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Coronavirus: Tzedaká hace esfuerzo para atender la demanda social en la Argentina ante la crisis generada por la pandemia

Por Gustavo Beron
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Itongadol.- La directora ejecutiva de la Fundación Tzedaká,  Patricia Kahane, aseguró que la crisis generada por el coronavirus encontró a la organización, dedicada a atender la demanda social de la comunidad judía argentina, «trabajando a pleno», ya que durante el primer bimestre del año hubo  un aumento de la demanda social del 25 por ciento, respecto del año pasado.

«Hoy estamos trabajando en todos los frentes. Asegurando la alimentación a través del aumento de las transferencias de fondos y también distribuyendo viandas, que nos provee LeDor VaDor», destacó Kahane en una entrevista concedida a Itón Gadol junto a la directora de Comunicación de la fundación, Ruth Heymann.

A continuación los tramos más destacados de la entrevista:

-IG: ¿Como encontró la pandemia a Tzedaká ?

-P.K: La economía del país en los últimos años, con la altísima inflación y crecientes índices de pobreza y desocupación, venían siendo en la Fundación de muchísimo trabajo. Nuevas familias, muchas de ellas que fueron beneficiarias en el 2002/2003 y pudieron reinsertarse, volvieron a pedir ayuda y quienes ya venían recibiéndola, con mayores necesidades, especialmente en los rubros de alimentación y vivienda.
Sólo en el primer bimestre del año registramos un aumento en la demanda del 25% respecto del 2019, con lo cual la pandemia nos encontró trabajando a pleno en buscar formas de hacer frente a estas demandas. Pero trabajar para mejorar la calidad de vida de gente que vive en situación de vulnerabilidad es nuestra misión, y sabemos cómo hacerlo. Pero la cuarentena obligatoria nos puso frente a situaciones completamente nuevas: gente que vivía de changas o trabajos informales y que se quedó sin ingresos, adultos mayores solos que no pueden ir a hacer compras y que además no tienen con qué, chicos que comían en los comedores escolares y no están recibiendo los almuerzos. Y también frente a desafíos de logística para garantizar que quienes recibían medicamentos los sigan recibiendo, aún cuando no pueden salir de casa para buscarlos.

-IG:  Para aquellos que no conocen, ¿cuál es la actividad fundacional de Tzedaká?

-P.K: La Fundación es la única organización social comunitaria dedicada en forma exclusiva a la atención de la pobreza, tanto en la comunidad como, en algunos programas, fuera de ella. Trabajamos con programas multidisciplinarios para abordar la pobreza de manera integral, con cada familia y a la vez con cada integrante de la misma. Trabajamos de modo descentralizado, con centros de asistencia integral que funcionan en otras organizaciones comunitarias (clubes, escuelas, templos) de modo de garantizar accesibilidad geográfica y a la vez transversalidad comunitaria.
Trabajamos con programas de ayuda alimentaria, para la vivienda y programas preventivos de salud. Nuestros programas educativos (que cubren desde la primaria hasta la universidad) incluyen a beneficiarios de AMIA y Jabad, al igual que nuestro Banco Comunitario de Medicamentos, que además brinda ayuda a las kehilot del interior del país y a organizaciones sociales y hospitales en todo el país. Tenemos programas de formación laboral y el único programa en el país de atención a los sobrevivientes de la shoa que se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Todos los programas de la Fundación están además atravesados por la orientación social, es decir la evaluación permanente, la escucha y contención a cada persona beneficiaria.

-IG:  ¿Cuáles fueron los primeros requerimientos y necesidades que comenzó a aparecer en gente ?

-P.K: Las primeras necesidades que comenzaron a aparecer fueron las de garantizar los medicamentos y de reforzar la ayuda alimentaria. Y mucho acompañamiento. Si durante este aislamiento todos estamos preocupados, los más vulnerables lo están más: porque se encuentran con precios que no pueden pagar en el supermercado, porque no saben cómo cubrir las necesidades básicas familiares, porque muchos viven en condiciones precarias que hacen más difícil la cuarentena, muchas personas solas. Por eso además de intentar cubrir sus necesidades básicas seguimos muy cerca de la gente, atendiendo consultas, pedidos, consejos.

