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Yom Kippur, Nueva York y las Naciones Unidas

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Es en la tercera semana de septiembre que la Organización de las Naciones Unidas, da comienzo a su Asamblea General Anual. Es la oportunidad de ver juntos a los mandatarios de la mayoría de países representados en este organismo. Es una especie de feria en la cual todos vienen a darse una vuelta por la ciudad y de los grandes discursos, de las promesas y, también, de los arrepentimientos. Se buscan palabras para justificar lo injustificable, como es el hambre, la guerra, las divisiones, la violencia de todo tipo y género.

Al fin y al cabo Nueva York es la Capital del Mundo y las Naciones Unidas la Plaza Pública de dicha capital donde todos los que creen que tienen algo que decir, vienen a gritarlo. Les parecerá un tanto extraño el comparar el inicio de la Asamblea General de la ONU con la festividad judía del Yom Kippur, que este año coinciden un poco en sus fechas. Sin embargo, creo que tendríamos un mundo un poco mejor del que hemos recibido si los que hacen el día a día de la ONU se fijaran no sólo en la letra, sino sobretodo en el espíritu de esta festividad hebrea.

La fiesta representa el momento culminante y final de los diez días penitenciales. Para los seguidores de la fe de Abrahán el Yom Kippur es el Día del Gran Perdón, el llamado Sábado de los Sábados o, simplemente, el DIA. Es la jornada en que la comunidad entera se siente purificada de todas sus faltas. Se basan en escritos del profeta Isaías para apoyar estas afirmaciones. Pero se trata de un perdón que a la vez es expiación. Y es obra de Dios, quien renueva su promesa de creación y alianza sin tener en cuenta la infidelidad del pueblo. Gracias a ese perdón el proyecto de creación no puede considerarse fracasado, pues constantemente se ofrece la posibilidad de romper las cadenas de la fatalidad para comenzar de nuevo.

En el «Shul’han Aruj, la recopilación de las leyes prácticas y sus comentarios hasta los sabios contemporáneos según la tradición sefaradí,» recogidas por el Rabí Yosef Caro a finales del medievo, nos dice «… Cada hijo de Israel, descendiente de Jacob… posee una centella de la verdad de la Torá… Aunque por sus múltiples faltas haya podido ahogar en sí esa centella sagrada, jamás podrá extinguirse completamente. En el día de Kipur, un soplo nos llega de las más altas esferas espirituales iluminando nuestro espíritu y ayudándonos a rechazar las seducciones de una vida ‘libre’ de las exigencias del Judaísmo, sin el freno moral que nos impone».

En un mundo globalizado, secularizado y desacralizado como el que vivimos, los organismos supranacionales como la ONU están ocupando el lugar de la llamada a la reflexión que en el pasado tenían sinagogas, iglesias, mezquitas o escuelas. Si bien es cierto que estas instituciones tienen mucho de burocrático y de cinismo, como lo hemos comprobado los que hemos laborado en ellas, sin embargo siguen siendo instituciones válidas. Deberían ser sus asambleas una llamada a un Yom Kipur generalizado, universal. En estos días de festividades judías aprendamos a reflexionar sobre nuestros errores para poder construir un futuro mejor. A la comunidad creyente judía nuestros respetos en estas fiestas grandes de su fe. Ellos son para nosotros los cristianos, los hermanos mayores en la fe.
Por Tomás de Valle
El Diario de NY

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