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El acuerdo USA-IRÁN. ¿Dónde está Israel? Por León Halac

Por M S
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Israel vive bajo otra realidad. Para muchos israelíes, el 7 de Octubre demostró que una amenaza subestimada puede transformarse en una masacre en cuestión de horas. Esa diferencia geográfica, demográfica y psicológica explica por qué ambos líderes pueden compartir un discurso de firmeza, pero actuar de manera distinta cuando consideran que la seguridad de sus civiles está en juego.

(Especial para la Agencia AJN) “Trump y Netanyahu: Entendiendo la diferencia entre una potencia distante y una frontera acosada”

Trump intenta proyectarse como un líder de fuerza y disuasión, más cercano a la lógica del negociador agresivo que a la del militar tradicional. Busca mostrarse duro, imprevisible y dispuesto a escalar si lo considera necesario, pero al mismo tiempo procura evitar guerras largas, desgaste interno y costos humanos excesivos. No se presenta como un pacifista ingenuo ni como un halcón puramente militarista, sino como un dirigente que amenaza con la fuerza precisamente para evitar tener que utilizarla plenamente.

Sin embargo, la diferencia entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu no es solamente ideológica, sino estratégica y existencial. Estados Unidos puede negociar desde una posición de enorme profundidad territorial y seguridad estructural: un error de cálculo no pone en riesgo inmediato la supervivencia nacional.

Israel vive bajo otra realidad. Para muchos israelíes, el 7 de Octubre demostró que una amenaza subestimada puede transformarse en una masacre en cuestión de horas.

Esa diferencia geográfica, demográfica y psicológica explica por qué ambos líderes pueden compartir un discurso de firmeza, pero actuar de manera distinta cuando consideran que la seguridad de sus civiles está en juego.

Durante la crisis, Trump combinó amenazas militares, presión económica y ultimátums sucesivos contra Irán. Sin embargo, cuando los plazos vencían y una escalada podía derivar en costos humanos mayores, la Casa Blanca tendía a extender la negociación antes que precipitar una guerra abierta.

Irán comprendió rápidamente que los deadlines buscaban aumentar la presión negociadora más que precipitar una escalada inmediata.

Trump debía considerar además el peso de la opinión pública estadounidense y la diferencia entre la reacción de una potencia distante y la de una frontera permanentemente acosada.”

Las condiciones más importantes de Trump eran dos:

Primera: el cambio de régimen. Trump llegó a escribir en Truth Social que Irán «ha atravesado lo que será un muy productivo cambio de régimen» — cuando la República Islámica no solo no había caído sino que negociaba en pie de igualdad con sus enviados.

Segunda: la entrega del uranio enriquecido. La posición oficial de EEUU era «zero enrichment» — enriquecimiento cero, permanente, verificado. Se exigía la entrega de aproximadamente 440 kilogramos de uranio altamente enriquecido y el desmantelamiento total de las instalaciones de Natanz, Isfahan y Fordow.

El memorando de entendimiento que hoy se anuncia como victoria no menciona ninguna de las dos condiciones en su primera fase.

El tema nuclear queda diferido para una tercera etapa de negociación, después del cese formal de hostilidades y después de resolver el Estrecho de Ormuz. Es decir: después de que Irán haya recuperado el flujo de exportación de petróleo, haya descongelado activos, y haya consolidado su supervivencia institucional.

Israel tomó nota con sorpresa.

¿Logró Irán una tregua sin haber cedido todavía en lo esencial?

La propuesta iraní original era transparente en su lógica: terminar la guerra, levantar el bloqueo naval, liberar activos congelados, eliminar sanciones, establecer un mecanismo sobre el Estrecho — y solo entonces, en algún momento futuro, hablar de lo nuclear.

Washington resistió esa secuencia durante semanas. Luego la aceptó parcialmente, los detalles aún no se conocen .

Pero el  régimen sobrevive. La Guardia Revolucionaria recupera financiamiento. El programa nuclear, dañado pero no destruido podría reconstituirse gradualmente,   la capacidad  armamentística  dispone de tiempo para reconstituirse. Justo cuando el asfixiamiento económico estaba alcanzando niveles críticos, el acuerdo llega como oxígeno.

Hay dos consecuencias que solo esporádicamente  se mencionan en los análisis occidentales.

La primera afecta a la oposición iraní. Quienes salieron a las calles confiando en que esta vez el apoyo americano sería real quedan ahora expuestos a la represalia de un régimen que no cayó y que tiene memoria larga. Trump les prometió condiciones para el cambio. Les entregó un acuerdo que consolida a sus verdugos.

La segunda afecta a las mujeres iraníes. El hiyab obligatorio, las detenciones, los castigos — nada de eso figura en ningún punto del memorando.

“¿Negoció EEUU solamente estabilidad regional mientras dejaba intacto el sistema de control interno del régimen?”

Mientras Arabia Saudita hablaba en voz baja y miraba hacia otro lado, Emirates hizo lo que ningún otro país del Golfo se atrevió a hacer: combatir.

No fue una decisión voluntaria en el sentido diplomático del término. Irán la tomó por ellos. Entre febrero y abril de 2026, Teherán lanzó más de 3.000 misiles y drones contra territorio emiratí — más que contra cualquier otro país de la región salvo Israel. Hubo muertos civiles. Hubo daños reales. Las relaciones diplomáticas con Irán fueron cortadas el 1 de marzo.

