a los 80 años— podrían ayudar a los científicos a desarrollar formas de prevenir o ralentizar la pérdida de memoria.

“Nuestro estudio sienta las bases para futuras investigaciones genéticas sobre el envejecimiento. El siguiente paso es comprender qué sucede más allá de la genética, incluyendo cómo factores como nutrición, ejercicio y estrés interactúan con la predisposición genética para determinar cuánto y qué tan bien viven las personas”, concluyó Shenhar.

Los hallazgos fueron publicados recientemente en la revista científica Science, revisada por pares.

Fuente: The Jerusalem Post

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