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Unión Macabi Mundial. Mensaje de Yom HaAtzmaút – 64 Aniversario de la Independencia de Israel

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 Queridos amigos:

Nos aproximamos a la celebración de Yom HaAtzmaút, el Día de la Independencia del Estado de Israel – ¡apenas 64 años! –, precedida por un día de profundo dolor para el pueblo judío (especialmente para los israelíes):  Yom HaZicarón leJalaléi Tzáhal velenifgaéi peulot eivá, el Día de Recordación de los Caídos del Ejército de Defensa de Israel y de los asesinados en acciones terroristas.  Se trata de la conjunción más extrema de sentimientos de nuestra nación renacida: la enorme tristeza de todos los hogares de Medinat Israel, que recuerdan a familiares y amigos muertos en la defensa del país, y la desbordante alegría, 24 horas más tarde, por otro año de vida en este Tercer Estado reconstruido de entre las ruinas de la Shoá – a pesar del Holocausto; no como consecuencia de él -.
La vida del pueblo judío como una Nación libre en el Estado de Israel (a diferencia de "la Tierra de Israel", como refieren a Israel los grupos ultra-ortodoxos no-sionistas, que desconocen la legitimidad teológico-histórica de Medinat Israel) nos ha devuelto a nuestra normalidad como pueblo. Por un largo plazo de poco menos de 1.900 años, hemos concebido a nuestra existencia como judíos en términos comunitarios (un proceso iniciado desde la destrucción del Segundo Templo, en el año 70, con la pérdida de nuestra dimensión nacional). Se trataba de una lectura de grupo solidario, pequeño – o, al menos, minoritario –, viviendo entre una mayoría generalmente hostil (especialmente en Occidente y su antisemitismo basado en acusaciones de deicidio por 17 siglos). Las normas establecidas, entonces, desde la legislación judía, se dictaminaban en ese milieu comunitario, que las volvía relevantes a la vida judía de grupo. 
Tomemos, por ejemplo, las leyes de tzedaká – justicia social, solidaridad con los carenciados –. Estas leyes explican, ya sea en la escala de 8 grados del Rambam (Maimónides), en el Shulján Aruj de Yosef Caro, o en los 7 grados de Ibn Gvirol – por citar los casos más famosos, pero definitivamente no los únicos – cómo debemos comportarnos frente a aquellos en dificultades económicas, desde su capacitación en áreas laborales (para que logren ganar por sus propios medios su manutención), a cuánto debemos separar de nuestros ingresos para compartir con otros.
Leyes de estas características son, definitivamente, de gran relevancia a la vida del Estado de Israel hoy; a nuestra realidad como Nación reconstruida en la Tierra de nuestros antepasados. No obstante, las leyes no contemplan los nuevos dilemas que surgen de nuestra vida nacional. Con su complejidad, su increíble sensibilidad social, su visión de justicia social, las leyes de tzedaká no dan una respuesta a, por ejemplo, lo ocurrido en el verano del 2011 en Medinat Israel. Hace 9 meses, la clase media israelí se levantó masivamente a reclamar que la carga impositiva y laboral, y los costos más elementales (vivienda, salud y educación) recaían en forma desproporcionada sobre ella, en un claro caso de  "eifá veeifá" (la expresión de la Torá que habla de injusticia basada en dobles estándares).  Socialmente, y con harta claridad, estaba ocurriendo una fuerte injusticia desde lo económico… que las leyes de tzedaká, centradas en la pobreza, no habían contemplado. 
La sociedad israelí aún está discutiendo cómo resolver este tema específico, así como lo hace frente a temas como el castigo a la criminalidad o a los conductores de autos que han ocasionado víctimas fatales, el lugar de la educación en el desarrollo del futuro de nuestro pueblo, o la defensa de nuestro derecho a nuestra Tierra ancestral en foros internacionales – todos temas que tienen algunos precedentes en el imaginario legal y filosófico milenario judío, pero que presentan, hoy, aristas nuevas (algunas fascinantes, otras deplorables) -.
Es esto lo que hace que afirmemos que la totalidad de la vida judía se desarrolla en Medinat Israel: es sólo aquí, en este pequeño pedazo de Tierra vuelto una vez más nuestro Hogar Nacional, que nos enfrentamos con los nuevos desafíos y dilemas de nuestra existencia como Nación. Es aquí donde las decisiones de la Corte Suprema de Justicia determinan una parte del espectro ético de la vida misma de nuestro pueblo; donde las oportunidades de las nuevas tecnologías se vuelven muchas veces dilemas – especialmente en campos como la bio-medicina –; donde conceptos como solidaridad se interrelacionan con los de responsabilidad de Estado. Con lo complicado que significa – desde la pérdida de la intimidad comunitaria – el paso desde la cálida comunidad a la populosa Nación,  hemos multiplicado la ya amplia multidimensionalidad judía teniendo que afrontar todos los temas que hacen a la vida de un país desde el legado ético-moral de nuestras milenarias Fuentes y buscando las nuevas respuestas que los interrogantes nacionales nos presentan.
Medinat Israel es el tablero de ajedrez de nuestra Nación: una Nación levantada con un enorme sufrimiento y esfuerzo – con 22.993 caídos en batallas de defensa de la patria y víctimas del terrorismo -, que vivió la privación por 3 décadas, y que es, hoy, uno de los países más avanzados del planeta. Celebremos sus 64 años de vida valorando el sacrificio que significó y significa asegurar su existencia, y reconociendo la redención histórica y divina que su establecimiento trajo a nuestro pueblo, tantas veces diezmado y perseguido.
Que tengamos todos la dicha de ver a nuestro pequeño Gran Estado siempre floreciente, creciente, fortificado con nuestra presencia concreta y física, y en paz, con la aceptación por parte de las Naciones del mundo del retorno del pueblo judío a éretz Tzion viyrushalaim, a la Tierra de Sión y Jerusalem – Capital Eterna de nuestro pueblo -.
 
Quiera Dios bendecir al Estado de Israel, que marca el inicio de nuestro renacimiento nacional, de nuestro orgullo recuperado, de nuestro futuro cierto como pueblo.
 
¡Jag HaAtzmaút Saméaj!
¡Felices 64 años, Israel!
¡Jazak ve’ematz!
 
Rabino Carlos A. Tapiero
Vice-Director General & Director de Educación
Unión Mundial Macabi
 

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