-IG: Las organizaciones de ayuda como Tzedaká ¿se habían relajado desde la crisis del 2002 y los encontró con la guardia baja?

-P.K. Las organizaciones comunitarias nunca bajamos la guardia. Si bien la crisis del 2002 fue un pico, que esperamos nunca más vivir, dejó consecuencias terribles en las familias. Muchas que por edad o enfermedad jamas pudieron salir de la condición de pobreza. Por eso la Fundación fue con los años adaptando sus programas, por ejemplo, haciendo mucho foco en la educación para garantizar que los hijos de estas familias puedan completar su ciclo de formación, estudiar en la universidad y promocionar de ese modo.
Y claramente, en los últimos años atendiendo al crecimiento de la vulnerabilidad producto de la inflación.
Hoy la situación es otra. Por un lado porque el Estado a través de la AUH y las jubilaciones masivas está un poco más presente. Pero además porque las organizaciones comunitarias estamos capacitadas y fortalecidas por la experiencia. Cada una de ellas y en conjunto.
De hecho, inmediatamente se formó una mesa de trabajo con los directores de Tzedaká, AMIA, Jabad y el Hogar LeDor Vador para trabajar en forma conjunta donde fuera necesario y monitorear la situación.

-IG: ¿En qué consiste la ayuda que brindan en estos momentos?

-P.K: Hoy estamos trabajando en todos los frentes. Asegurando la alimentación a través del aumento de las transferencias de fondos y también distribuyendo viandas, que nos provee LeDor VaDor. Para ello contamos con los camiones de Tzedeká (nuestro emprendimiento que retira donaciones a domicilio), que al no estar en funcionamiento hoy se puso al servicio del área social. Distribuyen también los medicamentos ya que aún en cuarentena el Banco Comunitario de Medicamentos continúa trabajando para preparar los pedidos de quienes ya venían recibiendo remedios.
Como te contaba, estamos muy cerca de la gente. Las trabajadoras sociales están en permanente contacto con las familias para ayudar a solucionar problemas que se van presentando en la vida cotidiana.
Los programas de apoyo a la educación continúan de modo virtual, tanto el apoyo escolar como los tratamientos psicopedagógicos. También se trabaja con los padres, en la contención y en sugerencias cómo trabajar con los chicos en casa, cómo ayudarlos en sus tareas.
Para los sobrevivientes no solo nos aseguramos de que sigan recibiendo toda la ayuda material sino que también se mantienen todas las actividades y talleres, de modo virtual, de modo de mantenerlos activos, con sus rutinas y evitar el aislamiento.
Y a la vez trabajando para recaudar los fondos para seguir ayudando. Ese es un enorme desafío que tenemos por delante. Por suerte la Fundación tiene una economía sana que nos permite hacer frente hoy a la emergencia, pero necesitamos los fondos para seguir adelante. De otro modo no podremos seguir ayudando.
Sabemos que todos tenemos nuestras economías golpeadas, pero también sabemos que el sentido de comunidad y los valores de Tzedaká nos unen y nos permitirán salir adelante.

-IG: ¿Creen que se va a necesitar mayores ayudas en un futuro próximo?

-P.K: Nadie tiene muy claro que traerá el futuro, pero nuestras proyecciones ya eran de mayor crecimiento de la demanda de ayuda para este año. Suponemos que está situación la va a adelantar y tenemos que estar preparados. Y para eso necesitamos que nuestros donantes, como siempre, nos sigan acompañando.

-IG: ¿Junto a quiénes trabajan para dar mejores respuestas?

-P.K: Con nuestros socios de siempre, las instituciones que albergan nuestros centros y aportan sus voluntarios y su ayuda permanente, más allá de estar hoy cerradas por obvias razones: Bialik, Javurá, Macabi, el Scholem, Icuf/Sholem Buenos Aires, Lamroth, Hacoaj, ORT, Comuidad Dr Herztl, Tfilat Shalom y el Templo de Libertad.
Articulamos en forma permanente con otras organizaciones comunitarias como AMIA y Jabad, a quienes ahora se suma el Hogar LeDor VaDor y con el Joint, que brinda su apoyo permanente.

 

 

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