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Agentes del Servicio de Seguridad israelí recordaron la captura de Eichmann en la Argentina

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A las 20.04 hs. del miércoles 11 de mayo de 1960, Ricardo Klement bajó del colectivo 203 para regresar a su casa en la calle Garibaldi, en San Fernando. Afuera, siete hombres lo aguardaban en dos autos negros, a la espera de poder capturar a quien en realidad era Adolf Eichmann, el criminal de guerra nazi que había sido uno de los responsables de la “Solución final del problema judío”: la eliminación de todos los hebreos de Europa, y luego, del mundo.
En una entrevista con el diario israelí Haretz, los agentes aclararon es que no eran agentes del Mosad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, sino seis integrantes del Shin Bet, que es su contraparte a nivel interno, y un médico.

En un vehículo esperaban Abraham Shalom, subjefe de la Unidad de Operaciones del organismo; Iaacov Gat, agente de campo con base en París; y un anestesiólogo –todavía anónimo-, por si hacía falta sedar a Eichmann. Estaban ubicados en la calle principal y su tarea era identificarlo, cegarlo con las luces del auto y acompañar la huida posterior.
Los otros cuatro esperaban en otro vehículo, al amparo de la noche. Su misión era capturar a Eichmann y trasladarlo a una de las tres casas seguras disponibles.
Se trataba de Rafi Eitan, jefe de la Unidad de Operaciones y responsable de la operación; Tzvi Aharoni, interrogador en jefe, quien había seguido e identificado a Eichmann a principios de marzo; y Peter Tzvi Malkin y Moshé Tavor, los “operativos” encargados de capturarlo. Todos eran treintañeros.
Los dos últimos ya fallecieron, mientras que Aharoni vive en Inglaterra y tiene dificultades para hablar, así que se fue entrevistado por teléfono, con la ayuda de su hijo.
“Vi a Eichmann caminar con una linterna roja y blanca y encendí las luces del auto, mientras doblaba a la izquierda rumbo a la casa”, recuerda Shalom, de 82 años. Unos treinta segundos después, lo habían capturado.
Eitan los había elegido a mediados de marzo, de entre 250 candidatos. “Eran los mejores para esa misión”, asegura el líder del operativo, aunque Shalom asegura que a él lo reclutó directamente Iser Harel, el jefe del Mosad.
Eitán explica que “el plan era que Malkin lo llamase, diciéndole: ‘Momentito, señor’, lo derribase y lo redujese apretándole la arteria carótida”.
“Pero Aharoni susurró: ‘Tiene la mano en el bolsillo, puede tener una pistola’, así que Malkin lo tomó del brazo, forcejearon, cayeron, Tavor se sumó a la lucha y después yo también, y entre los tres lo entramos al auto”, continúa.
Durante el viaje “no opuso resistencia; respiraba envuelto en pánico y no pronunciaba palabra”.
“Conduje hasta la casa segura y le dije a Eichmann, en alemán, que si se movía recibiría una bala en la cabeza” –relata Aharoni–. “Lo escuché murmurar: ‘Estoy resignado a mi destino’, y así supe que él era el hombre.”
Aharoni sostiene que “yo era el único autorizado para hablar con él. Como su interrogador, me sorprendió descubrir dos cosas: cuán patético era quien había conducido un vasto y aceitado sistema de aniquilación masiva, y el que no haya insistido para que sus hijos se cambiaran el apellido”.
Para Eitan, “mi mayor sorpresa fue encontrar a un oficial totalmente mediocre, que se rindió ni bien cayó en nuestras manos”. Entonces “te preguntás: ‘¿es el destino del pueblo judío el ser aniquilado por un tecnócrata aparentemente talentoso?’”.
En relación a la posible preocupación por una ola antisemita en Argentina, Eitan respondió que “fuera de su familia, nadie buscó” a Eichmann y agrega que “según mi estimación, el evento no causó revuelo en la Argentina por la simple razón de que a los argentinos no les interesaba”.
El juicio a Adolf Eichmann en Jerusalem comenzó el 11 de abril de 1961, y el 31 de mayo del año siguiente, el criminal de guerra nazi fue ahorcado en la prisión de Ramle.
Eitán fue el único de sus captores que presenció la ejecución: “Fui el único que lo visitó en la cárcel y me importaba ver el final de la historia”. A su pedido, lo invitó Tubia Dori, subjefe de la prisión.
“Llegué a la celda de Eichmann después que se fue el cura. Me miró callado y luego me dijo en alemán: ‘Espero que tu turno llegue después del mío’.”
Eitán recuerda que “el lugar (de la ejecución) era pequeño y me quedé afuera. Presencié cuando le cubrieron los ojos y luego escuché el ruido, pero no lo vi caer”.
En cambio, Gat explica que “no quise asistir; estuve con él nueve días antes de volar a Israel, y eso fue suficiente”.

 
CCG-GL

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