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Aniversario/Embajada. Opinión: La lección de Buenos Aires

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El 17 de marzo de 1992, a las 14.42 hs., una camioneta cargada con explosivos conducida por “Abu Yasser”, un argentino que se había convertido al islam, se estrelló contra el frente de la embajada israelí, en la esquina de las calles Arroyo y Suipacha, en Buenos Aires.
En la explosión posterior murieron 29 personas, incluidos cuatro israelíes. La mayoría de las víctimas eran civiles argentinos. Hasta el atentado a la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) de 1994 fue el más mortífero ataque contra una misión diplomática israelí.
En un comunicado adjudicándose la autoría del atentado, la Jihad Islámica, una organización que recibe fondos y entrenamiento de Irán, alabó a Abu Yasser, quien “golpeó como un rayo de luz una base terrorista sionista en la Argentina, haciéndola desaparecer en una fracción de segundo”. Luego, la Jihad Islámica prometió que la “guerra ilimitada” contra el “enemigo criminal israelí” no cesaría hasta que Israel fuese “borrado de la existencia”.
La comunidad judía de Buenos Aires conmemorará el 20º aniversario del ataque este fin de semana con una ceremonia, un concierto de rock y la campaña publicitaria “Hoy cumplo 20 años”, que se centrará en las personas que podrían haber sido asesinadas en el ataque, pero no lo fueron.
Lamentablemente, una reciente serie de acontecimientos que involucra a Irán sirve para puntualizar cuán poco ha cambiado en las dos décadas que van desde el ataque en Buenos Aires. Mientras los judíos de la Argentina conmemoran un trágico incidente del pasado, una coalición de fuerzas terroristas desperdigadas alrededor del globo y vinculadas con Irán está trabajando duro para generar más tragedias judíos.
Esta misma semana, la las fuerzas de seguridad de Azerbaiyán arrestaron a 22 personas sospechosas de conspirar para atacar las embajadas israelí y estadounidense en Bakú. Los sospechosos, entrenados, financiados y armados por la inteligencia iraní, presuntamente también planeaban atacar las oficinas de la Agencia Judía y otras organizaciones judías.
También esta semana, la India confirmó oficialmente lo que Israel ha estado diciendo desde el principio: que Irán estuvo detrás del ataque del mes pasado en la embajada israelí en Nueva Delhi.
La policía india emitió una orden de arresto contra tres iraníes sospechosos de estar conectados con el ataque.
Mientras tanto, las autoridades malayas, a petición de Tailandia, se están moviendo para extraditar a Bangkok a un iraní sospechoso de estar involucrado en un complot con bomba que iba a dirigirse contra diplomáticos israelíes en Bangkok. Masoud Sedaghatzadeh fue arrestado en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur el 15 de febrero, un día después de que una bomba se detonó accidentalmente en un departamento de Bangkok. Otros dos iraníes, uno de los cuales sufrió la amputación de sus piernas cuando trataba de lanzar una bomba contra la policía tailandesa, también han sido arrestados.
En casa, la misma Jihad Islámica responsable del atentado de 1992 en Buenos Aires, apoyada, entrenada y financiada por Irán, ha sido la fuerza impulsora de la andanada de más de 300 proyectiles -cohetes Kassam y Grad incluidos- disparados contra pueblos del Sur desde el viernes.
La República Islámica ha estado impulsando el terrorismo internacional durante décadas. Para agregar urgencia a esta amenaza terrorista, Irán está en marcha constante hacia la consecución de armas nucleares. No nos atrevemos a imaginar actividades terroristas patrocinadas por Irán y respaldadas por la amenaza de un Armagedón nuclear.
Ya en 1993, justo un año después del ataque en Buenos Aires, el primer ministro Yitzhak Rabin advirtió de la amenaza existencial que representaba el programa nuclear de Irán. Los sucesivos gobiernos israelíes y las organizaciones judeoestadounidenses han promovido dolorosas sanciones contra Teherán.
Pero mientras Irán continuó apoyando el terrorismo y, en paralelo, invirtiendo en su programa nuclear, la comunidad internacional se abstuvo hasta hace poco de la aplicar sanciones dolorosas o tomar otras medidas contra Irán, en parte para evitar dañar los esfuerzos hacia un “compromiso”.
Sin embargo, después de años de postergación, basada en la falsa esperanza de que los líderes de Irán de algún modo cambien sus formas, la marea finalmente parece estar cambiando. Parado junto al primer ministro británico, David Cameron, en la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, le advirtió a Irán el miércoles que la ventana de oportunidad para una solución diplomática se estaba “encogiendo”.
“Cumpla sus obligaciones internacionales o enfrente las consecuencias”, dijo.
En los 20 años transcurridos desde el atentado a la embajada israelí en Buenos Aires, los mulas de Irán han dejado muy claro que son una amenaza para la civilización occidental que debe ser detenida. Oramos por que la comunidad internacional haya finalmente internalizado este mensaje. Si no, Israel se verá obligado a actuar solo.

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