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“¿CÓMO VIVIR SINTIENDO QUE NUNCA SE SABRÁ NADA?”

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Por Martin Granovsky.-El 18 de julio de 1994 el arquitecto Andrés Malamud dirigía las refacciones del edificio de la AMIA. La bomba lo mató. Diana tenía entonces 35 años y dos nenas que ahora son adolescentes. Con otros familiares de víctimas formó Memoria Activa, el organismo al que la Argentina le debe el recuerdo permanente de los lunes por la mañana, con el sonido desgarrador del cuero frente a Tribunales, pero también que la trama de encubrimiento haya quedado al desnudo.
–¿Cuál fue su reacción el jueves, mientras los jueces leían el veredicto?
–Primero de sorpresa. De mucha sorpresa. Después de la sorpresa, de mucho dolor. Me daba cuenta de que la causa AMIA y la muerte iban a quedar definitivamente impunes.
–¿Impunes por el fallo?
–No. Impunes porque 10 años después no tenemos absolutamente nada. Lo que se demostró el jueves es lo que venimos denunciando y lo que hemos denunciado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: el Estado argentino es el responsable de que no hayamos podido llegar a la verdad.
–¿Por qué dice que se sorprendió al principio?
–Pensé que sería más fácil dejar a alguien preso. Así, en cambio, quedó demostrado que todo el Estado fue trabajando en el armado de la causa luego del atentado. También me sorprendió la actuación del tribunal oral.
–¿Qué la asombró?
–Actuaron con mucha valentía. Rompieron la corporación. Me sorprendió mucho porque hasta ahora nadie desde el Estado se había animado a decir que el propio Estado es responsable de lo que pasó.
–Usted habla de la segunda parte del veredicto, donde los jueces piden que la Justicia y el Consejo de la Magistratura investiguen a Juan José Galeano, Norberto Oyarbide, Gabriel Cavallo y ex funcionarios como Hugo Anzorreguy y Carlos Corach.
–Imaginaba una parte: Galeano. Pero no pensaba que llegarían hasta Oyarbide, Cavallo, la bicameral de seguimiento de la AMIA y la abogada de la DAIA, Marta Nercellas. Fue una buena sorpresa. Lamento que todavía no estén los fundamentos, porque eso hubiese esclarecido mucho la situación.
–¿Usted ve un panorama confuso?
–Sí, hay mucha confusión. Se repudia el veredicto y al mismo tiempo se dice que con este fallo el Estado argentino fue responsable del encubrimiento y la mentira. Pero precisamente lo que hicieron estos jueces fue decir que el Estado argentino es el responsable. Seguir dejando que la gente siguiera presa en proceso de instrucción hubiera sido lamentable. No hubiera servido. Y lo que creo que verdaderamente no sirve es lo que hizo el Estado antes. Todo mal y a propósito. Hubiera sido políticamente más fácil terminar el proceso con tres presos, y todo bien.
–¿Cree en la inocencia de Juan José Ribelli o Carlos Telleldín?
–No importa lo que yo crea. Aun si esta gente fuese responsable del atentado, ¿cómo saberlo? ¿Sobre la base de qué? ¿Usando el desastre que hizo Galeano? Volver a fojas a cero es imposible. Diez años perdidos son irrecuperables. Se perdieron pruebas, Se destruyeron pruebas. Esto es lo que me da un odio terrible. ¿Cómo hace uno para vivir sintiendo que nunca más sabrá nada?
–¿No ve ninguna posibilidad de saber qué pasó?
–Una en un millón. Que aparezca un arrepentido. Se perdió mucho tiempo. Demasiado.
–¿Cuál es su mayor reproche a Galeano?
–Privarnos de justicia. Lo hizo delinquiendo. Le pagamos el sueldo. Y sigue siendo juez de la Nación.
–¿Cuál habría sido el mayor delito de Galeano?
