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Se quedaron sin vacaciones. Por Shmuel Hadas

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Ni el ideal de los Juegos Olímpicos (Más rápido, más alto y más lejos) pudo con ellos: las cosas no avanzaron, sus respectivas popularidades siguen bajando y ambos quizás no lleguen muy lejos. Quienes se ocupan de que las cosas marchen así son, en cada caso, sus propios correligionarios. Todo ello, mientras este mes la intifada inicia su quinto año.

La cuasi rebelión en el liderazgo palestino no cede. El acoso y las críticas a Arafat se intensifican mientras se acrecienta la anarquía en un régimen carente de estrategia política y militar, a la vez que aumenta la indisciplina en las fuerzas de seguridad y bandas armadas organizadas van ganando el control de la calle de ciudades palestinas. La sangrienta reaparición en Israel de la organización terrorista fundamentalista Hamas con el doble atentado suicida del martes 31 de agosto, después de una tregua de cinco meses y medio, no es sino otra demostración de que la ANP ha perdido el control de la situación y es incapaz de hacer frente a un terrorismo que se declara enemigo a muerte de los israelíes, pero cuyo único logro ha sido el de posponer indefinidamente la materialización de la visión de un Estado palestino conviviendo con Israel.

Una comisión investigadora del Consejo Legislativo Palestino acusó recientemente a Arafat y a la ANP de ser la causa de la anarquía y que «la incapacidad de los organismos de seguridad para restablecer el orden se debe a una clara ausencia tanto de decisión política como de una clara definición de sus tareas». No obstante haber reconocido que se habían cometido errores durante su gestión y que «algunos funcionarios han quebrantado la confianza depositada en ellos», Arafat se negó categóricamente a firmar un decreto contra la corrupción, en la consideración de que «es suficiente con sus declaraciones», por lo que no considera «necesario firmar decreto alguno». No faltaron los parlamentarios del propio partido de Arafat, Al Fatah, que insistieron en que deben suspenderse las actividades del Consejo Legislativo Palestino hasta que Arafat se decida a implementar las reformas o, por lo menos, garantice por escrito que implementará sus incumplidas promesas.

No lo tiene mejor su sempiterno enemigo, el primer ministro Ariel Sharon, humillado por el último congreso de su partido, el Likud, al rechazar su propuesta de incorporar a su gobierno al Partido Laborista, lo que le habría proporcionado la mayoría parlamentaria necesaria para implementar su plan de desconexión de los palestinos en la franja de Gaza y en el norte de Cisjordania. De hecho, la mayoría de los congresistas de su partido no solamente rechazó el establecimiento de una coalición con el laborismo, sino también la evacuación de los asentamientos israelíes, lo que es visto por la mayoría de los israelíes como la única alternativa para sacar del estancamiento al proceso negociador. Pese al rechazo de su propio partido, Sharon se propone llevar adelante su plan. Según sus allegados, «tiene la intención de constituir un gobierno con una mayoría estable que le permita continuar. No se trata de la primera derrota de Sharon en el Likud, en su intento de modificar la política colonizadora de su Gobierno. Pero Sharon, como destaca el Financial Times, se propone llevar a cabo su proyecto a la fuerza y que «con ello, una vez más hace honor a su fama de bulldozer». La derrota de Sharon a manos de la extrema derecha de su partido quizás lo obligue a actuar con mayor contundencia de lo que se había propuesto.

Las dificultades que encuentra Sharon en la ejecución de su plan de desconexión, pese al apoyo de más del setenta por ciento de los israelíes, nos advierten nuevamente, si hacía falta, de las tremendas dificultades con que se seguirá tropezando cada vez que se intente reconducir las moribundas negociaciones palestino-israelíes. Es evidente que mientras no cambie básicamente la situación y no ceda el terrorismo, su principal condicionante, poco o nada se avanzará.

Un atribulado Oriente Medio ve impotente como, además de un insoluble conflicto israelo-palestino, Iraq sigue siendo rehén de las fuerzas insurgentes que buscan impedir un equilibrio político que la saque del fango, Líbano pierde su soberanía a manos de Siria, en Sudán se lleva a cabo un genocidio a manos de bandas prohijadas por su propio Gobierno, e Irán se empeña en su carrera nuclear. Y cómo un empecinado fundamentalismo religioso fanático y sanguinario extiende, imparable, sus tentáculos de terror. Todo ello ante una desconcertada comunidad internacional que, carente de la voluntad política necesaria, es incapaz de actuar.

En esta situación no hay duda de que los dirigentes de los pueblos israelí y palestino no podrán resolver por sí solos el conflicto en que se encuentran atrapados casi un siglo. Ello será posible sólo si los principales actores del escenario internacional, aquellos que consideren que es posible un futuro mejor para israelíes y palestinos, apoyan activamente y se involucran constructivamente en la búsqueda de una solución justa. Huelga recordar que esto no sucederá antes del 2 de noviembre.

S. HADAS, primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede

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