Ante esa realidad, Emirates respondió. Según fuentes citadas por el Wall Street Journal, fuerzas emiratíes atacaron secretamente una refinería iraní en la isla de Lavan. La operación no fue reconocida públicamente — Abu Dhabi señaló simplemente sus declaraciones previas sobre el derecho a responder militarmente a ataques hostiles. Washington recibió la participación positivamente, precisamente porque ningún otro país del Golfo había estado dispuesto a asumir ese rol.

Emirates el gran olvidado de este acuerdo

Ahora, con el acuerdo en proceso, Abu Dhabi lee la misma señal que cualquier analista honesto: el paraguas americano que justificó cada decisión estratégica de la última década — los Acuerdos de Abraham, el distanciamiento de la Hermandad Musulmana, la exposición con Israel — es retractable.

“Un Estado pequeño e hiperexpuesto no puede permitirse esa incertidumbre…”

¿ Acaso  Trump, como  hábil negociador no sabe que  En política exterior las alianzas son o no son ?  ¿Que las  oscilaciones dan ventaja al adversario?

Durante años, muchos Estados árabes moderados tomaron decisiones estratégicas extremadamente sensibles bajo una premisa implícita: que Estados Unidos no abandonaría la región en el momento decisivo.

¿ Podría abandonar Trump  lo que pudo haber sido su mayor logro internacional ? 

La guerra comenzó como una operación conjunta. Israel y Estados Unidos coordinaron los ataques iniciales contra las instalaciones nucleares de Natanz, Isfahan y Fordow. Trump desplegó una fuerza bélica de envergadura. El mensaje implícito era claro: Israel era la primera línea de fuego, pero no estaba solo.  EEUU la potencia rectora estaba presente.

Hoy el memorando de entendimiento no menciona a Israel en ninguno de sus puntos.

¿Fue Netanyahu fue mantenido a distancia durante las negociaciones por conveniencia mutua ?

El mensaje público de Trump   «Netanyahu hará lo que yo diga»

¿Estaba  dirigido a Jerusalem o a Washington? 

Mientras un bloque  del Partido Republicano acusa  a Trump de estar subordinado al primer ministro israelí. Uno de sus exponentes Tucker Carlson, tiene más de 17,6 millones de seguidores en X

Hay una dimensión de este acuerdo que el análisis cotidiano no termina de articular.

Por primera vez en décadas, el programa nuclear iraní había sido golpeado militarmente de forma directa y significativa. Las instalaciones estaban dañadas. La economía estaba al borde del colapso. La Guardia Revolucionaria enfrentaba presión financiera real. El régimen negociaba desde una posición de debilidad estructural que no había tenido en generaciones.

Era la oportunidad de neutralizar una amenaza antes de que se volviera irreversible. No mediante una ocupación ni un cambio de régimen impuesto desde afuera — sino mediante condiciones que dejaran al programa nuclear iraní desmantelado, verificado, sin capacidad de reconstituirse rápidamente.

Con el acuerdo, Irán recupera liquidez, descongela activos. Los ayatolás utilizarán esta tregua para ganar tiempo y oxígeno para lograr sus objetivos. Es el mismo tiempo que históricamente han utilizado para reconstruir lo que perdieron, archivar lo que cedieron, y preparar la siguiente ronda.

Llamar a esto un acuerdo de paz es un error conceptual — o una operación de relaciones públicas. En el derecho islámico clásico existe el concepto de hudna: una tregua temporal, tácticamente conveniente, que no implica renuncia a los objetivos estratégicos. Irán ha practicado la hudna con precisión durante décadas.

¿Será una oportunidad perdida o un repliegue táctico?

Antes de cerrar un juicio definitivo, corresponde una advertencia: hoy todavía suponemos más de lo que sabemos.”

El acuerdo se firma cuando Irán está en su punto de mayor debilidad en décadas. El régimen sobrevive, sí — pero herido, con infraestructura dañada, con una economía que necesitará años para recuperarse y con una Guardia Revolucionaria que tardará tiempo en reconstituir su capacidad operativa real.

Pero también  se afloja la soga en el cuello en un momento clave, luego podría ser más costoso incluso en vidas humanas.

¿Habría sido más conveniente apoyar un gobierno de transición ?  Con fuerzas para reclutar a los iraníes o puestos al régimen ?

No obstante Un presidente  que firma este acuerdo hoy,  detiene una guerra costosa, recupera el control del relato doméstico y llega a las elecciones de medio término con una narrativa de paz lograda que el elector podría aceptar . Si Irán cumple, se anota una victoria diplomática. Si Irán incumple — como ha hecho históricamente con cada plazo y cada compromiso — Estados Unidos tendrá las manos completamente libres para actuar, esta vez con legitimidad internacional renovada y sin el desgaste de una guerra prolongada.

Hay un elemento adicional que no figura en ningún documento oficial pero que define la arquitectura real del acuerdo: Israel no está mencionado en el memorando, pero tampoco está restringido. Trump mantuvo a Netanyahu a distancia durante las negociaciones — quizás no para abandonarlo, sino para no atarlo. Mientras tanto, ratifica ante sus votantes que ambos países tienen como objetivo neutralizar el terrorismo, pero cada uno individualmente con la estrategia  más conveniente.

Si Irán recompone su programa nuclear en los próximos años, Israel tendrá tanto la legitimidad como la libertad de actuar. Y Trump lo sabe.

No sabemos qué tiene Trump bajo la manga. Quizás este acuerdo no es el final de la presión sobre Irán, sino una pausa táctica desde una posición de fuerza. La historia juzgará si fue prudencia estratégica o capitulación prematura. Por ahora, la duda merece ser nombrada.

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