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David Harris: La guerra «fue un cambio radical para el orgullo y la autoestima de muchos judíos norteamericanos»

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Cuarenta años después de la Guerra de los Seis Días, el apoyo de la comunidad judía norteamericana a Israel sigue indefectible, aunque con matices como por ejemplo sobre cómo resolver el conflicto con los palestinos.

El 10 de junio de 1967, al término de una guerra que significó una inmensa conquista de territorio para el Estado hebreo, los judíos de Estados Unidos descubren un nuevo Israel.

«Una tierra de refugiados de la (Segunda) Guerra, que dependían de sus hermanos (…) de repente podía dar batalla», comentó Tamara Wittes, investigadora de la Brookings Institution. «Para los judíos de Estados Unidos, la percepción de Israel, de su papel y de su identidad judía, quedó transformada», agregó.

Innumerables organizaciones, de gran diversidad sobre todo desde el punto de vista político, de los seis millones de judíos radicados en Estados Unidos, comenzaron a establecer vínculos vínculos.

La guerra «fue un cambio radical para el orgullo y la autoestima de muchos judíos norteamericanos», explicó David Harris, director del American Jewish Comitte, decana de las organizaciones judías de Estados Unidos.

Hoy en día la confianza está intacta «pero aparecieron otros sentimientos», dijo, aunque la defensa de Israel sigue siendo una lucha constante.

En el plano político, el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), es un importante organismo creado en Washington hace más de 50 años para influenciar la política del Congreso.

AIPAC siempre se alineó sobre los gobiernos israelíes del momento y garantiza un apoyo incondicional a Israel.

«Con el empantanamiento de la situación en Irak, algunos piensan que negociaciones en el frente israelo-palestino podrían reducir las tensiones en la región», comentó MJ Rosenberg, director del Israel Policy Forum, creado en 1993 y que buscó moderar las medidas adoptadas por el Congreso contra los palestinos tras la victoria de Hamas.

«La Guerra de Seis días es una guerra de seis días y 40 años, que nunca terminó. La gente comienza a comprender que uno de sus efectos, la ocupación de Cisjordania, es un desastre para Israel», agrega.

Afirma que su opinión es compartida por otros: «Los judíos norteamericanos son más bien progresistas, se preocupan por Israel, pero también por Estados Unidos. Quieren la paz y según las encuestas creen en una solución basada en dos Estados».

Entre una derecha apegada a la defensa del territorio y una izquierda pacifista, buena parte de la opinión judía norteamericana está en el centro, sintetiza Harris. Asegura que las tres tendencias están hoy más activas que nunca.

«La izquierda dice ‘hay que explorar las posibilidades de paz’, la derecha dice ‘están locos, vean lo que sucede en Gaza, en Líbano’, y el centro intenta contrabalancear a los otros dos», dijo. Cada grupo defiende su postura, porque lo que está en juego es inmenso.

Los expertos relativizan la influencia de esos actores en la política exterior de Estados Unidos. Según Justin Vaisse, historiador experto de política norteamericana del Instituto de Ciencias Políticas de París, la alianza de Estados Unidos e Israel responde además a otros factores, más allá de la eficacia de AIPAC.

«Es un vínculo que va más allá del ‘lobbying’. Hay una identificación con esa pequeña nación, vínculos familiares, el sentimiento de culpa de no haber hecho más contra el Holocausto, la alianza natural con una de las pocas democracias de la región y el apego de los cristianos evangelistas a Israel», dijo.

Según el experto, a pesar de que algunos se interrogan sobre la estrategia norteamericana en Oriente Medio, «un cuestionamiento profundo de la alianza con Israel es poco probable».

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