–Pagarle a Telleldín. Frente a eso hasta parecen menores cosas tan graves como las cámaras de video en su despacho, las causas anexas que tenía y a las que nuestra parte no tenía acceso, el armado de pistas falsas, las pinchaduras de teléfono…
–¿Por qué dice que pagar fue el mayor delito?
–Porque destruyó la posibilidad de llegar a la verdad.
–¿Distrajo?
–No necesariamente. Puso chivos expiatorios. Mire, no sé si los policías están relacionados o no con el atentado. El problema es que no puedo saberlo. Galeano logró que durante años se perdiera el tiempo.
–¿Es estupidez o plan?
–Estupidez no es. Bajo ningún punto de vista. Es el uso de unos por parte de otros. Es soberbia. Es haber pensado que iban a transitar el camino de la fama. Es dinero. Es tapar su propia ineptitud y su ineficacia. Era muy sencillo en este país dejar las cosas como estaban. No les costó ningún trabajo.
–¿Incluye a Corach y Anzorreguy?
–Estaban al tanto. En muchos casos directamente pergeñaron y encubrieron.
–¿Por qué cree que lo hicieron?
–Todo puede ser. El camino de lo posible es múltiple. El gobierno menemista debía decir algo. Había presiones internacionales, sobre todo de los Estados Unidos. Armar una causa era una forma sencilla determinar el tema. Una respuesta a la sociedad argentina. Que los familiares nos dejáramos de joder. Y tenían garantizada la impunidad. Nunca imaginaron que alguien iba a ponerse a investigar.
–¿Tiene alguna hipótesis concreta de quién cometió el atentado y cuál era la conexión local?
–No la tengo. La cambié a través de los años. Sé que les debo a todos ellos no tener una hipótesis exacta de lo que pasó. Volaron un edificio. No es tan sencillo volar un edificio. Acá sí lo fue.
–¿Cambió su forma de ser judía en estos 10 años?
–No podría definirlo. He tenido en los últimos años mucha mas relación con la comunidad judía que anteriormente. Primero pensé que la comunidad me iba a representar, que iban a trabajar por la verdad y la justicia. Imaginé que habría avances. Hasta confié en Galeano, con eso le digo todo. Sé que los dirigentes de las instituciones no son la gente, pero me avergüenzan como judía. Recuerdo durante el juicio oral cuando los jueces quisieron que todas las partes opinaran sobre si los miembros de la SIDE debían declarar en el juicio y se abrieran los archivos. La única en contra fue la DAIA. Argumentó sobre la defensa del secreto de Estado. Y era parte, no era el Estado. Fue bochornoso. Eso habla de que ellos mismos tienen cosas para tapar. No les convenía este fallo. A mí ellos no me representan. Y no solo ellos. ¿Dónde están los que no se paran en la puerta de la DAIA a pedir la renuncia de la conducción? Es una vergüenza. Es vergonzoso que la abogada de la DAIA en el juicio sea la misma de Rubén Beraja. Y que quien ahora está a cargo de la presidencia de la DAIA sea Jorge Kirzembaum, el ex abogado del Banco Mayo. Una vez el Día del Perdón cayó un lunes, nuestro día del acto de Memoria Activa. No sabíamos qué hacer. Después de discutir mucho, resolvimos que habría acto, pero no micrófonos ni oradores. ¿Sabe quién vino y habló con un megáfono? Kirzembaum.
–¿Qué hará Memoria Activa de ahora en adelante?
–Veremos en cuál de todas las causas vamos a ser querellantes. Eso es lo que queda de todo esta basura, del encubrimiento y de la investigación que no se hizo. Me imagino que muy pronto saldrá el dictamen de la CIDH. También deberemos sentarnos a pensar qué vamos a pedir exactamente. Una cosa, sin duda: tiene que haber cambios en la Justicia federal. El Estado es culpable. Eso está claro. No tiene discusión. Por suerte en Memoria Activa hace muchos años pedimos el apartamiento de Galeano. Calculo que ahora caerán muchas de las causas en el juzgado de Claudio Bonadío, que lleva adelante la causa contra Galeano por irregularidades. En la causa AMIA, exigir justicia ya quedó obsoleto. Es doloroso decirlo, pero es así. Uno puede exigir otras cosas, y prestar atención a lo que pase con las causas, con el trámite en el Consejo de la Magistratura, con el jury a los fiscales. Va a ser arduo.
