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Hatzad Hasheni: ¿Se enfrentará Israel a Irán, Turquía y a los Estados Unidos en Libia?

Por Iton Gadol
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Por Irina Tsukerman (BESA)*

RESUMEN: Israel no necesita involucrarse directamente en combate para ayudar a sus aliados a confrontar y prevalecer sobre adversarios que son mutuos. En Libia, este puede desempeñar un papel entrenando a las tropas del Ejército Nacional de Libia (ENL), proveer importante apoyo logístico y de inteligencia, e influir políticamente sobre Washington para que deje de respaldar a la GNA y a las milicias islamistas hostiles junto a actores estatales.

Varios informes han sido publicado (recientemente en Makor Rishon) sobre el alcance que posee el Ejército Nacional de Libia (ENL) con Israel. El ENL señala que los libios e Israel poseen enemigos comunes siendo estos el Presidente turco Recep Tayyip Erdogan, sus mercenarios sirios y las milicias afiliadas al Gobierno Islámico de Acuerdo Nacional (GIAN). El ENL postula que puede trabajar junto a Israel con el objetivo de frustrar la expansión de una red islamista hostil en África del Norte.

No ha habido noticias de una respuesta por parte de Jerusalén ni ninguna evidencia de su participación en el teatro de operaciones. Sin embargo, Israel ya se encuentra ayudando a algunos de los patrocinadores del Mariscal de Campo Khalifa Haftar (Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita) en otras operaciones contra las amenazas que ahora resurgen en áreas urbanas muy pobladas al oeste de Libia la cuales están bajo el control del GNA.

Existen varias complicaciones que Israel debe considerar respecto a su participación en el teatro libio. En primer lugar, las milicias del GIAN en Misrata han contado con el apoyo de los Estados Unidos desde el año 2011. Los Estados Unidos no modificaron su postura incluso después de informes sobre un barco iraní sancionado que se dirigía a las costas locales desde un puerto búlgaro.

La trayectoria del buque porta-contenedores no debería sorprendernos. Irán y Bulgaria ampliaron su cooperación en puertos y en el área de seguridad marítima en el año 2019, convirtiendo a Bulgaria en lugar de avanzada para una flota de buques iraníes no-deseados. Estos barcos de carga a granel viajan alrededor del mundo, hasta Bangladesh y Brasil. Presumiblemente son utilizados para varios tipos de contrabando.

A pesar de las evidencias de que el GIAN detuvo y pudo inspeccionar la nave iraní, es muy probable que los inspectores hayan asistido en descargar un cargamento de armas que terminó en manos de las milicias del GIAN y en mercenarios iraníes. El corresponsal turco del medio de comunicación en la red Middle East Eye, respaldada por Qatar, confirmó que, según una declaración del canciller iraní Muhammad Zarif, Irán y Turquía están de acuerdo en el tema de Libia, tal como lo hacen con muchos otros temas.

Un análisis anterior de los eventos proyectó que Irán se mantendría a distancia de este conflicto, no queriendo exacerbar las tensiones con Moscú o extender demasiado sus propias tropas al aliarse abiertamente con Turquía, una alianza que hasta hace muy poco era considerada muy dudosa entre aquellos pro-turcos lobistas en Washington. De hecho, la piedra angular de la política estadounidense en la región ha sido apaciguar a Turquía con la vaga esperanza de que pacificar a Erdogan lo haría útil para contrarrestar la agresión de Irán en la región.

En cambio, la Turquía de Erdogan se ha convertido en parte integrante de la agenda geopolítica interconectada entre los dos países. Irán parece estar limitando su participación a solamente proveer las armas, aunque surgen nuevas evidencias de que combatientes iraquíes chiitas respaldados por Irán, filial a medias y conocidos como “Saraya Ansar”, han entrado en la contienda. Según Ben Minick, este grupo de combatientes pro-Irán ingresó recientemente a Misrata a través de Turquía. El Centro de Derechos Humanos de Libia proporcionó fotografías de una presencia iraquí en el terreno, otorgándole crédito a los informes acerca del cada vez más importante papel que ejerce Irán en este cada vez más complicado conflicto. Por otra parte, mercenarios sudaneses en Chad supuestamente han entrado en el conflicto respaldados por Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y por Arabia Saudita.

Mientras los rusos parecen ir tras su propia agenda de influencia en la región a medida que respaldan a Haftar, los mercenarios africanos parecen estar más integrados en la red de aliados del Cuarteto anti-terrorista. En el pasado, el gobierno de Sarraj culpó a estos mercenarios por hacer escalar la violencia. Sin embargo, toda evidencia indica que el GIAN es mayormente responsable por las víctimas civiles.

Cada vez hay más informes sobre un resurgimiento a la presencia de ISIS y de Al Qaeda, algunos de los cuales ingresan a través de Túnez, así como también de afiliados de Nusra respaldados por Qatar con el propósito de hallar nuevos escenarios de guerra en el que respaldar a Turquía ante un año de avances y victorias del ENL. Existen informes de graves abusos contra los derechos humanos por parte de las milicias del GIAN, que cuentan con un fuerte contingente criminal, islamista y terrorista en su medio interno. De hecho, algunas de estas milicias están relacionadas con el ataque a la embajada estadounidense en Benghazi que acabó con la vida del Embajador de los Estados Unidos Chris Stevens y otras tres personas. Benghazi ha sido liberado por el ENL, pero según fuentes locales, las células durmientes de las milicias islamistas todavía se encuentran en el terreno y han emitido amenazas de muerte a los afiliados activos del ENL apostados en el área.

