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Nuestra visión en relación al comunicado de Jabad Lubavitch Argentina

Hace algunos días, viene circulando por Internet un e-mail con diversas acusaciones en relación a la donación de los regalos de una boda interreligiosa a Jabad Lubavitch Argentina. Como respuesta y, debido al alcance de lo que se ha divulgado, Jabad aclaró su versión de los hechos en un comunicado.
La Fundación Judaica no suele involucrarse en temas que hacen a la razón propia de cada institución o individuos, en referencia a sus valores y creencias. Sostenemos con coherencia en la acción, una práctica de celebración de las diferencias, tanto dentro, como fuera de la propia Comunidad.
Es por esta convicción que nos proponernos exponer -públicamente- posiciones que, sin ánimo de descalificación alguna, expliciten alternativas a los argumentos que -abiertamente- se han difundido en relación a los principios de la práctica judía y sus valores.

La obra de Jabad es digna de reconocimiento por la apasionada dedicación y vocación de ayudar a quienes, según sus criterios, son merecedores de este esfuerzo solidario.
El comunicado que emitieron fue esclarecedor por su honestidad y transparencia. Aun quienes no compartimos esta visión, siempre hemos admirado la obra que realizan en nuestra Comunidad, ocupando activamente muchos espacios abandonados por la ausencia de otros actores. Siempre fue nuestra intención poder articular con ellos, programas y proyectos donde podamos -juntos- afirmar la unidad del judaísmo en su diversidad de opciones. Intención, que nunca fue posible de plasmar. Aun así, seguiremos insistiendo para poder lograrlo. Quienes creemos con fe completa en la pronta llegada del Mashiaj, también sabemos que anticiparíamos Su llegada con el reconocimiento recíproco entre las expresiones judías.

El comunicado de Jabad plantea con claridad sus convicciones, que presentadas como una verdad inapelable, son una restringida interpretación basada en las enseñanzas de lo que en su origen fue una secta judía.
Enseña el Tania, obra mística del fundador de Jabad, que el no judío no es diferente en cuanto a su religión o cultura, sino que está privado del atributo esencial del «alma judía». No se trata entonces de lo interreligioso, sino de la incompatibilidad de unir o vincular dos especies distintas. Basados en esta visión de superioridad intrínseca del alma judía, se condena todo vínculo que comprometa algo más que el respeto y la convivencia pacífica con otros semejantes que son humanamente parecidos, pero espiritualmente diferentes.
No hay coexistencia entre religiones cuando se afirma que son entidades espirituales incompatibles. Así Jabad da por finalizada, en forma explícita y pública en su comunicado, la ingenua ilusión de suponer que no hay, en el judaísmo contemporáneo, expresiones que afirman la segregación como principio religioso. Nada que no podamos encontrar y condenar en toda religión o cultura.
No debemos acusar a ninguna religión de fundamentalista ni racista, aunque tengan en su seno individuos o grupos minoritarios que lo sean.

La postura de Jabad, no discrimina a los no judíos por ser entidades inferiores, simplemente por este mismo motivo, no los considera. Es aquí donde se puede entender por qué para ellos, un matrimonio interreligioso es, lisa y llanamente, una tragedia, una enfermedad para el judaísmo, literalmente dicen «un cáncer».
Definitivamente, nosotros nos encontramos entre quienes no participan, autorizan o habilitan matrimonios interreligiosos. También los asumimos como una amenaza a la continuidad judía. Sin embargo, una vez constituidos pueden ser considerados tanto una potencial asimilación, como una oportunidad para sumarlos a la base demográfica del pueblo judío. Mientras unos, los rechazan, otros los recibimos. Proponemos como desafío contribuir en la educación judía de sus hijos sumándolos a nuestra continuidad.
Nuestra identidad judía, que no es superior a otras, es sumamente valiosa y la preservamos como pacto sagrado.

