Inicio ACT. COMUNITARIA Se fundió dos veces y ahora es el mayorista más grande del país

Se fundió dos veces y ahora es el mayorista más grande del país

Por Iton Gadol
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Hace cuarenta años inauguró un autoservicio en Caballito y hoy es el dueño del grupo Diarco, que factura $60.000 millones y tiene inversiones diversificadas en soja, carne y conservas

Roberto Goldfarb está muy lejos de la figura del empresario tradicional argentino. El dueño de Diarco -la mayor cadena de supermercados mayoristas de la Argentina- y único socio de un grupo que factura $60.000 millones anuales no tiene ningún master en negocios -de hecho, abandonó el secundario a los 14 años- y sus oficinas no están en Puerto Madero o en alguna torre corporativa de zona norte, sino arriba del Mercado Central, en el partido de La Matanza. Tampoco tiene problemas a la hora de contar las dos veces que se fundió -primero con una carpintería que puso a los 22 años y después vendiendo repuestos de autos- o que ninguno de sus tres hijos trabaja en la empresa ni tiene planes de hacerlo.

Al negocio de los supermercados, Goldfarb llegó casi de casualidad. Después de probar suerte con la madera y los repuestos de autos, en 1980 decidió apostar a un local de productos delicatessen en Rivadavia al 5300, en pleno barrio de Caballito, con el único objetivo de “conseguir algo para que coman mi mujer y mis hijos”. El negocio que había sido pensado para ofrecer alimentos y bebidas importadas apalancado en la “plata dulce” de Martínez de Hoz rápidamente tuvo que cambiar su propuesta comercial con la devaluación de Jorge Sigaut y su histórica declaración de que “el que apuesta al dólar pierde” (en realidad fue al revés). “Yo puse el almacén porque de un día para el otro me quedé sin los chocolates y las bebidas importadas que estaba vendiendo. Lo que siempre tuve fueron algunos delirios de grandeza. Era un local de 4×20, que estaba a dos cuadras del Hogar Obrero, que en ese momento era el supermercado más grande del país, pero lo bauticé como Distribuidora Argentina de Comestibles y de ahí viene la sigla de Diarco”, le contó a LA NACION desde Miami, donde está de visita a la espera del nacimiento de su nieto número quince.

En forma paralela a la venta minorista, Goldfarb empezó a comprar mercadería para abastecer a otros comercios y el paso siguiente fue armar un autoservicio mayorista, en el barrio de Villa Devoto. Un depósito sobre la calle Asunción fue la piedra basal de una cadena que hoy factura casi $50.000 millones, cuenta con más de 2000 empleados y que ya superó el centenar de locales distribuidos en todo el país.

“Hoy Diarco sigue teniendo la misma esencia mayorista que cuando nació en los ’80, aunque con el paso del tiempo nos fuimos adaptando a los cambios. En 2018 sumamos una nueva propuesta de pequeños comercios mayoristas en los barrios con la marca Diarco Barrio y vendemos cada vez más fraccionado porque el comerciante tienen menos plata para comprar mercadería a bulto cerrado”, asegura el empresario que a sus 73 años asegura que no hay crisis que lo asuste, porque ya las vivió todas.

“Cuando dejé la escuela a los 14 años, mi papá me levantó a las 5 y media de la mañana y me llevó a trabajar con él en una pequeña maderera que tenía en La Paternal. Y más tarde me acuerdo que el primer sueldo que cobré me lo pagaron en unos bonos de Álvaro Alsogaray que te los cambiaban al 70% de su valor. En los casi 60 años que tengo trabajando viví todas las crisis imaginables y a esta altura ya nada me sorprende”, asegura.

Negocio consolidado
A cuarenta años de la apertura de la primera boca, hoy la firma Autoservicio Mayorista Diarco continúa aportando el 80% de los ingresos del grupo y la empresa se consolidó como la líder de su negocio compitiendo no solo contra otros jugadores locales como Vital, Maxiconsumo o Yaguar, sino también enfrentando a multinacionales como Makro, Carrefour y Walmart (ahora en manos de Francisco de Narváez), que también incursionan en el rubro mayorista.

“El consumo está muy golpeado, pero no es solo culpa de la pandemia. Los problemas vienen desde antes. Hoy en las sucursales más antiguas estamos vendiendo en unidades menos que hace unos años y para afrontar esta baja en la demanda decidimos apurar el ritmo de aperturas. En la actualidad, tenemos 52 autoservicios mayoristas y otros 50 locales de Diarco Barrio . Con esta última cadena, hasta ahora solo estamos presentes en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, pero vamos a ir al interior y antes de fin de años vamos a abrir otras 15 sucursales”.

