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Israel. Tres meses de terrorismo: 169 incidentes, 22 israelíes muertos y 274 heridos

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Itongadol/AJN.- Según los datos oficiales, desde el atentado con piedras en el que murió Alexander Levlobitz y que marcó el inicio de la ola de violencia, 22 israelíes fueron asesinados, 274 resultaron heridos en 169 actos terroristas. Ayer se sumaron a la lista 11 heridos más, por el atentado perpetrado con un automóvil en la entrada a Jerusalem. Entre los heridos está Yotam Stibon, de un año y tres meses de vida, que sufrió heridas de mediana consideración. Tras largas horas en el quirófano, los médicos aún luchan por salvar uno de sus pies. 

Meir Pavlowski (25) fue apuñalado y sufrió heridas graves el 8 de octubre pasado, en la entrada oeste a la localidad de Kiryat Arba. Al cumplirse tres meses del inicio de la presente ola de terrorismo, Pavlowski declara al portal de noticias israelí Ynet que hace todo por protegerse y cuidarse. “No quiero morir, no quiero volver a estar en esa situación”, manifiesta.
 
“Me apuñaló seis veces en la espalda y el abdomen”, recuerda Pavlowski el atentado que le cambió la vida. “Hizo falta una serie de tratamientos muy complejos en el hígado, intestinos y pulmones. Camino al hospital perdí tres litros de sangre. Todo ese tiempo recité la plegaria ´Shemá Israel´ y sentí pánico de morir”, agrega.
 
Al llegar al hospital, Pavlowski fue anestesiado e ingresado en la sala de operaciones, en estado crítico. Al día siguiente despertó, y 12 días después regresó a su casa. “La rehabilitación es muy difícil. Hasta hoy estoy haciendo esfuerzos para volver a la vida normal, poco a poco”, explica Meir.
 
Pero nada es sencillo para él. “Estoy en medio de un proceso. Decidí protegerme y por eso voy a todas partes con un chaleco antibalas. La gente debe entender que la situación no es sencilla y hay que tener cuidado. Escuchamos sobre un atentado, nos conmocionamos y seguimos adelante, hasta que a uno le toca o a un ser querido. La gente no comprende el significado, las consecuencias que tiene resultar herido en un atentado. Cuando me ven con el chaleco antibalas piensan que exagero, pero lo que sucedió influye en cada uno de los aspectos de mi vida”, expresa Meir Pavlowski.
 
“Noches en vela”
El suboficial Moshé Jen recibe hasta hoy en día tratamiento psicológico. No logra dormir por las noches y cuando recuerda el día del atentado en el que le dispararon, llora. El policía de tránsito Moshé Jen logró frustrar un atentado explosivo el 11 de octubre pasado, cuando un automóvil conducido por un palestino estalló a unos metros de él, en el puesto de control Al Zaim, en la Margen Occidental.
 
“Al principio no sentí nada", dice Moshé. "Todo el mundo venía al hospital a entrevistarme, recibí tratamiento médico para las quemaduras que tenía en todo el cuerpo, y yo estaba en otro mundo. A los pocos días comencé a ´aterrizar´, y comprendí lo que me había pasado. Se convirtió en algo muy difícil de afrontar. Son noches y noches sin dormir y momentos muy difíciles en los que vuelven los recuerdos del ataque y cómo me salvé de milagro. Ahora estoy tratando de volver a la rutina ".
 
“Hay imágenes que no me abandonan, como el fuego que salió del automóvil y el cuerpo quemado de la terrorista. Ésas son imágenes muy duras a las que hay que enfrentarse”, explica Moshé Jen.  
 
Después de una breve hospitalización de dos días, Jen regresó a casa y trató de volver a empezar. Volvió al servicio de policía bastante rápido, pero no a la calle, por el momento. "En este momento yo realizo trabajo administrativo y no salgo a la calle. No puedo volver a las carreteras con chaleco antibalas y arma, no me siento capaz. Sé que salvé mucha gente y logré impedir un ataque más grave, y tal vez eso es lo que me hace más fuerte cada día, pero a un precio muy alto ", reflexiona el suboficial Jen.
“Me duermo y me despiertan las pesadillas”
 
“Todo el tiempo veo y las imágenes y me persigue el olor que había allí”, dice el cabo Daniel Harush, de la localidad de Ofakim. Daniel cumple con su servicio militar obligatorio y resultó herido en el atentado con armas de fuego del 18 de octubre en la estación central de autobuses de Beer Sheva. En ese atentado dos personas resultaron muertas, entre ellos el sargento Omri Levy, de la Brigada Golani. 
 
Daniel Harush llegó al hospital Soroka en estado crítico, sufrió dos paros cardíacos, pero los médicos lucharon por su vida y lograron salvarlo, contra todos los pronósticos.
 
Hoy en día, Daniel se encuentra en el comienzo de un largo proceso de rehabilitación y, cuando finalice, desea volver y completar su servicio militar. Sin embargo, por el momento, su vida se ha convertido en “una verdadera pesadilla”.  “Casi no duermo. Cuando logro quedarme dormido, me despiertan las pesadillas. Las noches influyen en las mañanas y las mañanas en los días”, explica.
 
La imagen del soldado muerto en la estación de autobuses no lo abandona. Harush recuerda perfectamente cómo el terrorista, Muhan al-Okabi, tomó el arma de Omri Levy y lo mató, en el baño de la estación. “Fui el primero que llegó al lugar”, recuerda Harush. “También me veo a mi mismo, recibí varios disparos, estaba lleno de sangre y vi la muerte bien cerca. Recuerdo todos los detalles, ojalá no los recordara. Esto es algo que hasta que no lo vives no puedes comprender lo difícil que resulta y cuánto afecta la vida”, asegura Daniel Harush.
 
Desde que recobró la consciencia – tras un mes de estar sedado y conectado a un respirador en terapia intensiva – Daniel tiene miedo de quedarse solo, incluso por un momento. “Cuando estoy despierto estoy siempre tenso, nervioso y todo el tiempo necesito gente a mi lado. Evito ver televisión, películas o noticias, por miedo a ver algo que me recuerde lo que pasó. Tengo miedo de escuchar que hubo otro atentado y revivir todo, entonces sencillamente no escucho, no veo, no me entero”, detalla Daniel.
 
Acerca del proceso de rehabilitación, Daniel Harush cuenta: “Estoy pasando una buena cantidad de tratamientos. Cada día tengo que ir al hospital y vienen médicos a mi casa. No funciono como antes. Mi mano aún no se rehabilitó y no recupero la movilidad. El hígado resultó afectado y todavía no funciona bien. Todavía no logro ducharme solo, vestirme, necesito ayuda para comer. No hay rutina, no hay vida, vives para recuperarte”.
 

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