Muchas instituciones judías integran legítimamente a estas familias, más allá de las disposiciones que administran los Rabinos. Existen muchos casos de matrimonios interreligiosos que educan a sus hijos en el judaísmo, elección que, en libertad responsable y sin inquisición alguna, evita la asimilación. En muchos de estos casos la integración y bienvenida amorosa, les permite formalizar, con el tiempo, un judaísmo por elección sumándose como miembros plenos de nuestro pueblo.
Los matrimonios interreligiosos, si bien no deben ser alentados, deben ser reconocidos como una realidad que debemos asumir. Constituyen hoy, más del 50% de las parejas dentro de la Comunidad Judía.
Jabad responde a esta realidad inexorable de la demografía judía con una solución contundente: su expulsión.
Trabajar, comerciar, compartir un edificio, un país, una ciudadanía, obtener ganancias o intercambiar servicios no son incompatibles o contradictorios -ideológicamente- con el principio de exclusión que aplican a todo aquello que comprometería la propia continuidad de la sangre. No compartimos, en absoluto, que la continuidad judía se asegura por un principio racial.
Una pareja judía es necesaria, pero no suficiente para constituir un hogar judío. Una pareja interreligiosa deberá incorporar, tanto lo necesario como lo suficiente para lograrlo, desafío arduo, costoso, comprometido, pero no imposible.

El comunicado oficial de Jabad ha dejado claramente explicitado que la restricción ideológica y de principios con las que se objetan a las personas u otras denominaciones religiosas judías, no se aplica en absoluto al dinero. Mientras, que el principio de hacer el bien sin mirar a quién no se cumple, recibir el dinero de todos se observa religiosamente sin mirar ni objetar de quién proviene.
Basados en determinada legislación rabínica, esta visión heterodoxa sostiene que las personas que transgreden no contaminan su dinero. Ellos pueden ser descartados, pero no su donación. «No vivirán entre nosotros», pero «sí podemos vivir de ellos». Se advierte que no hay contradicción alguna en «recibir» el dinero «de los fumadores», pero se lo rechaza si el costo es «publicar de quién uno lo recibe». Es decir, «reclutar fumadores para vivir de su dinero sin hacer publicidad del cáncer que los mata». Hoy por ley, ni siquiera las tabacaleras pueden darse este lujo. Hacer publicidad de cigarrillos obliga a advertir, explícitamente, que el tabaco es nocivo para la salud y trae cáncer.
Aun cuando se reciba mucho dinero, uno se empobrece al tener el bolsillo más grande que el alma.

Fundación Judaica respeta la libertad de Jabad en sostener esta posición, y al mismo tiempo, rechaza activa y públicamente una reducción de todo el judaísmo a una simplificación tajante, sin opciones ni alternativas en la rica diversidad que nuestra civilización viene desarrollando por generaciones.
La diversidad y sus formas adaptativas son las que nos permitieron preservarnos por milenios, nunca fue una sola opción -excluyente- la que pudo atribuirse el éxito y garantía en la continuidad judía. Sostener que la endogamia étnica es la fórmula exclusiva para luchar contra la asimilación descalificando, no sólo a los matrimonios interreligiosos, sino junto con ellos a otras prácticas judías, es un agravio para quienes no son judíos y una vergüenza para quienes sí lo somos.
No hay oposición a que un determinado grupo dentro del judaísmo tenga estas convicciones que, para quienes no conoce en profundidad los principios de Jabad, podría ser calificada de racismo.
Nuestro esfuerzo no es combatir o confrontar, sino trabajar para que los miembros de la Comunidad Judía puedan con honestidad intelectual, integridad espiritual y con más rigor histórico que pasión fanática, complementar su propia visión con otras más inclusivas que permitan sumar y aportar alternativas al desarrollo de mayor vida judía.
Jabad tiene legitimidad en sostener su práctica. Su acción no es de agraviar al que no es judío y discriminarlo, sino de rechazar y expulsar a los judíos que se mezclan con ellos.
Los argumentos a favor de una continuidad judía que se sustenten, sólo en estos fundamentos, degradan al judaísmo. No lo preservan.
La práctica basada exclusivamente en esta visión no nos dará continuidad, sino que nos transformará en una secta.