Goldfarb avanza con sus planes de expansión pero a la vez reconoce que tiene muchas dudas sobre las perspectivas que ofrece el consumo a nivel nacional. “A mi me encanta hacer negocios en la Argentina y cuando viajo a visitar a mis hijos que se fueron del país en 2002, siempre estoy esperando volver a Buenos Aires. Pero a la vez, me duele que como país siempre nos golpeemos con la misma pared. Un ejemplo son los controles de precios que no funcionaron nunca, así que no veo por qué tendrían que funcionar ahora. Lo que pasa con los controles de precios yo digo que es algo parecido a tirar agua al piso en un solo lugar: el agua va a hacia dónde la lleva el declive. Acá sucede lo mismo. El industrial siempre va a encontrar la vuelta para llevar la producción a los productos que no están bajo los acuerdos”, explica.

Comprador compulsivo
Goldfarb se define como un comprador compulsivo de propiedades y desde que empezó a hacer negocios siempre apostó al ladrillo como estrategia de ahorro. Sin embargo, en los últimos años también empezó a comprar empresas. La operación más importante fue la adquisición de Potigian, la mayor distribuidora de golosinas y cigarrillos de la Argentina, que pasó a sus manos en enero de 2017.

“Potigian es la distribuidora oficial de Massalin Particulares en las áreas más importantes de la ciudad de Buenos Aires, incluyendo el microcentro. Pero como ahora esta zona quedó muy golpeada por la pandemia, estamos reconvirtiendo la empresa, avanzando en propuestas como locales propios de la cadena que funcionan como maxiquioscos y a la vez venden golosinas en paquetes cerrados para abastecer a los quioscos más pequeños que buscan mercadería. Con esta propuesta hoy ya tenemos once autoservicios”, explica.

Goldfarb también está incursionando en la producción de alimentos y artículos de limpieza, en un proceso de integración vertical, ya que en los últimos cinco años se convirtió en proveedor no solo de Diarco sino también de otras cadenas de supermercados minoristas y mayoristas.

“En 2016 compramos la firma Establecimiento La Gioconda que tiene una planta en San Rafael y hoy es la segunda mayor empresa de conservas de la Argentina. Y hace unos meses sumamos otra compañía llamada Sed de Metal que fabrica esponjas y artículos de cocina. En los dos casos fueron oportunidades que aparecieron porque los dueños se querían retirar y me parecieron negocios con mucho potencial. La idea es trabajar como proveedores de Diarco pero no sean marcas exclusivas de la cadena y de hecho trabajamos con el resto de las empresas del sector”.

Para la administración de sus propiedades y la búsqueda de terrenos para Diarco, Goldfarb creó una empresa inversora inmobiliaria bautizada ZR Real Estate, que no construye departamentos pero sí vende terrenos a cambios de metros construidos. “Hoy hay excelentes oportunidades en el mercado inmobiliario. Es un momento para invertir pensando a largo plazo, porque lo que no hay son compradores. La incertidumbre en el mercado inmobiliario es más grande que la que existía incluso en 2002”, asegura.

Las inversiones en propiedades también lo llevaron a incursionar en la compra de campos y la creación de una nueva sociedad, Zulagro, que concentra sus inversiones agropecuarias. “De comprar propiedades y terrenos en la ciudad pasé a comprar campos. Hoy tenemos 11.000 hectáreas en Santiago del Estero, Catamarca y Salta, donde estamos haciendo soja, maíz y vacas”, explica.

Dirección profesional
Con sus tres hijos viviendo en los Estados Unidos, Goldfarb decidió hace unos años impulsar un proceso de profesionalización del management de sus compañías. Si bien no se trata de un holding integrado, el grupo cuenta con un CEO, Javier Vilela, al que reportan los distintos números uno de cada empresa. Igualmente, en el grupo todos saben que la última palabra siempre la tiene el propio Goldfarb.

“No me voy a jubilar nunca. Soy un joven de 73 años y tengo ganas de seguir jugando. Pero igual, la empresa está lista para trascenderme, con un management profesionalizado”, asegura el empresario.

Con casi seis décadas en el mundo de los negocios, Goldfarb explica que continúa atento a la aparición de oportunidades. La última la descubrió en el rubro de la carne. “Hoy tengo un feedlot para 5000 cabezas en Santiago del Estero pero lo estamos agrandando. Un negocio en el que estamos entrando es el de la carne kosher. Es un nicho que tiene un público cautivo importante y en el que vimos una oportunidad porque los márgenes que estaban aplicando los productores eran muy grandes, cuando en realidad el costo es solo un 10 o 15% más alto. Así que ahora lanzamos nuestra línea de carne envasada con la marca Diarkosher, que es elaborada con supervisión rabínica”, explica Goldfarb.

En su condición de empresario ganadero, el dueño de Diarco asegura que el mercado potencial para la carne argentina es muy grande pero a la vez se muestra preocupado por la falta de una política oficial que impulse el desarrollo de las exportaciones del sector.

“Lo que está exportando la Argentina no es carne de consumo interno, sino la cuota Hilton, la vaca vieja a China o los cortes kosher a Israel. Y lo que me sorprende de este tipo de decisiones es que el Gobierno ya tuvo una experiencia de los problemas que implica cerrar las exportaciones, aunque igual vamos a seguir a la búsqueda de nuevos mercados”, asegura dejando en claro que el retiro no está en sus planes.

Por Alfredo Sainz – Fuente: La Nación

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