–¿La llamaron desde el exterior?
–Sí. Estaban sorprendidos e indignados. Es que hemos hecho un papelón fenomenal como país. Pero hubo una buena respuesta. Muchos de los que atendí por teléfono estaban confundidos con la absolución. Creían que era malo. Y es malo no haber llegado a una situación de justicia, pero lo contrario no era bueno. Porque la justicia tiene que ser real y verdadera.
–No apareció Carlos Menem entre los funcionarios a investigar según la indicación del tribunal oral.
–Me asombra. Espero que alguna de las causas que se abran lleven hacia él.
–¿Habló con los jueces del tribunal oral?
–No, jamás. Ni nos propusimos hacerlo. Consideramos que ellos debían hacer su trabajo y nosotros el nuestro como querellantes. Nosotros no haríamos nada que nos moviera de ese lugar.
–¿Cuándo fue la última vez que hablaron con el presidente Kirchner?
–No bien asumió. Si me llamara ahora, le diría que el Gobierno debe tomar la decisión política de que esto siga un curso de la Justicia. Porque sinceramente lo que demuestra el veredicto es que la Justicia no funcionó. Y cuando no funciona la Justicia otras cosas tampoco andan. Se habla de inseguridad. Pero no puede haber seguridad sin justicia. Igual, tenemos en claro las diferencias. El gobierno de Menem fue el que garantizó la impunidad. Fue el constructor de la impunidad, y no sólo el garante. El gobierno de Fernando de la Rúa siguió un camino idéntico. Kirchner dio diferentes muestras de su oposición a la impunidad, pero no son suficientes.
–¿Qué debería hacer?
–El Estado tiene que hacerse cargo de que la desastrosa investigación fue su responsabilidad. Y debe asumirla.
–¿De qué manera?
–Que el Estado diga cómo fue la investigación. Que el Presidente diga cómo sucedieron los hechos. Que se acaben las corporaciones. Que se ponga energía. Ahí es donde el Estado demostrará si tiene voluntad política en la causa Amia. Por ejemplo, uno se imagina a Galeano renunciando. No deben aceptarle la renuncia. A esta gente se la debe juzgar, no aceptar que renuncien y se vayan. A Galeano hay que destituirlo. Expresar la voluntad con mucha decisión política.
–El Gobierno estudia formar una Conadep para el encubrimiento en la causa AMIA. ¿Qué opina?
–No sé bien de qué se trata. Todavía no lo tengo claro. Pero la Argentina de hoy no es la Argentina de 1984. La democracia tiene que madurar y las instituciones tienen que funcionar como corresponde. No estaría de acuerdo con una comisión especial si así se deslindan responsabilidades institucionales. El Poder Ejecutivo ahora tiene que impulsar con mucha fuerza política la acción de la Justicia, y nada es más importante que esa tarea.
–¿Tuvo contacto con los dirigentes de la DAIA después del fallo?
–Sí, pero ustedes no podrían reproducir lo que les dije.
–Podríamos.
–No. No se lo imagina. Es demasiado. Se fueron todos cabizbajos y meditabundos. Se equivocaron. Yo no les perdono la equivocación diez años después. Yo no lo perdono eso.
–¿Cuántos años tienen sus hijas?
–Una 15 y la otra 13.
–¿Cómo están?
–La verdad es que muy preocupadas, Muy shockeadas. Me preguntaban: «¿Cómo no hay culpables?». Es difícil de explicarles que no los hay y que no los habrá. Difícil de explicar y difícil de digerir.

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