Los recientes eventos deben verse como algo más que otra querella y escalada temporal luego del cambio de lealtades al ENL por las tribus afiliadas al GIAN (algunas de las cuales apoyaron eventualmente a Gadafi). Las tribus realizaron esta acción luego de que el GIAN no pudo mantener su parte de la negociación financiera y social y su concentración a la mayoría de sus recursos en manos de las élites urbanas e islamistas.

Irán y Turquía convergen en sus planes para obtener el control de la mayor parte de África, siendo esta rica en recursos naturales y en material para el contrabando y el lavado de dinero, tales como el oro, diamantes, fosfatos y minerales raros, así como también bases navales clave y rutas de envío.

Turquía ha articulado una “línea de defensa” por la cual espera restaurar los límites del Imperio Otomano desde sus propias costas hasta Libia y más allá, presumiblemente hasta las Puertas de Viena. Este le ha llegado a todo tipo de islamistas, desde ex-combatientes de ISIS hasta extremistas salafistas y miembros de la Hermandad Musulmana, a jomeinistas y las milicias iraquíes en un esfuerzo por juntar una coalición de los dispuestos, pero también para achicar la división ideológica entre los grupos y eventualmente absorberlos.

Si bien el objetivo oficial del recién formado bloque islamista al que Turquía se unió recientemente es contrarrestar la influencia de Arabia Saudita en el Medio Oriente y el mundo, la fuente mayor de influencia regional bajo visión de Turquía a las fronteras otomanas es la antigua colonia y ahora némesis de Ankara Egipto.

Egipto es un poder militar fuerte y ha declarado a Libia ser prioridad de seguridad nacional. Si Egipto entra en la guerra, el conflicto pudiera escalar en una confrontación directa con las tropas turcas, lo que sería extremadamente perjudicial para Ankara. Sin embargo, El Cairo sigue siendo el premio máximo en la retórica populista de Erdogan. Si bien no existe ninguna esperanza verdadera de conquistar a más de 100 millones de egipcios con las fuerzas que Erdogan ahora tiene bajo su control, es muy posible que Egipto pueda verse envuelto en una costosa y prolongada conflagración que desestabilice todo lo que le rodea. Un conflicto prolongado pudiese muy bien construir una alianza mucho más fuerte de islamistas y aquellos que los patrocinan ideológica y financieramente en todo el norte de África. En el caso de que la mayor parte de la región caiga en manos del islamismo, la hostilidad ideológica de la Hermandad Musulmana pudiera retornar a Egipto, donde la amenaza de seguridad que esta plantea no ha sido erradicada por completo a pesar de los mejores esfuerzos del Presidente Al-Sisi. La Hermandad Musulmana aún persiste en Egipto a nivel de educación, cultura y en los medios de comunicación.

Irán, por su parte, busca exportar la Revolución Islámica, pero igualmente importante busca crear una red de milicias islamistas junto a partidarios combatientes que puedan ser llamados a lavar dinero, participar en recopilar información de inteligencia y otras medidas activas, subsidiar la sumergida economía de Irán a través de una variedad de esquemas delictivos globalizados, o incluso atacar objetivos en cualquier parte del mundo. Por esa razón, Irán se ha visto en disposición de alinearse con movimientos separatistas o terroristas locales tales como el Frente Polisario en el norte de África. El régimen islámico está subsidiando y entrenando a las milicias nigerianas para convertirse en otra organización seria y muy bien equipada con armas que sigue tras los modelos de Hamas, de Hezbollah y los houties, e incluso está dispuesto a comprometerse con los islamistas sunitas que comparten algunos preceptos ideológicos y revolucionarios básicos y están dispuestos a compartir información de inteligencia. Esto explica el por qué Irán estaba feliz de cooperar con el testaferro de la Hermandad Musulmana Muhammad Morsi durante su breve mandato como presidente de Egipto.

Las ambiciones de Turquía, por lo tanto, no se interponen en el camino de Irán. Irán no puede derrocar al gobierno egipcio por sí solo, pero si algún partidario islamista recuperase el poder en el país fuertemente sunita, la República Islámica pidiera contar con una recepción mucho más amigable, así como también con servicios de inteligencia y coordinación operativa.

Esto deja a Israel enfrentándose a redes de enemigos en expansión con planes globales mucho más allá de las fronteras de Libia. Ambos grupos de enemigos están dedicados a una visión supranacional de imperios y califatos que evitan tocar las fronteras nacionales. Estos grupos son racial y étnicamente supremacistas e ideológicamente radicales, fundamentalistas y revolucionarios.

En cuanto al ahora, Israel se encuentra en una situación bastante difícil, dado que el ENL ha sufrido contratiempos debido a la capacidad de Turquía de abrumar a sus fuerzas con decenas de nuevos reclutas de todos los antecedentes imaginables posibles. Además, según Seth Frantzman, las tropas del ENL están mal entrenadas y poseen un verdadero pero muy limitado respaldo de sus aliados. Estos son los dos frentes donde Israel puede ser útil sin tener que involucrarse directamente en alguna contienda. Jerusalén también pudiera y de hecho debería, prevalecer sobre Washington en retirarle su apoyo a los terroristas e islamistas antes de que terminen enfrentándose cara a cara con los verdaderos aliados de Estados Unidos. Estos aliados incluyen a Israel, que no permitirá que su seguridad se vea comprometida en lo absoluto por bandas de extremistas en expansión.

*Irina Tsukerman es abogada en derechos humanos y de seguridad nacional en Nueva York. Ha escrito extensamente sobre temas de geopolítica y política exterior estadounidense para una variedad de publicaciones norteamericanas, israelíes y otras publicaciones internacionales.

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