Motiva esta acción de esclarecimiento nuestro amor por el judaísmo en todas sus expresiones, aun aquellas que no compartimos como la de Jabad.
Nos debemos al trabajo por una Comunidad plural e inclusiva. No en confrontar. Mucho menos callar y otorgar.
Lo que el comunicado ofrece no es un problema, sino una oportunidad.
El problema existe, estaba silenciado, es tiempo de explicitarlo.
Queremos diálogos claros como los del comunicado, no apologías a puertas cerradas.
Necesitamos manifestaciones públicas compatibles con los valores, tanto judíos, como los del estado de derecho.
Sostenemos en un mismo pie de igualdad los derechos judíos, como los derechos humanos.
Proponemos asumir, con coherencia, aquello que reclamamos afuera y no hemos logrado aún en la propia Comunidad Judeoargentina. Nadie puede atribuirse la total o legítima representación de un judaísmo verdadero que descalifica o elimina al otro en su propia concepción.
Por ello, los invitamos a que adjunten su e-mail para sumarlos.
Queremos conocerlos y reconocernos públicamente quienes, siendo ciudadanos judíos y argentinos por igual, proponemos hacer valer la Ley dentro y fuera de la Comunidad.
Queremos dejar de vivir como extranjeros en un getto mental; y con orgullo y dignidad fortalecer nuestras tradiciones y continuidad sin asimilarnos, integrándonos en un pie de igualdad.
Deseamos evitar la apología racial que sostiene la supremacía del judaísmo, basado en una sofisticada política de marketing que enmascara prácticas que deben ser repudiadas dentro de nuestra Comunidad, como lo hacemos con pasión y energía cuando somos discriminados en la Sociedad.

Todos tenemos nuestra razón para estar a favor o en contra de estas acciones que se han denunciado. Aprendamos a convivir en la diferencia.
¿Podemos hacerlo en lo interreligioso y no somos capaces de asumirlo en lo ecuménico judío?
¿Cuánto tiempo más sostendremos el doble estándar de repudiar la discriminación en la Sociedad y admitirla practicándola entre judíos?
La vergüenza no es de Jabad, debe ser de toda una Comunidad silenciosamente cómplice.
Cuando alguien, desde afuera, nos discrimina como judíos tenemos una rápida respuesta para reaccionar: lo denunciamos como antisemitismo.
¿Qué deberíamos hacer cuando los judíos nos discriminamos unos a otros dentro de la Comunidad? ¿Nos deberíamos denunciar?
Antes de hacerlo ante la Ley, debemos presentarnos ante el Amor.

El judaísmo dejó de ser sacerdotal con la destrucción del Templo, terminó de ser dominio exclusivo de los Rabinos, con la emancipación en la modernidad, y debe ser hoy -en Argentina- un judaísmo comunitario, diverso y plural.
Somos una sola familia. Debemos hacer nuestra «jasará bitshuvá», retornar en respuesta reparadora, no agresiva ni destructiva. Arrepentirnos por los daños causados unos a otros. Trabajar para esclarecernos. Restaurarnos como Comunidad. Complementarnos.
Si somos -todavía- un solo pueblo, entonces tenemos que reconocernos como hermanos. Así, podremos asegurar entre todos -como Comunidad unida y diversa- aquello que por generaciones -como cultura- fue una contribución valiosa, no sólo para nosotros, sino para toda la Humanidad.

La Torá enseña que D-s creó al hombre y su nombre fue Adán. A Su Imagen y semejanza lo creó.
Recordemos que Adán no era judío, era un hombre universal.
Quienes esperamos con fe completa la llegada del Mashiaj, pronto y en nuestros días, trabajamos para ello con la modesta obra de nuestras manos en un camino de Torá y Mitzvot. Lo hacemos fieles a nuestras Sagradas Escrituras donde consta que, el Mashiaj no sólo redimirá al pueblo judío, sino que Su redención será para todos los hombres sin distinción. Humanos y hermanos. Hijos del mismo Padre. Una sola familia en fraternidad universal.
Un Mesías que no por donaciones, sino por acciones, reconocerá el rostro Divino en lo humano y el humano en lo Divino, otorgando Su salvación a todos por igual, incluso, y quizás en primer lugar, a nuestros hermanos de Jabad.
Es tiempo de aceptarnos en las diferencias.
Es tiempo de celebrar la diversidad judía.

«Quien hace la Paz en las alturas celestiales, nos de Su paz aquí en la tierra, en nosotros y entre nosotros, donde todos como familia judía y como fraternidad humana, nos hagamos artífices de esta Paz.»

Rab. Sergio Bergman
Rab. Alejandro Avruj
Rab. Damián Karo
Rab. Karina Finkielstein
Rab. Daniel Dolinsky
Rab. Ariel Korob
Rab. Fabián Skornik
Rab. Rubén Saferstein
Diego Elman

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