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Hatzad Hasheni: Un tratado de paz no otorga licencia para extorsionar

Por Iton Gadol
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Por Mayor General (Retirado) Gershon Hacohen (BESA)*

RESUMEN: Durante años, Egipto y Jordania han aprovechado sus tratados de paz con Israel para utilizarlos como herramienta de extorsión para evitar que Israel persiga sus intereses políticos y de seguridad.

Imagen: Globos lanzados al aire en ceremonia de la firma del Tratado de Paz Israel-Jordania en el Terminal Arava, octubre de 1994, fotografía vía Israel GPO

En los discursos pronunciados por el nuevo Ministro de Defensa Benny Gantz y el canciller Gabi Ashkenazi en sus ceremonias de juramentación, ambos declararon lealtad para dirigirse por el camino de la paz. “Estoy obligado a hacer todo lo posible para promover los acuerdos políticos y luchar por la paz”, declaró Gantz, mientras Ashkenazi declaró: “El plan de paz del Presidente Trump es una oportunidad histórica que no debemos desperdiciar… Esta será promovida responsablemente y en coordinación con los Estados Unidos, mientras se mantienen todos los demás tratados de paz”.

Si no fuera por el singular contexto político – el debate sobre el aplicar la soberanía de Israel al Valle del Jordán – las conversaciones sobre los tratados de paz serían tanto rutinarias como adecuadas. Pero ante las amenazas acerca de las medidas israelíes expresadas por el Rey Abdullah de Jordania y el Presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, junto a la controversia israelí sobre el tema, las palabras poseen un significado muy especial. Estas definen una especie de promesa para hacer que las decisiones israelíes sobre el tema de la soberanía estén supeditadas al consentimiento y acuerdo regional.

No existe desacuerdo alguno en que el luchar y esforzarse por lograr la paz es un objetivo digno. Sin embargo, la imagen se hace mucho más compleja por la forma en que han sido implementados los tratados de paz entre Israel y sus vecinos. En la dinámica desarrollada, la conducta de esos vecinos hacia Israel ha implicado con mucha frecuencia la lógica de otorgar “paz” a cambio de protección.

El papel del Reino Hachemita en mantener tranquila y en calma la extensa frontera con Israel es digno de elogio y su valor debería ser reconocido. Pero cuando los expertos en relaciones Israel-Jordania recomiendan que, en aras de lograr una continua tranquilidad en esa extensa frontera Israel debería abstenerse de tomar las medidas que debe tomar con el fin de realizar sus intereses de seguridad en el Valle del Jordán para no perder lo “obtenido en sus logros por la paz”, accediendo esencialmente a esa dinámica de extorsión. Todo ello constituye consentimiento y aceptación de quien recibe protección hacia quien lo brinda.

Los países que viven en paz deberían ser tomados en cuenta mutuamente en lo que respecta a la toma de decisiones. Pero el deber de consideración mutua, tal como se refleja en los tratados de paz de Israel con Jordania y Egipto, está muy lejos de ser algo simétrico. Desde el comienzo de las negociaciones de paz con Egipto, la exigencia de que Israel resolviese el tema palestino era condición esencial. Y de hecho, altos funcionarios de la cancillería de Israel y varios comentaristas han estado explicando durante mucho tiempo la frialdad de la paz con Egipto al señalar el supuesto incumplimiento por parte de Israel hacia dicha obligación. Esto a pesar del hecho de que fue Yasser Arafat quien rechazó la solicitud del Presidente Jimmy Carter de unirse a Israel, Egipto y los Estados Unidos en las conversaciones sobre autonomía. Existe una situación muy similar respecto a la paz con Jordania.

Los tratados de paz le dieron a Jordania y a Egipto un medio de influencia y presión que restringe la capacidad de Israel de implementar sus intereses en Jerusalén, Cisjordania y el Valle del Jordán. Ya en el año de 1978, cuando se redactaban los Acuerdos de Camp David Egipto-Israel, el destacado político laborista Yigal Allon advirtió sobre el peligro de condicionar la paz egipcio-israelí al progreso en las esferas palestinas. Este exigió el fin de cualquier interdependencia: “¿Qué sucederá si la parte árabe, al establecer su autonomía, plantea condiciones que Israel no puede realmente aceptar? Claramente, Egipto está buscando mantener una opción explícita para desconectarse del tema de la normalización de relaciones”.

Durante muchos años antes del tratado de paz con Jordania de 1994, Israel brindó asistencia invaluable que aseguró la supervivencia del régimen hachemita, desde el proveer información de inteligencia vital y ayuda diplomática hasta el disuadir a Siria a no realizar una invasión total de Jordania durante los eventos de “Septiembre Negro” en el año 1970. Muchos aspectos de esta asistencia encubierta han continuado aún más en la era oficial de paz, junto a considerables beneficios para Jordania, tales como la provisión anual por parte de Israel de cien millones de metros cúbicos de agua. En otras palabras, si la paz israelí-jordana ha asumido el carácter de “coexistencia a cambio de protección”, no se debe a sus beneficios asimétricos para cada país. Más bien, se debe a que Ammán – siendo este el más débil de las dos partes – lo utiliza como medio de extorsión para evitar que Israel persiga sus intereses políticos y de seguridad, mientras que los gobiernos israelíes han consentido inexplicablemente tal coerción.

En el crítico cruce geopolítico en el que Israel se encuentra ahora, la libre búsqueda de sus intereses nacionales no sería nada menos que una declaración de independencia.

*El Mayor General (ret.) Gershon Hacohen es investigador principal del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat. Sirvió en las FDI durante un periodo de 42 años. Este comandó tropas en batallas con Egipto y Siria. Anteriormente se desempeño como comandante de cuerpo y comandante de los Colegios Militares de las FDI.

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