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La viuda de Arafat: ‘De mi marido no he heredado dinero, sólo el orgullo’

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«En esos momentos, no me interesaba la sucesión ni la herencia. Solo quería salvar a mi marido y al padre de mi hija», recuerda Suha interrogada sobre el motivo de su muerte: «Es un secreto que se lo llevó a la tumba. No puedo establecer las causas de su muerte porque no tengo pruebas médicas fehacientes».

Si el tiempo ha mitificado a Arafat a ojos de sus compatriotas, el silencio ha destrozado a Suha, alimentando preguntas. ¿Vivió en un palacio en París mientras su marido estaba en la paupérrima Gaza? ¿Tenía un amante? ¿De qué murió Arafat? ¿Cuánto dinero se ha llevado de la causa palestina?

Desde Malta, donde vive en los últimos meses con su hija Zahwa, ha concedido una entrevista al diario ‘Al Jayat’. «¿Dónde voy a encontrar un hombre como Abu Amar (nombre de guerra de Arafat)? Le echo muchísimo de menos, como marido, como padre y como luchador. Añoro sus consejos y órdenes. El pueblo palestino le necesita como líder ahora mucho más que en el pasado», asegura. Y desmiente los rumores sobre una boda con un empresario tunecino: «Tras haber estado con el hombre perfecto, ya no me casaré más».

La boda más secreta
Antes de seguir con el inusual monólogo de Suha, hay que remontarse al año clave, 1990. No fue la boda del siglo pero sí la más secreta. Tanto que se celebró clandestinamente en uno de los cuarteles de la sede de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) en Túnez y solo dos años después fue anunciada.

El novio, Yasir Arafat, de 61 años, musulmán, polémico y carismático líder que había reiterado en el pasado: «Si no me he casado aún es porque ya lo estoy con la causa palestina». La novia, Suha Tawil, una joven cristiana, de 27 años, que trabajaba para él.

Arafat pasó de ‘guerrillero’ (o ‘terrorista’, según quien escribe la historia) a presidente de la Autoridad Palestina, obteniendo el Premio Nobel de la Paz por los acuerdos de Oslo con los israelíes Rabin y Peres.

La ‘primera dama’ más odiada
Suha se convirtió en la primera dama palestina pero también en la más odiada. Los palestinos nunca aceptaron su forma de actuar, hablar y vestir. Su conversión al Islam o el nacimiento de su hija no ayudaron a mejorar su imagen. Un ejemplo, decidió dar a luz en un hospital francés aludiendo a que «los hospitales palestinos son un desastre», lo que provocó severas críticas.

Durante muchos años, los dos vivieron en ciudades diferentes e incluso en las épocas en la que la primera dama se dignaba a visitarle, dormían en habitaciones separadas. Los palestinos no olvidan que en el 2002 cuando empezó el asedio israelí a la ‘Muqata’ de Arafat, Suha se quedó en París.

«Mientras él se consumía en Ramala, Suha disfrutaba con su amante en Europa. Reivindica la causa palestina pero su única causa es la económica. Mientras los palestinos sufríamos bajo la ocupación, Suha descansaba en un palacio de París», dice Jabal, delante del mausoleo de Arafat.

Es tanta la adversidad hacia Suha en Ramala, que no se atrevió a asistir al funeral de su marido en la ‘Muqata’. «Por su bien, es mejor que no venga», fue el mensaje que recibió y entendió perfectamente.

¿10.000 ó 100.000 dólares de pensión al mes?

Según investigaciones periodísticas, recibía de su marido una cuota mensual de 100.000 de dólares. Suha, por fin, responde: «La Autoridad Palestina me da 10.000 dólares al mes para que yo y mi hija podamos vivir dignamente. Yo no vivía en un palacio sino en una residencia de tres cuartos en París. A mí no me gusta vivir en el lujo. Soy una madre palestina normal y corriente. Lo demás es mentira».

Según la revista ‘Forbes’, en el 2003, la fortuna personal de Arafat superaba los 300 millones de dólares y otras fuentes hablan de una suma espectacular de tres mil millones de dólares en cuentas en Londres, Zurich y Tel Aviv.

«Es otra falsedad. Abu Amar vivía de forma modesta y no me dejó ninguna herencia material, ni casas, ni terrenos ni dinero. Solo su orgullo histórico», responde.

Las hipótesis de su muerte
Al tiempo que el Mausoleo en Ramala recuerda la figura de Arafat, los habitantes siguen especulando sobre el motivo de su muerte. A medida que pasan los años, se multiplican las teorías de conspiración.

Unos pocos dicen que fue una enfermedad natural, otros hablan de sida y que era un secreto a voces que Arafat era homosexual. O acusan al Mossad (servicios secretos israelíes) de envenenarle. La respuesta de Suha no ayuda a cerrar el caso: «Los doctores y yo sentimos que pasó algo raro pero nadie puede descubrir el secreto de su caída».

En el 2004, Suha y su hija viajaron a Túnez donde recibieron la ciudadanía y vivieron hasta su expulsión hace unos meses. Ahora están en Malta, en una mansión con el patrocinio del presidente libio, Muamar Gadaffi. Desde allí, expresa su deseo de «volver con mi hija a Palestina». Pero Palestina no parece muy entusiasmada con su deseo.

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