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AMOS OZ: nadie se percata de los esfuerzos que judíos y palestinos hacemos en Israel por la paz

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«Es una lástima que Israel siga siendo un país desconocido entre ustedes -afirma Amos Oz- porque la cultura judía tiene muchos genes españoles y la cultura española cuenta con muchos genes judíos. Me parece trágico que el conocimiento se establezca a través de los titulares de los periódicos sin que haya contacto cultural ni diálogo entre nuestras sociedades civiles. Mi libro no es un estudio sobre el Estado de Israel, tampoco un tratado de sociología, sino una saga familiar que recorre muchas generaciones y que cuenta la experiencia de un niño que llega a ser escritor. Espero que los lectores encuentren algunas claves universales para comprender mejor quiénes somos los judíos, por qué estamos en Israel y qué nos ha llevado hasta allí.»

Amos Oz acaba de presentar su último libro y es una de las voces más escuchadas en Occidente cuando se trata de analizar el drama de Medio Oriente.

-Antes de la persecución nazi y del Holocausto, ¿había judíos en Palestina? ¿Qué derecho tienen sobre la tierra?

-En Jerusalén existía una mayoría judía hace ya doscientos años. Mucha gente desconoce que la mitad de los judíos de Israel fue expulsada de los países de religión islámica y que la otra mitad, como mi familia, fue expulsada de Europa. Cuando mi padre era joven, había pintadas en las calles europeas que decían: «¡Judíos, márchense a Palestina!», y ahora, casi 60 años después, en las mismas paredes se leen otras (las mismas) pintadas que dicen: «¡Judíos, márchense de Palestina!». Si no hubiera sido una tragedia, diría que tiene gracia.

-Otro aspecto desconocido de la sociedad israelí es su gran diversidad. Hay un judaísmo reformado y otro sin reformar. El reformado tiene ultraordoxos y el otro también; incluso algunos ni siquiera reconocen al Estado porque no es mesiánico. También hay liberales y hay no practicantes…

-En la cultura judía hay algo muy obvio: dos judíos nunca se ponen de acuerdo. Ni siquiera un judío solo se pone de acuerdo consigo mismo, porque tenemos la mente dividida y vivimos una ambivalencia extrema. Jamás hemos tenido un papa como el de los cristianos porque, si alguien se proclamara sumo pontífice, el resto le diría: «Tú no me conoces y yo no te conozco, pero mi abuelo y el tuyo ya hacían negocios hace muchos años. Por lo tanto, calla y escúchame, porque yo te voy a contar lo que Dios quiere de nosotros». Es una civilización argumentativa. Yo diría incluso que un seminario callejero. Yo he querido plasmar en Una historia de amor y oscuridad esa gran diversidad y vivacidad de la cultura judía.

-¿Cree que los intelectuales europeos siguen difundiendo los viejos tópicos de la Guerra Fría, la propaganda antinorteamericana, y no quieren escuchar las voces que se levantan en Israel en favor de la paz?

-Yo les diría a los intelectuales europeos que dejaran de ver el mundo en blanco o negro, porque si nos siguen viendo así, resultaría que no hay ninguna diferencia entre ellos y George Bush, excepto que son la cara y la cruz de la misma moneda. No hay ángeles ni demonios. Estamos en Israel porque no hay ningún país en el mundo al que los judíos, como nación, puedan llamar patria. Y los palestinos están en Palestina por la misma razón y no tienen país, lo que también me parece una tragedia. Esto no es una película del Oeste con buenos y malos. El hecho de no escuchar a los partidarios de la paz en Israel y también en Palestina -porque allí también existe un importante movimiento en favor de la paz- responde a que los europeos muchas veces prefieren los titulares más sensacionalistas. El derramiento de sangre, los tanques en la calle, esos cochebomba que explotan, dan fotos más interesantes que un congreso por la paz. Por eso, casi nadie se percata de los esfuerzos que judíos y palestinos hacemos en Israel por la paz. Pero, hoy día las encuestas demuestran todas las semanas que la mayoría de los israelíes y de los palestinos apoyamos una solución intermedia. Esa mayoría existe. Ahora bien, tanto los palestinos como los israelíes tenemos unos dirigentes que son un desastre. Pero la gente está dispuesta, así sea a regañadientes, a llegar a una solución.

-¿Cuál sería?

-Dividir esta pequeña casita en la que nos toca vivir en dos departamentos, uno palestino y otro israelí, para coexistir como vecinos civilizados.

-Usted vivió de niño, y cuenta en su libro, la fundación de Israel. El mandato de la ONU era crear un Estado judío y otro palestino, pero fueron los árabes y no los judíos los que declararon la guerra, algo que en Europa o no se sabe o se olvida.

-Cinco países árabes invadieron el Estado de Israel sólo diez minutos después de que se proclamara. Sólo diez minutos después de la medianoche del 15 de mayo de 1948. Pero no vale la pena discutir quién es el agresor. Lo que sí importa es que los intelectuales israelíes y los palestinos nos pongamos ya mismo la bata blanca del médico. Lo importante es, primero, detener la hemorragia, y ya después, curar las heridas. Mi libro tiene una importante vena metapolítica porque trata de esta tragedia familiar pero no le echa la culpa a nadie. Yo pertenezco a una tradición diferente de la de los intelectuales europeos de los que usted habla. Ellos se erigen en alto tribunal que busca a los supuestos culpables, los juzga y dicta sentencia. Al acostarse, están satisfechos de apoyar a los ángeles en su lucha contra el demonio. Yo sólo busco soluciones a la crisis con un espíritu de compasión y con cierta comprensión de ambas posiciones, intentando alcanzar un compromiso factible. No una solución paradisiaca que haga feliz a todo el mundo, porque no existe. Un compromiso, porque o hay compromiso o hay derramamiento de sangre. Y yo sé de compromisos: llevo cuarenta y cinco años casado con la misma mujer, así que sé de lo que hablo. Los fanáticos tanto de la derecha como de la izquierda me parecen signos de exclamación andantes. Quienes nos situamos en el campo de la paz llevamos siempre la peor parte, porque volar una estación de trenes en Madrid es más noticia en televisión que convocar a un largo y farragoso congreso por la paz.

-¿No es una dificultad añadida que la sociedad palestina no sea democrática, como sí lo es la israelí, por muchos defectos que tenga?

-Si fuera fácil, habríamos celebrado nuestra luna de miel hace tiempo. La sociedad palestina no tiene una tradición democrática, pero sí tiene un núcleo de sociedad civil y tiene un movimiento cada vez más fuerte en favor de la paz. El movimiento isrealí por la paz intenta colaborar con su equivalente palestino, porque si nos quedamos con los brazos cruzados esperando a que el mundo árabe se haga democrático o a que Bush imponga la democracia con pistolas en la psique árabe, tendríamos que esperar demasiado tiempo. Primero hay que llegar a un modus vivendi con Palestina y ya luego la sociedad palestina se desarrollará más rápidamente hacia una democracia. Como en las urgencias hospitalarias, primero se detiene la hemorragia y luego se curan las heridas. Es cuestión de prioridades.

-Muchos protagonistas de la guerra de los seis días militan en las filas de la paz, incluso altos mandos del Tsahal. ¿No es así?

-Nunca luché en la guerra por placer, pero si alguien intentara matarme a mí o a mi familia volvería a luchar. La mayoría de los fundadores del movimiento por la paz han sido soldados, incluso generales. Y lo mismo entre los palestinos. Muchos fueron antes guerrilleros. No hay soluciones paradisiacas, todos buscamos una salida pragmática.

Por Tulio Demicheli
La NAcion

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